Reacciones a la caída de un gran fragmento de un cohete chino sobre la Tierra que ha cerrado parte del espacio aéreo

A primera hora de esta mañana, el gestor de navegación aérea español restringía una franja del espacio aéreo por el posible paso del objeto espacial chino CZ-5B, que se había desprendido del cohete Long-March 5B. El fragmento finalmente caía sobre el océano Pacífico y el espacio aéreo español ya no tiene restricciones.  

04/11/2022 - 12:11 CET
 
mapa

Mapa de la posible trayectoria del fragmento del cohete chino.

Reacciones

Javier Gómez Elvira - cohete chino

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Javier Gómez Elvira

Ingeniero aeronáutico y exdirector del departamento de Cargas Útiles y Ciencias del Espacio del INTA

China debería avisar antes de que un elemento tan grande puede caer, en lugar de que siempre se tenga que detectar de forma remota, con los radares de detección y observación del espacio. China tendría que ser más cooperativa y cuando tenga un elemento tan grande de hardware que cae sobre la Tierra, avisar con tiempo suficiente. Incluso si sabe cuál es la trayectoria, decirla. 

Es común que caigan elementos de este tipo, pero no tan grandes. Hace unos meses hubo otra alarma de otro trozo de un cohete chino, pero no tan voluminoso.  

Seguros al 100 % no estamos porque son elementos que están incontrolados. Una vez que hacen su función, entran en una órbita, pero como no tienen ningún sistema de propulsión, caen por el efecto de la atmósfera y no es controlable su caída. En algún momento sí puede ocurrir que caigan en una zona habitada o por lo menos de tierra, no de mar, que es donde suelen caer normalmente, sobre el océano y no generan problema.

No declara conflicto de interés
ES

Noelia Sánchez Ortiz - cohete chino

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Noelia Sánchez Ortiz

Doctora en Ingeniería Aeroespacial y cofundadora de Arribes Enlightenment

Science Media Centre España

En una reentrada no podemos predecir con precisión dónde van a caer los restos del objeto (si llegan a la superficie de la Tierra y no se queman en la atmósfera, como en este caso, al ser un objeto grande). Por la gran velocidad a la que se mueve, recorre mucho espacio en poco tiempo y un error de unos segundos en la predicción del tiempo de entrada supone kilómetros en el recorrido.  

Normalmente pintamos las zonas donde puede caer, como todas aquellas por las que pasa el objeto volando en un 20 % del tiempo que queda hasta la entrada en la superficie, alrededor de la fecha prevista en que suceda. Si queda un día, pintamos por unas cuatro horas, que son aproximadamente dos vueltas enteras a la Tierra. Por eso vemos esas trazas por muchos sitios donde hay un cierto riesgo de que caiga. 

Finalmente ha caído en el Pacífico. Tenemos la suerte de que la mayor parte de la superficie de la Tierra es agua y no tierra, con lo que la probabilidad de que caiga en un océano es muy alta.

No declara conflicto de interés
ES

Jorge Hernández - cohete chino

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Jorge Hernández Bernal

Astrofísico del Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU

Todos los días cae basura espacial a la Tierra, pero los fragmentos pequeños se desintegran en la atmósfera y los grandes suelen dirigirse de forma controlada sobre el océano Pacífico, donde el riesgo es muy bajo. Es una irresponsabilidad del programa espacial chino dejar caer de forma incontrolada la etapa principal de su cohete Larga Marcha CZ-5B, de unas 20 toneladas. Este es el cuarto lanzamiento de este cohete, que se está utilizando para lanzar los módulos de la nueva Estación Espacial China. El primer lanzamiento, en 2020, acabó con algunas piezas del cohete impactando en Costa de Marfil.  

Esta mañana nos levantábamos con la predicción de que, tras este cuarto lanzamiento, la etapa principal podría caer sobre algunos países mediterráneos, incluyendo el norte de España. Aunque la probabilidad de que los restos impacten a un avión son bajos, parece razonable restringir el tráfico aéreo como se ha hecho, ya que un impacto como este sobre un avión sería probablemente fatal para todos sus pasajeros, y previsiblemente eso abriría un conflicto internacional sin precedentes. Según la fuerza espacial del ejército de Estados Unidos, la reentrada ha ocurrido finalmente sobre el océano Pacífico.  

Las actividades espaciales tienen mucho que ver con lo que ocurre en la Tierra, por eso es necesaria la reflexión colectiva y el desarrollo de una Ética Espacial que lugar a un Derecho Espacial bien fundamentado. En esta reflexión no debemos ver sólo “la paja en el ojo ajeno”, ni dejarnos guiar por la propaganda de grandes potencias y empresas. China está haciendo algunas cosas de forma irresponsable, Estados Unidos, y compañías como SpaceX, también.  

Las actividades espaciales son cosa de toda la humanidad y, si queremos evitar el desastre, necesitamos un multilateralismo que últimamente destaca por su ausencia. La grave situación de crisis climática, energética, y ecológica es el máximo exponente de cómo esta falta de multilateralismo se está convirtiendo en un “suicidio colectivo”. En unos días comenzará una nueva cumbre del clima en Egipto. Hablemos claro: mientras los líderes mundiales no hacen nada, el tiempo se acaba.

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ES

David Galadí - cohete chino

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David Galadí-Enríquez

Investigador del departamento de Astronomía del Observatorio de Calar Alto. Coordinador del grupo ICOSAEDRO (impacto de las constelaciones de satélites en detectores de radio y ópticos) de la Sociedad Española de Astronomía y miembro de la comisión CB7 de la Unión Astronómica Internacional

Science Media Centre España

La reentrada de cohetes lanzadores es totalmente habitual. Siempre que se lanza un satélite artificial al espacio, al mismo tiempo queda en órbita una parte del cohete que terminará por caer a tierra. Esto ha sido así desde el Sputnik 1 y seguirá sucediendo. 
 
Estos trozos de cohete reentran en la atmósfera al cabo de un tiempo (días o semanas) y el choque con el aire los destruye. Solo en el caso de cohetes muy grandes pueden sobrevivir fragmentos que alcancen el nivel del suelo. 
 
Ahora bien, hay dos circunstancias que hacen este caso concreto algo especial. La primera, que se trata de un cohete grande, porque ha lanzado nada menos que un módulo completo para la estación espacial china y para eso se requiere un lanzador considerable. La segunda, que los lanzamientos de satélites, tanto grandes como pequeños, se están haciendo cada vez más frecuentes. 
 
El riesgo es muy pequeño. Es razonable restringir el tráfico aéreo en las regiones potencialmente afectadas porque no debemos arriesgarnos a perder un avión en vuelo, por escaso que sea el peligro. Pero, al nivel del suelo, la probabilidad de que lleguen restos grandes, que estos caigan en zonas donde puedan causar daño y que, además, se produzcan daños personales, es astronómicamente reducida. Por tanto, la población puede estar tranquila. 
 
Por pequeño que sea el riesgo, acumulado a lo largo del tiempo y con un ritmo de lanzamientos creciente, antes o después se producirán daños a las propiedades o a las personas. Por eso hay organismos (públicos y privados) que lanzan satélites pero toman medidas para asegurar que sus cohetes efectúen la reentrada en regiones donde no puedan causar ningún daño. Los sistemas para forzar una reentrada segura son de tecnología estándar y, sin duda, están al alcance de una potencia como China, capaz de construir su propia estación espacial en poco más de un año. 
 
Por tanto, convendría promover que se establezca alguna normativa internacional que obligue a que los cohetes lanzadores garanticen reentradas seguras.

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ES

Luciano Anselmo - cohete chino

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Luciano Anselmo

Investigador principal del Laboratorio de Dinámica de Vuelos Espaciales, Instituto de Ciencias y Tecnologías de la Información (ISTI), Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR)

Los cuerpos de los cohetes y los satélites no controlados reentran cada uno o dos días. Lo especial de esta fase [parte de un cohete] china es su gran masa, unas 20 toneladas. Fue la cuarta de este tipo puesta en órbita: la segunda reentró sobre el océano Índico, pero la primera y la tercera también esparcieron restos en el suelo, en Costa de Marfil (2020) y en Borneo, a finales de julio de este año. Debido a que el 88 % de la población mundial estaba siendo sobrevolada por la trayectoria de esta fase y considerando su gran masa, la probabilidad de que alguien en el mundo fuera alcanzado por la caída de un escombro, entre los 42° Norte y Sur, era de aproximadamente 1 entre 500, es decir, más del umbral de 1 entre 10.000 para el que, a nivel internacional, se recomienda una reentrada controlada. 

En cuanto a los riesgos de las reentradas incontroladas, en general, las últimas estimaciones de Carmen Pardini y mías son que actualmente la probabilidad global de víctimas se sitúa en torno al 2 % - 3 % al año. Esta es la probabilidad de que una persona en todo el mundo sea golpeada en un año por el fragmento de un objeto espacial que reentró sin control. Aproximadamente 1/3 del riesgo proviene de los satélites y 2/3, de los cuerpos de los cohetes. Para un individuo concreto, este riesgo sigue siendo muy bajo, mucho menos que cualquier otro riesgo que corramos en la vida cotidiana. Sin embargo, la situación está evolucionando debido a los cambios en la actividad espacial y, si no se toman las medidas adecuadas, este riesgo está destinado a crecer en los próximos años.

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