Salvador Peiró
Epidemiólogo, investigador en el Área de Investigación en Servicios de Salud y Farmacoepidemiología de la Fundación para el fomento de la investigación sanitaria y biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO) y director de Gaceta Sanitaria, revista científica de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)
Los hantavirus no son un virus nuevo (se conocen desde los años 50, creo que desde la Guerra de Corea, y se identificaron en los años 70). No es un virus de transmisión comunitaria (nada que ver con la covid-19) y no se transmite entre personas (en alguna circunstancia podría pasar, pero muy difícil).
Es una zoonosis. Circula de forma habitual en ratones (y topillos y animales similares; son su reservorio natural) y puede infectar a los humanos cuando se inhalan partículas (usualmente polvo) contaminadas con sus orinas o heces.
Hay dos variantes. En Europa, lo más frecuente es el Puumala virus, un hantavirus que suele provocar cuadros con fiebre y afectación renal, raramente graves y que, en muchos casos, pasan desapercibidos. En Sudamérica la variante es más agresiva y provoca un síndrome cardiopulmonar con insuficiencia respiratoria rápida, hemorragias y una mortalidad significativa.
Es una zoonosis poco frecuente que habitualmente da algún caso aislado en zonas rurales (o excursionistas a zonas rurales). El brote en el crucero es llamativo por el contexto (un crucero con varios casos) y por la gravedad (sugiere el hantavirus de Sudamérica; también el origen del crucero).
Tantos pasajeros hacen pensar en una fuente de exposición común: bien antes de subir al barco (el hantavirus tarda 2-4 semanas entre contagio y síntomas) o bien en algún espacio del barco contaminado por excrementos de ratones.
No hay ningún riesgo general para la población donde vaya el barco. Los pasajeros tendrán que ser controlados durante el tiempo que puedan desarrollar síntomas (no por contagiar, sino por si enferman) y el barco tendrá que ser limpiado y desratizado.