Lluís Montoliu
Investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y en el CIBERER-ISCIII
La empresa Colossal Biosciences, de nombre tan espectacular como sus objetivos, acaba de compartir un nuevo desarrollo que, otra vez, nos lo comunica en forma de nota de prensa de la propia compañía, no a través de la vía habitual de publicar sus avances en un artículo científico. Colossal saltó a la fama en 2021 con la sorprendente propuesta inicial de George Church, promotor y fundador de la empresa, de desextinguir el mamut lanudo, un paquidermo desaparecido hace 4.000 años cuyos últimos ejemplares sobrevivieron en una isla del norte de Siberia. Entre los muchos retos que tal desextinción debía afrontar estaba el de la gestación de un embrión, de un feto de mamut. Imposible usar la especie evolutivamente más relacionada, el elefante asiático, con quien comparten un antepasado común que vivió hace unos 6 millones de años, demasiado alejado. No funcionaría. Por eso han apostado por la gestación extrauterina, por utilizar un útero artificial, una bolsa que permita alimentar y oxigenar al feto en desarrollo, cuyos primeros éxitos ya han sido reportados en la gestación de corderos, en una investigación encaminada a conseguir salvar niños prematuros de cada vez una edad gestacional más temprana. Lógicamente, para gestar una cría de mamut esta bolsa extrauterina tendrá que escalarse al tamaño necesario. Este desarrollo todavía no está disponible, pero Colossal está en estos momentos ocupada incorporando las más de 500.000 variantes genéticas del genoma del mamut en el genoma de células de un elefante asiático mediante herramientas CRISPR de edición genética. Seguramente no necesitarán el útero artificial hasta dentro de algún tiempo.
Para desextinguir aves el reto es distinto. Las aves se desarrollan externamente, dentro de huevos, y algunas de estas aves que quieren devolver a la vida, como el a gigante de la isla Sur, no tienen hoy en día una especie similar o compatible capaz de producir huevos del tamaño necesario (80 veces el volumen de un huevo de gallina, con una longitud de hasta 24 centímetros). El moa gigante fue un ave no voladora que habitó la isla sur de Nueva Zelanda, medía casi 4 metros y pesaba más de 230 kilos. Se extinguió a mediados del siglo XV, tras la llegada de los maoríes de la Polinesia, que lo cazaron hasta su desaparición. Colossal se ha propuesto desextinguir el moa gigante y para ello ahora informa, en una nota de prensa, del avance biotecnológico que han logrado sus investigadores. Han desarrollado una plataforma de incubación, un huevo artificial, de tamaño escalable, protegido por una membrana transparente que permite ver el desarrollo del embrión y que posibilita el necesario intercambio gaseoso y la oxigenación adecuada del embrión en desarrollo. Las pruebas las han realizado, con éxito, con embriones de pollo, que han completado su desarrollo hasta eclosionar, hasta abandonar este huevo artificial y nacer con normalidad.
Colossal está demostrando que es una empresa biotecnológica singular, con retos que parecerían imposibles para cualquier otra compañía. Sin embargo, en Colossal plantean retos que requieren el desarrollo de tecnologías y dispositivos que no existen, como el útero artificial para gestar un posible feto de mamut lanudo o, ahora, el huevo artificial para que se desarrollen los embriones de aves que sean capaces de generar, de especies que, como el moa gigante, dejaron de existir hace más de cinco siglos, o el dodo, extinguido también por culpa de los humanos en el siglo XVII. Ya demostraron su destreza incorporando múltiples ediciones genéticas mediante CRISPR al incluir siete modificaciones descubiertas en el genoma del mamut para generar unos fascinantes ratones lanudos, o hasta 14 genes editados para modificar el núcleo de una célula de lobo gris y producir unos animales con características similares a las que debieron tener los lobos blancos gigantes norteamericanos, extinguidos hace 13.500 años.