Desarrollan un indicador que mide la huella de contaminación plástica de los objetos
Un equipo propone un indicador llamado huella de partículas de plástico (PPF, por sus siglas en inglés) para medir el impacto medioambiental de los microplásticos y nanoplásticos de los productos. En un artículo publicado en Science Advances, los autores aplican este cálculo a cuatro objetos cotidianos y afirman que calcular esta huella puede “cambiar radicalmente la elección del mejor material”. Por ejemplo, una camiseta de poliéster y otra de algodón tienen una huella de carbono similar, pero el PPF de la primera es mayor que el de la prenda de algodón.
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Carmen Morales
Profesora contratada en la Universidad de Cádiz, investigadora en el Instituto de Investigación Marina (INMAR) y de la Scientists Coalition for an Effective Plastics Treaty
Este estudio resulta especialmente interesante porque amplía la forma en la que entendemos la sostenibilidad de materiales y productos. Tradicionalmente, la huella de carbono ha sido el principal indicador utilizado para comparar alternativas más sostenibles. Sin embargo, este trabajo introduce una nueva dimensión, la plastic particle footprint (PPF), que permite evaluar el peso que el uso de objetos plásticos tiene en términos de generación de micro y nanoplásticos a lo largo de su ciclo de vida. De este modo, aporta una perspectiva complementaria al análisis convencional, mostrando una parte menos visible pero relevante del impacto ambiental asociado al plástico.
Uno de los aspectos más destacables es cómo esta nueva dimensión puede modificar la interpretación de qué opciones son más sostenibles. En algunos casos, materiales o soluciones que presentan una menor huella de carbono (por ejemplo, debido a la reducción de peso en el transporte) pueden implicar una mayor contribución a la contaminación por plásticos. Esto pone de manifiesto la necesidad de considerar el ciclo de vida completo de los productos y sus distintas externalidades. Además, el estudio refuerza la idea de que el proceso de fragmentación del plástico comienza desde su producción y uso, y que el reciclaje actual no es suficiente para cerrar el ciclo, acumulándose un ‘reservorio’ de contaminación futura.
No obstante, aunque el enfoque supone un avance importante, todavía quedan dimensiones por integrar, como el papel de las sustancias químicas asociadas a los plásticos y sus posibles efectos sobre la salud humana, los organismos y los ecosistemas. En este contexto, el trabajo subraya una recomendación clave: más allá de optimizar materiales o mejorar el reciclaje, la reducción en el uso de plásticos sigue siendo una de las estrategias más efectivas para minimizar su impacto ambiental a largo plazo.
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Roberto Rosal
Catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá
En este artículo, los autores proponen un nuevo indicador para medir la contaminación por partículas plásticas, microplásticos y nanoplásticos, denominado huella de partículas de plástico (plastic particle footprint, PPF). El principio subyacente es que todo el peso de un plástico se convertirá, tarde o temprano, en partículas persistentes, a menos que sea destruido molecularmente mediante procesos como la incineración. Los autores comparan los resultados de esta aproximación con la huella de carbono y concluyen que, aunque determinados objetos de plástico puedan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, deberían de resultar penalizados porque generan una contaminación por partículas persistentes que no existe en alternativas como la madera o el algodón.
La justificación de la aproximación radica en que determinar las tasas reales de fragmentación de los plásticos y su impacto en el medio ambiente y la salud humana es, en esencia, inabordable dado el estado actual del conocimiento científico. Como alternativa, los autores aplican el principio de precaución, asumiendo que todo el plástico se fragmenta hasta llegar a nanoplásticos y que todo lo que se fragmenta representa un peligro, salvo prueba en contrario, incluyendo la totalidad de los plásticos depositados en vertederos. La consideración del flujo potencial máximo de partículas contaminantes constituye una aportación interesante que puede ayudar a matizar decisiones que, de otro modo, podrían subestimar el impacto ambiental de los plásticos a largo plazo. No obstante, dado el carácter muy simplificado de las estimaciones que implica, podría conducir a importantes sobreestimaciones, por lo que se trata de un cálculo que debe tomarse con precaución.