Rocío Barragán
Profesora ayudante doctora del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, e investigadora del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto Carlos III
¿El estudio es de buena calidad?
“Sí, se trata de un estudio de alta calidad metodológica, basado en una muestra muy amplia que incluye aproximadamente 232 millones de participantes de diferentes países y grupos de edad. El trabajo analiza la evolución temporal de la prevalencia de obesidad estandarizada por edad tanto en población adulta como infantil, lo que permite realizar comparaciones internacionales robustas.
Además, el estudio no solo evalúa la prevalencia de obesidad, sino también la velocidad de cambio de dicha prevalencia, aportando información relevante sobre la dinámica epidemiológica de la obesidad en distintas regiones del mundo. La amplitud de la base de datos y el uso de modelos estadísticos refuerzan la validez de los resultados”.
¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta?
“Además de las limitaciones señaladas por los autores, una de las principales limitaciones del estudio es la utilización del índice de masa corporal (IMC) como criterio diagnóstico de obesidad. Aunque el IMC es la herramienta más utilizada y recomendada por la OMS debido a su sencillez, reproducibilidad y estandarización, presenta limitaciones importantes en cuanto a validez clínica, ya que no diferencia entre masa grasa y masa muscular ni considera la distribución corporal de la grasa.
En relación con esto, existen diferencias étnicas en la relación entre IMC y riesgo cardiometabólico. Por ejemplo, en población asiática el riesgo asociado a obesidad puede aparecer con valores inferiores a 30 kg/m², por lo que utilizar un único punto de corte universal podría infraestimar la prevalencia real de obesidad en determinados grupos poblacionales”.
¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente?
“El análisis de las tendencias de obesidad tiene una enorme relevancia en salud pública, dado que esta enfermedad continúa siendo uno de los principales problemas sanitarios a nivel mundial. Los resultados del estudio muestran una importante heterogeneidad entre países, grupos de edad y sexos, lo que refuerza la necesidad de diseñar estrategias preventivas adaptadas a cada individuo.
El estudio es coherente con la evidencia previa que indica que la obesidad es la epidemia del siglo XXI. Sin embargo, estos datos muestran que, mediante políticas en salud sostenidas en el tiempo, la disminución e incluso la reversión de la obesidad pueden ser efectivas. No obstante, estas mejoras se centran en países desarrollados con un nivel económico mayor. Del mismo modo, dentro de un propio país, pese a la disminución observada, hay grupos más desfavorecidos, por lo que deben ser priorizados en las políticas de prevención y promoción de la salud”.
En España no solo se frena la tendencia en el aumento de la obesidad, sino que se revierte mínimamente y es uno de los pocos países donde ocurre. ¿A qué puede deberse?
“Aunque la prevalencia de sobrepeso y obesidad en España continúa siendo elevada, los datos del estudio sugieren una ligera reversión de la obesidad en los últimos años, que podría ser explicado por diversos factores.
Por un lado, España dispone de un sistema sanitario universal y de una estructura de salud pública que facilita el desarrollo de estrategias preventivas y campañas de promoción de hábitos saludables. Por otro lado, determinados factores socioculturales, como la adherencia parcial al patrón de dieta mediterránea, el mayor consumo de alimentos frescos y ciertos hábitos de vida propios del entorno mediterráneo, podrían contribuir a contener el aumento de la obesidad”.