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Analía Bortolozzi

Científica titular en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB–CSIC), investigadora principal en el CIBERSAM y responsable del grupo de Neurofarmacología de Sistemas en el IDIBAPS–Fundació Clínic

Este estudio encaja y refuerza fuertemente el modelo del párkinson de ‘cuerpo primero’ (body-first), el cual sugiere que la enfermedad puede iniciarse con alteraciones en el sistema nervioso entérico y autónomo antes de propagarse al cerebro. Ya existía evidencia de cambios en el microbioma de pacientes con párkinson diagnosticado y en modelos animales. La gran aportación demostrada aquí es que un gran componente del microbioma (aproximadamente el 25 %) ya presenta alteraciones en personas con riesgo genético sin síntomas (GBA-NMC), mostrando un estado intermedio entre los controles sanos y los pacientes con la enfermedad del Parkinson.

Desde un punto de vista metodológico, este trabajo combina datos clínicos exhaustivos y metagenómica fecal de una cohorte principal de 464 personas y utiliza un análisis novedoso basado en la coherencia de la variación de la abundancia bacteriana entre los distintos grupos (evaluada mediante el delta de Cliff). Esto permite detectar cambios sutiles pero consistentes en una gran proporción del microbioma, en lugar de fijarse solo en variaciones extremas de unas pocas especies. Así, los investigadores han dado un paso más creando una herramienta basada en 16 especies bacterianas (PDMS-16), capaz de identificar individuos de la población general sana que presentan un perfil clínico más cercano al de los pacientes con párkinson. No menos importante, los hallazgos principales de este estudio no se limitaron a la cohorte original, sino que fueron validados en tres cohortes independientes y geográficamente diversas (Estados Unidos, Corea y Turquía), aportando una gran robustez a los resultados obtenidos.

Sin embargo, y tal como lo indican los propios autores, el diseño del estudio ha sido transversal (una fotografía en un momento dado) y se ha incluido un número reducido de personas con riesgo genético sin síntomas (43 individuos GBA-NMC), de modo que no se puede confirmar qué individuos en riesgo acabarán desarrollando verdaderamente la enfermedad. Se necesitan estudios longitudinales a lo largo del tiempo para confirmar la conversión al párkinson clínico.

Aunque se ha asociado con anterioridad alteraciones en el microbioma o trastornos digestivos con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson, se pueden extraer varias conclusiones muy relevantes de este trabajo que cambian la perspectiva de la enfermedad. Las alteraciones del microbioma intestinal evolucionan progresivamente con el desarrollo de la enfermedad y no son simplemente una respuesta al tratamiento farmacológico o a los síntomas tardíos del párkinson. Además, los cambios en ciertas especies bacterianas están fuertemente correlacionados con síntomas prodrómicos (aquellos que preceden en años a los síntomas motores), tales como disfunción autonómica, estreñimiento crónico, trastornos del sueño REM o depresión. Esto se observa tanto en personas con riesgo genético como en población ‘sana’ con alta vulnerabilidad en desarrollar la enfermedad. La conclusión principal es que el microbioma intestinal tiene el potencial real de servir como un marcador temprano no invasivo. Evaluar la composición del microbioma podría ayudar a identificar en la población general (con o sin riesgo genético conocido) a aquellos individuos que se encuentran en la fase premanifiesta y progresan hacia el párkinson, abriendo una ventana de oportunidad crucial para futuras terapias neuroprotectoras preventivas.

ES