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Daniel Montoya

Profesor de investigación Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3)

El reciente estudio liderado por Marc Grünig y Rupert Seidl (Universidad Técnica de Múnich), con participación de entidades españolas (CREAF, Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, Universitat de Girona), indica que, bajo escenarios de altas emisiones, las perturbaciones forestales en Europa –especialmente incendios y plagas– podrían aumentar de forma muy notable a lo largo del siglo. Destaca que las proyecciones parten de un periodo reciente (2001-2020) ya muy afectado, lo que subraya la gravedad del resultado. No obstante, como ocurre con todos los estudios de modelización, conviene recordar que se trata de proyecciones basadas en escenarios climáticos, no de predicciones exactas. 

El hecho de que este estudio se publique en Science y que utilice los escenarios climáticos del IPCC indica que el trabajo ha pasado una revisión exigente y se apoya en marcos científicos sólidos. Aun así, los resultados dependen de los supuestos del modelo, por ejemplo, que la gestión forestal se mantenga sin grandes cambios. Es probable que los autores hayan tenido en cuenta múltiples factores (clima, estructura forestal, dinámica de plagas), pero siempre existen incertidumbres asociadas a la respuesta ecológica real, a la evolución socioeconómica y a posibles medidas de adaptación que podrían modificar las trayectorias previstas.   

Este trabajo encaja con una amplia evidencia previa que apunta a un aumento del riesgo de incendios y brotes de plagas de insectos en un clima más cálido y seco, especialmente, en la región mediterránea. Sus implicaciones son relevantes: un aumento de perturbaciones puede reducir la capacidad de los bosques para actuar como sumideros de carbono, afectar a la biodiversidad y generar impactos económicos. Al mismo tiempo, el estudio refuerza un mensaje importante para periodistas y responsables políticos: la magnitud del impacto depende en gran medida de las emisiones futuras y de la gestión forestal, lo que significa que aún hay margen de actuación para limitar los riesgos. 

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