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Juan José Hernández Rey

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Física Corpuscular (IFIC) de Valencia (Universitat de València-CSIC), coinvestigador principal del equipo de investigación de KM3NeT en el IFIC y colíder del Grupo VEGA del IFIC

Es un premio merecidísimo. El profesor Halzen, con quien hemos estado hace apenas dos semanas, no solo propuso la idea de utilizar el hielo antártico como medio natural para detectar neutrinos, sino que persiguió esta idea con una extraordinaria determinación, incluso cuando no estaba claro que un volumen de un kilómetro cúbico fuese suficiente para detectar los débiles flujos de neutrinos a esas energías. 

La ‘ventana’ al universo de los neutrinos astrofísicos de muy alta energía se ha ido abriendo de manera gradual: primero, con la detección de neutrinos procedentes de todas las direcciones, sin que fuese posible identificar sus fuentes; después, con la identificación de una señal transitoria procedente de una galaxia activa; más tarde, con la de una señal continua procedente de una galaxia cercana; y, finalmente, con la identificación de neutrinos procedentes de nuestra propia galaxia. 

Es, por tanto, una recompensa al liderazgo del profesor Halzen y a su determinación para superar una incontable sucesión de dificultades y hacer realidad la idea que él mismo había concebido. Es también un reconocimiento a la colaboración IceCube y a sus extraordinarios logros científicos, técnicos y logísticos y, finalmente, un espaldarazo a todo un campo: la astrofísica de neutrinos de muy alta energía. 

Más en detalle, el Nobel le ha sido concedido por el descubrimiento de los neutrinos astrofísicos de muy alta energía. La idea de que los neutrinos de muy alta energía producidos en fenómenos extremadamente energéticos del universo podían observarse utilizando grandes volúmenes naturales de agua se remonta a 1960. Sin embargo, la propuesta de utilizar el hielo antártico como medio de detección fue formulada por Francis Halzen y un colaborador en 1988. 

El profesor Halzen no se limitó a proponer la idea, sino que, con un extraordinario liderazgo y una gran perseverancia, trabajó durante más de dos décadas para hacerla realidad. En 2011, tras siete años de construcción, comenzó a funcionar IceCube (‘el cubo de hielo’), un detector que ocupa más de un kilómetro cúbico de hielo a más de 1500 metros de profundidad bajo la superficie de la Antártida. 

Dos años después, en 2013, IceCube realizó el primer descubrimiento de neutrinos de muy alta energía procedentes de fuentes astrofísicas situadas más allá de nuestra galaxia, aunque todavía no era posible identificar su procedencia. En 2018, se identificó por primera vez una fuente concreta: un blázar, una galaxia activa cuyo potente chorro de partículas apunta aproximadamente en dirección a la Tierra. En 2022, IceCube obtuvo evidencias de una emisión continua de neutrinos procedente de la galaxia espiral M77 (NGC 1068). Y un año después, en 2023, se confirmó que nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, también es una fuente de neutrinos de muy alta energía.

ES