Víctor Celemín Capaldi
Investigador del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo
¿Cuántos años tiene realmente nuestro cuerpo? El notable aumento de la esperanza de vida que ha experimentado la humanidad en el último siglo ha convertido al envejecimiento en el principal factor de riesgo de numerosas patologías como las enfermedades neurodegenerativas, las cardiovasculares o el cáncer. Así, el desarrollo de herramientas que permitan cuantificar el deterioro biológico del organismo y evaluar geroterapias que logren ralentizar algunos de los procesos biológicos asociados a la vejez podría tener un impacto decisivo en la prevención y el tratamiento de estas patologías.
Con este objetivo, más de 11.000 transcriptomas procedentes de muestras biológicas de tejidos de humanos, primates y roedores de distintas edades, han servido al grupo de Vadim Gladyshev, del Brigham and Women's Hospital y la Harvard Medical School, para construir los denominados ‘relojes de envejecimiento’: modelos matemáticos que permiten estimar la ‘edad biológica’ de un organismo, una medida del deterioro biológico acumulado que puede reflejar el estado de salud real mejor que los años trascurridos desde el nacimiento. Además, a diferencia de los conocidos ‘relojes epigenéticos’, basados en las modificaciones químicas del ADN que ocurren con el paso del tiempo, este estudio se basa en los cambios en la actividad de los genes, lo que proporciona una información más directa sobre el funcionamiento de las células y, en consecuencia, aporta un grado de información adicional de gran utilidad.
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que ciertas intervenciones —como la restricción calórica sin malnutrición o la administración controlada de algunos suplementos nutricionales —logran atenuar o incluso revertir parte de estos procesos biológicos asociados a la vejez. Además, el estudio destaca por su alta calidad técnica, sustentada en la gran escala y diversidad de los datos analizados, y demuestra el potencial científico y médico de los relojes de envejecimiento.
Su traslación a la clínica requerirá superar algunos obstáculos, como son los retos técnicos asociados al trabajo con ARN, una molécula más fácilmente degradable que el ADN y que exige, por tanto, protocolos más exigentes. En cualquier caso, este estudio representa una aportación sólida que refuerza la importancia de cuantificar el envejecimiento biológico y consolida el papel de los relojes de envejecimiento como herramientas de referencia en este campo.