AZTI
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Investigador principal en el área de Gestión Ambiental de Mares y Costas de AZTI y editor jefe de la revista Frontiers in Ocean Sustainability
Investigadora principal de funcionamiento de los ecosistemas marinos en AZTI
Dos servicios de Copernicus confirman de manera independiente que las temperaturas globales de la superficie marina han batido récords para esta época del año. Los datos diarios del Servicio de Cambio Climático de Copernicus superaron los niveles de 2024 el 21 de junio, con 20,86 ºC, por encima de los 20,83 ºC de 2023 y 2024. Los del Servicio de Vigilancia Marina de Copernicus indican temperaturas de 21,0 °C el 21 de junio, superando los récords de 2023 y 2024 en 0,1 °C. Este calentamiento sin precedentes se relaciona con el inicio de El Niño (anunciado por la OMM y declarado por la NOAA el 11 de junio) y con las temperaturas récord de la superficie del mar en el Pacífico norte; y se prevén consecuencias para los patrones meteorológicos, el clima global y los ecosistemas marinos.
La cianobacteria Prochlorococcus, el organismo fotosintético más pequeño y abundante de la Tierra, es un importante productor de oxígeno y resulta crucial para los ecosistemas marinos. Un equipo de Estados Unidos ha recopilado durante diez años datos procedentes de barcos que navegan por el océano Pacífico y ha concluido que estas cianobacterias podrían experimentar reducciones de sus poblaciones de entre un 17 y un 51 % en los océanos tropicales para el año 2100, según el escenario de calentamiento. Los resultados, fruto de un trabajo de modelización, se publican en la revista Nature Microbiology e indican que este microorganismo es más vulnerable al cambio climático de lo que se pensaba.
La mayoría de las investigaciones han estudiado las olas de calor marinas en la superficie del mar. Ahora, un estudio publicado en Nature Climate Change analiza los efectos de estos fenómenos en profundidades de hasta 2.000 metros. La investigación, elaborada con datos de olas ocurridas entre 1993 y 2019, muestra que estas suelen ser más intensas entre los 50 y 200 metros, y que su duración aumenta hasta el doble con la profundidad en comparación con la superficie, lo que repercute en la fauna marina que habita en esa zona.
Pasado el plazo marcado y después de dos noches maratonianas de reuniones, las delegaciones de los Estados miembros de la ONU han conseguido llegar a un acuerdo para que el conocido como Tratado de los Océanos –o Tratado BBNJ, Biodiversity Beyond National Jurisdiction– sea una realidad. La ciudad de Nueva York ha visto cómo el quinto período de sesiones de esta conferencia daba sus frutos con un acuerdo en cuanto a la formulación del texto, diecisiete años después de que empezaran las conversaciones y con el frenazo de las negociaciones el pasado mes de agosto ante la falta de acuerdo. El Tratado persigue proteger y regular el uso de las áreas situadas fuera de las jurisdicciones nacionales, que representan más del 60 % de los océanos, lo que equivale a casi la mitad del planeta. Los recursos genéticos marinos y cómo repartir esos beneficios han sido uno de los principales escollos.