Pequeñas pausas en cada hora de sedentarismo se relacionan con una reducción del riesgo de muerte por cáncer

Según un estudio observacional, del que no se puede inferir causalidad, cada hora adicional al día de comportamiento sedentario se asocia con un aumento del 10 % en el riesgo de morir por cáncer. El vínculo no solo depende del tiempo total de sedentarismo, sino también de su distribución: si la hora de inactividad se interrumpe, se reduce un 19 % ese riesgo. Además, sustituir una hora de comportamiento sedentario por actividad física ligera reduce un 12% el riesgo. El trabajo, publicado en PLOS Medicine, incluyó casi 91.300 participantes del Biobanco del Reino Unido a los que monitorizaron durante siete días mediante un acelerómetro y se les realizó un seguimiento durante una mediana de 12,38 años. 
Reacciones

2026 07 02 sedentarismo Nabil Djouder

Nabil Djouder

Jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)

Science Media Centre España

Se trata de un estudio de buena calidad metodológica dentro de lo que permite la epidemiología observacional: incluye una cohorte muy amplia (más de 91.000 participantes) con un seguimiento prolongado (mediana >12 años) y, sobre todo, utiliza medidas objetivas de actividad mediante acelerometría, lo que reduce el sesgo de recuerdo habitual en este campo. Además, aporta un elemento novedoso relevante: no solo analiza cuánto tiempo se pasa sentado, sino cómo se acumula (periodos prolongados frente a interrumpidos), mostrando asociaciones consistentes entre el sedentarismo continuado y un mayor riesgo de incidencia y mortalidad por cáncer, mientras que interrumpirlo, o sustituirlo incluso por actividad ligera, se asocia a menor riesgo. En este sentido, encaja bien con la evidencia previa y la amplía, reforzando la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual.  

No obstante, las limitaciones son importantes y deben subrayarse: es un estudio observacional sin mecanismos moleculares (no establece causalidad), con posible confusión residual y sesgo de voluntarios sanos del UK Biobank, y la actividad física se midió solo durante siete días, lo que puede no reflejar los hábitos a largo plazo. Además, no se conoce el contexto del sedentarismo (trabajo, ocio, etc.), lo que podría modificar el riesgo.  

En cuanto a implicaciones, el trabajo matiza las corrientes actuales centradas en ejercicio vigoroso: confirma que este tiene un efecto protector potente, pero subraya que cambios más modestos y factibles, como levantarse o moverse más a menudo, también son relevantes. En términos clínicos, aún no hay evidencia suficiente para recomendar el ejercicio como tratamiento específico de prevención del cáncer en sentido estricto, pero sí hay un cuerpo creciente de evidencia consistente para considerarlo un componente clave de la prevención poblacional, especialmente si se combina con la reducción del tiempo sedentario.

No declara conflicto de interés
ES

2026 07 02 sedentarismo María Carmen Gómez Cabrera

María Carmen Gómez Cabrera

Catedrática del Departamento de Fisiología de la Universitat de València

Science Media Centre España

Este estudio refuerza la evidencia observacional de que no solo importa cuánto ejercicio realizamos, sino también cuánto tiempo permanecemos sentados de forma ininterrumpida. Su principal aportación es desplazar el foco hacia patrones cotidianos de movimiento, mostrando que pequeñas interrupciones del sedentarismo podrían tener relevancia biológica. No obstante, conviene distinguir entre asociación y causalidad. Este trabajo es observacional y la actividad se midió únicamente durante siete días, por lo que no permite establecer relaciones causales.   

En este contexto, resulta especialmente relevante que ensayos aleatorizados recientes, como el estudio CHALLENGE publicado en NEJM, sí hayan demostrado que programas estructurados de ejercicio tras el tratamiento del cáncer de colon mejoran supervivencia y reducen recurrencia. En conjunto, la evidencia actual sugiere que ejercicio y reducción del sedentarismo deben considerarse componentes complementarios dentro de la prevención y el abordaje oncológico.

Declara no tener conflicto de interés
ES

2026 07 02 sedentarismo Alejandro Pérez Fidalgo

Alejandro Pérez Fidalgo

Médico del servicio de Oncología y Hematología del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia (INCLIVA), Hospital Clínico Universitario de Valencia y miembro de los grupos de trabajos Largos Supervivientes y de Adolescentes y Adultos Jóvenes de la Sociedad Española de Oncología Médica

Science Media Centre España

¿El estudio es de buena calidad?  

“Este estudio evalúa el impacto del ejercicio físico, o más bien del sedentarismo, en la incidencia de aparición de cáncer en un grupo de voluntarios. Para ello, un grupo de personas se sometieron a una monitorización exhaustiva de su actividad física durante siete días y luego fueron seguidos durante años para ver si éstos presentaban algún tipo de cáncer. Los voluntarios fueron agrupados según el número de horas de sedentarismo que tenían de media durante un periodo de 24 horas. El estudio tiene varios aspectos de calidad. En primer lugar, incluyó una cohorte muy numerosa de voluntarios/as, con un total de 91.292 participantes todos ellos del Reino Unido. En segundo lugar, el tiempo de seguimiento: estos voluntarios fueron seguidos durante 12,38 años (con un rango de 11,56–13,15 años)”. 

 ¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta? Me sale mencionar que la actividad se midió solo durante siete días.  

“Efectivamente hay varios aspectos a destacar como limitación, el primero es este, la actividad solo se monitorizó durante siete días. Lo que hicieran de actividad en esa semana categorizaba al voluntario/a en uno u otro grupo, se basa en que habitualmente todos solemos mantener el mismo nivel de actividad de forma crónica durante años, pero en un porcentaje esto no es así. Las personas pueden modificar su actividad física con cambios en su vida, por lo que la generalización de la actividad de esos siete días es una debilidad.  
El estudio por otro lado se realiza solo en el Reino Unido, por lo que estos resultados quizás no serían tan extrapolables a países con una dieta mediterránea que tiene un efecto más protector frente al cáncer.  

Otra limitación es el hecho de que habitualmente los voluntarios sanos son personas con un mejor estado de salud y tienden a tener un mayor nivel cultural (de hecho, más del 50 % eran universitarios o habían hecho los A-levels, es decir la PAU británica), esto puede hacer que tengan un mayor nivel de actividad física que la media. Un aspecto para destacar es que entre los más y los menos sedentarios hay diferencias, pero mínimas, en términos de tabaquismo o en la dieta que consumen. Normalmente, sería esperable que el sedentarismo estuviera ligado a cambios dietéticos o de mayor consumo de tabaco y alcohol. Este aspecto hace que, en el estudio, el efecto del sedentarismo como tal no se vea influenciado por estas otras variables, pero llama la atención sobre la posible selección de los participantes.  
Finalmente, una limitación importante es que no se conoce cuál fue el motivo de ese sedentarismo identificado en la monitorización, si las horas sentado fue por motivo laboral o sencillamente por estar viendo la televisión en el sofá o por estar sentado conduciendo un vehículo muchas horas”. 

 ¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente? 

“La verdad es que los resultados son bastante interesantes. El sedentarismo en periodos prolongados (sin interrupciones para hacer otra actividad) ha demostrado que aumenta hasta en un 10 % el riesgo de cáncer, cuando se compara con los que hacen más actividad física. Pero es que el grupo de sedentarismo interrumpido ya reducía el riesgo frente a los que se pasaban horas sentados o acostados estando despiertos. Esto vuelve a poner sobre la mesa la importancia del ejercicio físico en la prevención del cáncer. Los resultados van en la línea de múltiples estudios que sugieren con solidez que el ejercicio físico provoca una serie de procesos metabólicos que posiblemente a través de modulación epigenética del ADN protegen frente al cáncer.  

La novedad que aporta este estudio es que ya no hace falta ser un Rafael Nadal para estar seguro de que se reduce el riesgo de cáncer. Sencillamente reduciendo las horas de sedentarismo prolongado o incluso interrumpiéndolo para hacer algo de actividad moderada ya parece que se contiene esa probabilidad de riesgo de cáncer”.  

¿Cómo encaja también con las corrientes actuales más a favor del ejercicio vigoroso? 

“Yo creo que esto es unos de los puntos más interesantes del estudio: evalúa el ejercicio desde el punto de vista del grado de sedentarismo sin evaluar la intensidad de ejercicio necesaria, sino la reducción de horas parado. Solo con esta comparación sedentario prolongado vs activo ha demostrado una reducción en riesgo de cáncer. Lo que pasa es que, en el grupo de activos, tampoco evaluó esa intensidad de ejercicio por lo que es difícil responder a la pregunta si la intensidad de ejercicio es muy relevante. Lo que que parece importante es que el grupo sedentario, pero que interrumpe los periodos prolongados de sedentarismo conseguía reducir el riesgo de cáncer. Esto pone en relieve, como comentaba antes, que quizás no es tan importante el ser un gran deportista, sino el evitar el sedentarismo para reducir este riesgo.  

¿Hay suficiente evidencia para incluir el ejercicio como tratamiento para la prevención del cáncer?  

“Sin duda. Cada vez más estudios, y este viene a corroborarlo, apuntan a una reducción del riesgo de diferentes tipos de cáncer en personas que realizan ejercicio con regularidad. Pero ahora, con esta nueva publicación, parece sugerir que incluso una estrategia de evitación del sedentarismo prolongado puede tener un impacto en la salud y la reducción del riesgo de cáncer. Quizás una de las implicaciones que podría tener es que las empresas y autoridades propusieren periodos no de descanso, sino de actividad física en aquellas profesiones asociadas a un sedentarismo prolongado. Por ejemplo, una obligatoriedad para taxistas, oficinistas, etc. no de parar cada par de horas a descansar, si no de parar a caminar para promover la salud de sus trabajadores”. 

No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
Accelerometry-measured prolonged and interrupted sedentary behavior and cancer incidence and mortality: A cohort study of 91,292 UK Biobank participants
    • Revisado por pares
    • Estudio observacional
    • Humanos
Revista
PLoS Medicine
Autores

Ziyi Zhou et al.

Tipo de estudio:
  • Revisado por pares
  • Estudio observacional
  • Humanos
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