Sociedad Española de Neurociencia (SENC)
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Catedrático de Anatomía y Embriología de la Universidad del País Vasco, director científico fundador del Centro de Neurociencia Achúcarro de Bilbao y presidente de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC)
Jefe del Grupo de Neurofisiología Experimental en la Unidad de Investigación del Hospital Nacional de Parapléjicos, miembro del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), del Instituto de Investigación Sanitaria de Castilla-La Mancha (IDISCAM) y de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC)
Diferentes investigaciones han demostrado que el ejercicio beneficia al cerebro. Ahora, un equipo internacional ha estudiado en ratones de qué forma le afecta la actividad física y cómo esos cambios influyen en los efectos del ejercicio. La investigación, publicada en Neuron, ha comprobado que la actividad física provoca cambios cerebrales en una región del hipotálamo implicada en cómo usa el cuerpo la energía o en la regulación del azúcar en la sangre. Si bloqueaban esas neuronas justo después del ejercicio, los animales no mostraban una mejora de la resistencia ni del metabolismo con el entrenamiento. Los autores plantean que la activación de dichas neuronas puede ayudar al cuerpo a recuperarse más rápido, lo que permitiría que otras partes, como los músculos, los pulmones y el corazón se adapten más rápidamente a entrenamientos más intensos.
Diferentes investigaciones afirmaban que la pérdida de una extremidad provocaba una reorganización del ‘mapa corporal’ integrado en el cerebro: las regiones vecinas invadían y reutilizaban el área cerebral que anteriormente representaba la extremidad amputada. Pero un nuevo estudio refuta esta teoría. La representación cortical se mantiene estable incluso cuando el cuerpo sufre la pérdida de una extremidad. El equipo, que publica su estudio en Nature Neuroscience, analizó a tres personas que iban a sufrir la amputación de una de sus manos, estudiando por primera vez los mapas de la mano y la cara antes y después de la amputación, con un seguimiento de hasta cinco años. Incluso sin la mano, la región cerebral correspondiente se activaba de forma casi idéntica.