Aitor Nogales González
Científico titular del CSIC en el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)
Que un virus de gripe porcina infecte a personas no es algo excepcional. Muchos casos no llegan a detectarse porque no se realizan labores de vigilancia epidemiológica en ese sentido, mientras que otros pasan desapercibidos por ser asintomáticos o porque no se realizan pruebas específicas. Por lo general, estas infecciones son leves o incluso asintomáticas, o causan síntomas similares a los de una gripe común y, habitualmente, no se transmiten entre humanos o lo hacen con una eficiencia muy baja.
El virus responsable de la pandemia de 2009, la última pandemia de gripe hasta la fecha, era especialmente complejo, ya que combinaba segmentos genéticos de gripe porcina, aviar y humana. Se pudo rastrear su origen y se confirmó que el salto a humanos procedía de los cerdos. Sin embargo, era un virus que llevaba años recombinándose y evolucionando antes de emerger de forma masiva en humanos.
En cambio, en el caso actual, a la espera de la confirmación definitiva de los análisis y de las secuencias genéticas, los datos disponibles sugieren que se trata de una de las variantes de gripe porcina que circulan hoy en día. No hay indicios, por ahora, de que estemos ante un virus especialmente novedoso o con un comportamiento distinto al esperado. Por tanto, el riesgo para la población humana se considera bajo o muy bajo.