Climent Casals-Pascual
Jefe de servicio de Microbiología en el Hospital Clínic de Barcelona, profesor asociado en la Universitat de Barcelona e investigador en ISGlobal Barcelona
El principal problema de los estudios de asociación de la microbiota con enfermedades concretas es que normalmente adolecen de un diseño adecuado para entender sus implicaciones clínicas o si los resultados son generalizables. Este estudio, sin embargo, presenta un diseño impecable (dentro de las limitaciones de los estudios observacionales) en el que no solo se describe una población sana y una población enferma (enfermos de párkinson), sino que estudian pacientes con una variante genética de alto riesgo de desarrollar la enfermedad (a medio camino entre los sanos y los enfermos) con un tamaño de muestra importante. De manera consistente, describen un subgrupo de bacterias con valor predictivo para el desarrollo de la enfermedad en sus fases iniciales y la validan en cohortes independientes de otras poblaciones con éxito. Las funciones metabólicas de estas bacterias permiten explicar o al menos, generar hipótesis plausibles, de cómo la enfermedad de Parkinson se inicia en el intestino y no en el cerebro años antes de desarrollar los síntomas neurológicos característicos del párkinson.
Los síntomas intestinales, como el estreñimiento, son característicos del intestino en el enfermo de párkinson, pero la disbiosis intestinal descrita parece anteceder en años el desarrollo de la enfermedad, por lo que las consecuencias del estudio son altamente significativas desde el punto de vista de desarrollar una intervención temprana, bien en forma de recomendaciones dietéticas en personas de alto riesgo como la posibilidad de reemplazar una microbiota dañada por una de sana, como por ejemplo, mediante el trasplante de microbiota fecal.
La firma microbiana identificada debe validarse prospectivamente, pero este artículo presenta, sin duda, unos resultados muy prometedores.