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Eduard Vieta

Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM)

El estudio es interesante porque utiliza diversas técnicas de medida de actividad cerebral para observar los efectos de la psilocibina en sujetos sanos nunca expuestos a la sustancia y usa a los mismos sujetos como controles con una dosis mínima del psicodélico equivalente a un placebo. Por esto, no cabe duda de que los cambios cerebrales observados están directamente relacionados con la psilocibina.  

Independientemente de los méritos científicos del estudio sobre la función cerebral y fenómenos como la conciencia, medida a través de lo que los autores denominan entropía, que es una forma de reorganización de redes neuronales cerebrales, como psiquiatra hay dos conclusiones que me parecen muy importantes por sus implicaciones sobre el futuro uso de la psilocibina en pacientes depresivos graves: que los cambios cerebrales observados en voluntarios sanos están claramente asociados a la vivencia psicodélica, lo que apunta a esta como posible elemento clave de su capacidad de mejorar la depresión, y la larga duración del efecto (al menos un mes), que explicaría también, indirectamente, por qué esta sustancia tiene efectos antidepresivos a largo plazo sin necesidad de tomarla a diario. Obviamente, estos hallazgos requieren replicación, especialmente, en personas con depresión mayor.

ES