Los errores más comunes al trabajar con estudios científicos y cómo evitarlos

Ni todos los estudios son revolucionarios ni todos los investigadores están libres de conflictos de intereses. Este decálogo de errores frecuentes intenta ayudar a escribir sobre ciencia con rigor y, sobre todo, poniendo por delante al público.

23/03/2022 - 13:15 CEST
 
Estudios científicos

Los estudios se componen de experimentos cuyo diseño siempre tiene fortalezas y debilidades. / Adobestock.

1. No dejar claro desde el principio el sujeto de estudio

Los estudios se componen de experimentos cuyo diseño siempre tiene fortalezas y debilidades. Una de las primeras cuestiones que debemos tener en cuenta es quién es el sujeto analizado en el artículo. ¿Está hecho con animales? ¿Una encuesta a universitarios? ¿Un modelo matemático? ¿Un experimento in vitro con células? ¿Es un ensayo clínico? Si lo es, ¿en qué fase se encuentra?

Por ejemplo, un estudio podría encontrar que el zumo de naranja elimina el SARS-CoV-2, pero si se ha hecho con un cultivo de células en condiciones de laboratorio, es importante dejar claro que, por ahora, no se trata de una terapia con aplicación clínica.

 2. Confundir correlación con causalidad

Las conclusiones de un estudio muchas veces presentan una correlación entre variables, pero esta asociación no implica que exista causalidad entre ambas. Aunque los papers suelen dejar esto claro, los autores no siempre lo comunican bien ni se refleja luego en los artículos periodísticos.

Por ejemplo, un estudio podría concluir que los votantes de un determinado partido son más propensos al sobrepeso. Esto no quiere decir que ganar peso nos empuje a votar a ese partido, ni que votarlo nos vaya a engordar.

3. Hacer extrapolaciones imposibles

Todo estudio científico intenta contestar una o varias preguntas concretas, pero eso no significa que pueda responder otras que vayan más allá del objeto de la investigación.

Por ejemplo, que un nuevo fármaco funcione con ratones no implica que luego lo haga en seres humanos. Que una encuesta muestre unos resultados en estudiantes de una universidad de Estados Unidos no significa que estos fueran idénticos si se hiciera al conjunto de la población española.

 4. Ignorar las limitaciones del estudio

Todos los estudios tienen limitaciones y la mayoría señalan parte de ellas en el propio texto. En ocasiones estas limitaciones pueden invalidar las conclusiones del trabajo u obligar a una mayor cautela a la hora de comunicar sus resultados. Es importante buscarlas en el paper y hablar con investigadores independientes que puedan subrayar cualquier limitación o problema que tenga el trabajo.

 5. Reproducir las notas de prensa sin ojo crítico

Una misión de los gabinetes de comunicación de universidades, centros de investigación y empresas es informar a la sociedad sobre el trabajo de su personal investigador a través de impactos en los medios. Para ello, envían notas de prensa que resumen los artículos y facilitan que los periodistas los tengan en cuenta como material para sus informaciones. En ocasiones, los titulares de las notas de prensa son tan atractivos como los de cualquier medio de comunicación; el problema es que, al igual que los medios, también pueden caer en el clickbait, obviar el contexto de las informaciones u omitir las limitaciones de los trabajos. Los periodistas científicos también deben leer las notas de prensa de forma crítica.

 6. Justificar cualquier afirmación con la frase “según un estudio” 

A una redacción de ciencia llegan cientos de notas de prensa diarias sobre resultados de investigación. Parte del trabajo de los periodistas de ciencia consiste en ser ‘seleccionadores’ de la información sobre ciencia que llega al gran público. Y hay que tener cuidado: un estudio aislado no es la verdad ni tiene por qué serla. La revisión por pares no es un certificado de calidad ni de irrefutabilidad. Es un indicador de que los editores de la revista y los revisores consideran que los resultados merecen ser publicados en una revista concreta y discutidos por la comunidad académica. Ni más, ni menos.   

7. Creer con demasiada rapidez que el estudio es “revolucionario”

El consenso en ciencia es algo complicado que se va fraguando lentamente a través de años y décadas de investigación. Es infrecuente que un único artículo tumbe décadas de evidencias, de modo que ante el anuncio de un descubrimiento rupturista o groundbreaking, una buena práctica será contrastar si realmente lo es. También debemos tener precaución al afirmar que algo se ha logrado “por primera vez”. Posiblemente así sea, pero conviene consultar la literatura científica anterior para asegurarse.

8. No tener cuidado con los preprints y los congresos

En ambos casos, se trata de resultados de la ciencia que aún no han pasado por la revisión por pares, es decir, que sus conclusiones aún no han sido validadas por el resto de la comunidad científica. En consecuencia, a la hora de informar sobre ellos, con más razón el periodista deberá contrastarlos con fuentes independientes y, además, dejar claro que no han sido revisados por pares. 

9. Ignorar los conflictos de interés

Todos podemos tener conflictos de interés relacionados con nuestro trabajo; a los científicos les pasa lo mismo y por eso en ciencia se deben declarar este tipo de conflictos. Esto no implica que una fuente no sea confiable, simplemente, es necesario tenerlo en cuenta para sopesar sus opiniones acerca del tema tratado. 

10. Escribir para tus fuentes y no para tu público

Este es un error clásico, sobre todo cuando se empieza a ejercer el periodismo de ciencia. A veces, al informar sobre temas muy complejos, se corre el riesgo de mantener una cercanía tan intensa con las fuentes científicas que nos olvidamos de para quién escribimos: para el público, que ni tiene obligación de interesarse por la ciencia, ni se está preparando para un examen. 

Al hacer información compleja para un público no experto es importante tener en mente esta regla: cuanto más exhaustivo, menos claro. Si redactamos una noticia con todos los detalles de la investigación, seguro que complaceremos al científico que nos ha ayudado en el artículo, pero nuestro público huirá a otra parte. Y, mientras que los lectores tienen derecho a abandonar la página si nuestras informaciones no les interesan, un periodista no tiene derecho a ahuyentar a los lectores.

Por eso, conviene recordar el ‘mandamiento’ de Tim Radford en A manifesto for the simple scribe – my 25 commandments for journalists. The Guardian: “No escribes para impresionar al científico, ni a tu antiguo profesor, ni al editor, ni a ese que conociste en una fiesta. Ni a tu madre. Escribes para impresionar a alguien que va en el metro y puede dejar de leerte en la quinta fracción de un segundo antes de darte una oportunidad”.

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