La empresa Colossal dice que ha creado un sistema de huevo artificial que permitiría incubar embriones de aves extintas
La empresa estadounidense Colossal Biosciences afirma que ha conseguido incubar un ave en un sistema de huevo artificial hasta su eclosión. En una nota de prensa, la empresa dice que esta tecnología permite el desarrollo completo de un embrión aviar fuera de la cáscara de un huevo biológico, y podría ser usado para desextinguir especies de aves como el moa gigante de la isla Sur de Nueva Zelanda.
El dispositivo desarrollado por la empresa. Crédito: Colossal Biosciences
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Carles Lalueza-Fox
Director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y especialista en técnicas de recuperación de ADN en restos del pasado
La compañía privada Colossal ha sido capaz de desarrollar un huevo artificial, algo de lo que no había precedentes comparables. El mayor avance consiste en la permeabilidad de la membrana, que permite el paso de gases (oxígeno y dióxido de carbono). Colossal quiere recuperar un ave extinta de Nueva Zelanda, el moa, pero sus huevos eran 80 veces más grandes que el de las gallinas y unas ocho veces más grandes que los del emú; algunas especies de moas medían más de tres metros y medio de altura y podían llegar a pesar 250 kilogramos. Esto significa que no podían emplear ninguna ave actual como madre subrogada y por esto han apostado por desarrollar una tecnología propia de sistema de incubación artificial. Probablemente lo más operativo será emplear gallinas como incubadoras en los primeros estadios del desarrollo para después transferir los embriones a los huevos artificiales, que pueden dimensionarse según necesidades. Probablemente este aumento de dimensiones hasta un embrión de gran tamaño requerirá más investigación para que el sistema sea escalable.
Naturalmente podría emplearse para desextinguir otras aves, como la cotorra de Carolina, de la cual obtuve el genoma por primera vez hace seis años. En aquel momento, la dificultad de manipular los genes de aves debido a su estrategia ovípara las descartaba totalmente para cualquier empresa de desextinción y, en realidad, nunca han podido clonarse aves por el mismo motivo (y han pasado 30 años desde la clonación del primer mamífero).
Pero, además, este huevo artificial puede tener otros usos en biotecnología y biomedicina. Por ejemplo, se están empleando gallinas transgénicas para producir proteínas con funciones terapéuticas en la clara de los huevos. Con este sistema, si puede escalarse, la producción sería más eficiente.
Naturalmente siguen persistiendo cuestiones de tipo ético en los objetivos finales de Colossal, y es lícito que nos preguntemos si tiene sentido ecológico rediseñar genéticamente algunas aves actuales para que se parezcan superficialmente a los moas, y qué destino les aguardaría a dichos animales. ¿Los liberaríamos en la isla Sur de Nueva Zelanda? Como en otros ejemplos publicitados por la misma compañía —baste recordar el mamut o el lobo gigante— hay una mezcla bastante sorprendente de avances científicos y de publicidad que puede calificarse de engañosa, que trasciende el ámbito científico y que debe interpretarse siempre en el contexto de los intereses empresariales de una compañía privada.
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Louise Johnson
Bióloga evolutiva de la Universidad de Reading (Reino Unido)
Mi opinión es que, a menos que haya un artículo revisado por pares, más me vale dar mi opinión experta sobre un anuncio de YouTube.
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Lluís Montoliu
Investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y en el CIBERER-ISCIII
La empresa Colossal Biosciences, de nombre tan espectacular como sus objetivos, acaba de compartir un nuevo desarrollo que, otra vez, nos lo comunica en forma de nota de prensa de la propia compañía, no a través de la vía habitual de publicar sus avances en un artículo científico. Colossal saltó a la fama en 2021 con la sorprendente propuesta inicial de George Church, promotor y fundador de la empresa, de desextinguir el mamut lanudo, un paquidermo desaparecido hace 4.000 años cuyos últimos ejemplares sobrevivieron en una isla del norte de Siberia. Entre los muchos retos que tal desextinción debía afrontar estaba el de la gestación de un embrión, de un feto de mamut. Imposible usar la especie evolutivamente más relacionada, el elefante asiático, con quien comparten un antepasado común que vivió hace unos 6 millones de años, demasiado alejado. No funcionaría. Por eso han apostado por la gestación extrauterina, por utilizar un útero artificial, una bolsa que permita alimentar y oxigenar al feto en desarrollo, cuyos primeros éxitos ya han sido reportados en la gestación de corderos, en una investigación encaminada a conseguir salvar niños prematuros de cada vez una edad gestacional más temprana. Lógicamente, para gestar una cría de mamut esta bolsa extrauterina tendrá que escalarse al tamaño necesario. Este desarrollo todavía no está disponible, pero Colossal está en estos momentos ocupada incorporando las más de 500.000 variantes genéticas del genoma del mamut en el genoma de células de un elefante asiático mediante herramientas CRISPR de edición genética. Seguramente no necesitarán el útero artificial hasta dentro de algún tiempo.
Para desextinguir aves el reto es distinto. Las aves se desarrollan externamente, dentro de huevos, y algunas de estas aves que quieren devolver a la vida, como el a gigante de la isla Sur, no tienen hoy en día una especie similar o compatible capaz de producir huevos del tamaño necesario (80 veces el volumen de un huevo de gallina, con una longitud de hasta 24 centímetros). El moa gigante fue un ave no voladora que habitó la isla sur de Nueva Zelanda, medía casi 4 metros y pesaba más de 230 kilos. Se extinguió a mediados del siglo XV, tras la llegada de los maoríes de la Polinesia, que lo cazaron hasta su desaparición. Colossal se ha propuesto desextinguir el moa gigante y para ello ahora informa, en una nota de prensa, del avance biotecnológico que han logrado sus investigadores. Han desarrollado una plataforma de incubación, un huevo artificial, de tamaño escalable, protegido por una membrana transparente que permite ver el desarrollo del embrión y que posibilita el necesario intercambio gaseoso y la oxigenación adecuada del embrión en desarrollo. Las pruebas las han realizado, con éxito, con embriones de pollo, que han completado su desarrollo hasta eclosionar, hasta abandonar este huevo artificial y nacer con normalidad.
Colossal está demostrando que es una empresa biotecnológica singular, con retos que parecerían imposibles para cualquier otra compañía. Sin embargo, en Colossal plantean retos que requieren el desarrollo de tecnologías y dispositivos que no existen, como el útero artificial para gestar un posible feto de mamut lanudo o, ahora, el huevo artificial para que se desarrollen los embriones de aves que sean capaces de generar, de especies que, como el moa gigante, dejaron de existir hace más de cinco siglos, o el dodo, extinguido también por culpa de los humanos en el siglo XVII. Ya demostraron su destreza incorporando múltiples ediciones genéticas mediante CRISPR al incluir siete modificaciones descubiertas en el genoma del mamut para generar unos fascinantes ratones lanudos, o hasta 14 genes editados para modificar el núcleo de una célula de lobo gris y producir unos animales con características similares a las que debieron tener los lobos blancos gigantes norteamericanos, extinguidos hace 13.500 años.