Jorge Aguado
Psicólogo clínico en el Departamento de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Clínic e investigador IDIBAPS, Universidad de Barcelona
El estudio publicado en The BMJ se apoya en una base sólida, tanto por la trayectoria de los equipos que lo firman como por la calidad del sistema de registros sueco. Trabaja con una cohorte poblacional amplia y bien documentada, lo que le permite analizar la evolución de los diagnósticos de autismo con una consistencia difícil de obtener en otros países.
Si bien cuenta con limitaciones claras —entre ellas, que sus conclusiones solo pueden considerarse plenamente generalizables a la población sueca, que se basa en diagnósticos registrados (casos pasivos), lo que refleja, sobre todo, patrones de detección más que prevalencia verdadera; y que no incorpora comorbilidades que podrían influir en la edad del diagnóstico—, los resultados se mantienen en línea con la evidencia más reciente. En conjunto, los datos sugieren que la diferencia tradicional entre hombres y mujeres podría ser menos pronunciada de lo que se ha asumido históricamente. A medida que avanza la edad, los diagnósticos en mujeres aumentan de forma notable y la brecha entre sexos tiende a reducirse, lo que apunta a un componente importante de infraidentificación inicial.
En la infancia, muchas niñas presentan habilidades sociales más elaboradas, muestran menos conductas repetitivas y suelen tener mejor desarrollo lingüístico, todo lo cual puede atenuar o enmascarar los signos del autismo. Durante la pubertad, sin embargo, se observa en muchas de ellas una caída más marcada en su funcionamiento social, momento en el que las dificultades se hacen más visibles y, por tanto, más susceptibles de ser detectadas. A ello se suman expectativas sociales y sesgos en la práctica clínica y educativa que favorecen un reconocimiento más temprano en perfiles considerados típicos de varón.
En conjunto, estos hallazgos nos invitan a revisar y adaptar nuestras prácticas de detección y diagnóstico, y a ajustar también las intervenciones para asegurar una identificación más equitativa y un apoyo clínico y educativo más oportuno y eficaz en niñas y adolescentes.