Juan Lerma
Profesor de investigación del CSIC (Ad-honorem) en el Instituto de Neurociencias CSIC-UMH y miembro de la Real Academia de Ciencias de España
Este trabajo presenta un atlas transcriptómico a partir de núcleos individuales de la corteza prefrontal dorsolateral humana que abarca todo el ciclo vital, de 0 a 97 años, en muestras procedentes de 284 donantes. Esta zona de la corteza participa en funciones cognitivas clave, como la resolución de problemas, la planificación y la regulación emocional, y es de las más sensibles al deterioro asociado a la edad.
Este atlas revela que la expresión génica en las células de esta corteza sigue una trayectoria no lineal a lo largo de la vida, con cambios especialmente marcados durante el desarrollo temprano, incluyendo la gliogénesis, la remodelación sináptica y la apoptosis, seguidos de una estabilización durante la edad adulta y sirve para confirmar fehacientemente que a los 24 años de edad existe un punto de inflexión a partir del cual la composición de la mayoría de las subclases neuronales y gliales permanece estable, con algunas excepciones. Es decir, que la maduración de la corteza cerebral se extiende más allá de la infancia y la adolescencia, finalizando a los 24 años, que es donde podríamos dar por acabada la juventud y comienza el estado adulto. Esto es muy importante porque estos datos ponen de manifiesto hasta cuándo un individuo se puede considerar inmaduro y delinean las repercusiones que sistemas educativos deficientes, el acceso a redes sociales u otros sistemas alienantes (sectas, drogas, alcohol, etc.), pueden tener en el desarrollo del cerebro.
En resumen, el atlas provee, por una parte, los fundamentos para comprender ciertas transiciones de programas celulares que llevan de la resiliencia a la vulnerabilidad. De hecho, una de las trayectorias que define se puede interpretar como de resiliencia neuronal, porque muestra una expresión reducida de los genes asociados al riesgo de trastornos del neurodesarrollo, con un máximo alrededor de los 12–13 años. Esto sugiere que las alteraciones inducidas antes de esta ventana crítica podrían tener repercusiones funcionales a largo plazo.
Por otro lado, la definición de los distintos puntos de inflexión durante el desarrollo y el envejecimiento pueden representar ventanas de oportunidad para la intervención terapéutica, y orientan el diseño de estrategias para preservar la salud cerebral y reducir el deterioro cognitivo asociado a la edad.