Rocío Barragán

Rocío Barragán
Cargo

Profesora ayudante doctora del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, e investigadora del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto Carlos III

La obesidad se ha ralentizado en países de ingresos altos desde los años 90 y en España se ha estabilizado

Un análisis global con datos de más de 232 millones de personas revela que el aumento de la obesidad se ha ralentizado o estabilizado en algunos países de altos ingresos desde los años 90 en niños y adolescentes, y, una década después, en adultos. En España se observa esta estabilización o incluso una ligera disminución. En la mayoría de las regiones de ingresos bajos y medios la prevalencia de obesidad continúa creciendo y ya supera, en algunos casos, a la de las economías más desarrolladas. El estudio, publicado en Nature, incluyó 4.050 estudios que abarcaban de 1980 a 2024 de 200 países. 

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No cambiar la hora ni en verano ni en invierno en EEUU disminuiría los infartos cerebrales y la obesidad, según un estudio

Si en Estados Unidos no se cambiara la hora dos veces al año, habría una menor incidencia de obesidad y de accidentes cerebrovasculares. Es lo que concluye un estudio de la Universidad Stanford (EEUU) publicado en PNAS que comparó cómo tres políticas horarias diferentes —horario estándar permanente (de invierno), horario de verano permanente y cambio bianual— podían afectar a los ritmos circadianos y a la salud de la población. Al modelar la exposición a la luz, los impactos circadianos y las características de salud condado por condado, los investigadores estiman que el horario estándar permanente evitaría unos 300.000 casos de accidente cerebrovascular al año y reduciría en 2,6 millones el número de personas con obesidad, en comparación con el cambio bianual. El horario de verano permanente también sería positivo, aunque con un impacto menor.  

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