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José V. (Pipo) Roces-Díaz

Profesor en la Universidad de Oviedo, investigador en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) del CSIC-Universidad de Oviedo

En las últimas décadas se han publicado cientos de trabajos científicos que analizan cómo el cambio climático de origen antrópico, y otros factores ligados al cambio global están alterando o pueden llegar a alterar, la composición, estructura y funcionamiento de los bosques. Aunque los efectos que se encuentran varían según la región, la escala espacial o temporal de análisis o el tipo de sistema estudiado, el mensaje de fondo es consistente: nos dirigimos hacia un futuro más variable e incierto. En ese contexto, los regímenes de perturbaciones, es decir, la frecuencia, intensidad y duración de fenómenos como incendios o las plagas forestales, están llamados a desempeñar un papel central en la transformación de los bosques europeos. 

Este artículo aborda esta cuestión con una ambición y un alcance poco habituales. Sus autores tratan de anticipar cómo podrían evolucionar algunas de las principales perturbaciones que afectan a los bosques europeos: incendios forestales, plagas y temporales de viento, a lo largo del siglo XXI. Sus resultados apuntan a incrementos significativos, aunque desiguales, en la superficie forestal sometida a perturbaciones más severas bajo tres escenarios climáticos diferentes (RCP 2.6, 4.5 y 8.5). Según sus predicciones, entre el 50 y el 70 % de las áreas con bosques mediterráneos, boreales y templados estarán sometidos a perturbaciones más severas. Las regiones mediterráneas parecen ser, a priori, las más afectadas, pero los resultados muestran que las zonas templadas y boreales tampoco quedarían al margen de estos cambios. De hecho, el aumento del área afectada por perturbaciones intensas se reproduce, con distinta magnitud, en los tres escenarios considerados. Además, los resultados muestran a los incendios forestales como la perturbación con un papel más destacado, entre las estudiadas, en el futuro de los bosques europeos. Si bien es prudente interpretar estas proyecciones con cautela, la coherencia y la magnitud de las tendencias que encuentran hacen difícil restarles importancia. 

Desde una perspectiva personal, considero especialmente relevantes los resultados relacionados con la demografía de los bosques europeos. El estudio sugiere que el incremento de las temperaturas y de las perturbaciones podría conducir a un continente con bosques, en promedio, más jóvenes. Este aspecto no es menor: la madurez de un bosque está estrechamente vinculada a muchos de los beneficios que la sociedad obtiene de él. Los bosques maduros, por ejemplo, albergan mayores niveles de biomasa y por tanto de carbono, pero también mayor complejidad estructural y sostienen niveles elevados de biodiversidad. Según sus resultados de este artículo, aumentos de temperatura en torno a +3 ºC conllevarían un incremento de ~18 % en la proporción de bosques jóvenes en la región Mediterránea, y del ~5 % en toda Europa. Si estas proyecciones se confirman, no solo estaríamos ante un cambio en la frecuencia de incendios o plagas, sino ante una transformación profunda en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas forestales europeos, y por extensión de los paisajes de los que forman parte, con implicaciones ecológicas y sociales de gran alcance. 

ES