El declive de los polinizadores más allá de las abejas de la miel

Hace décadas se empezó a alertar del descenso de las poblaciones de abejas de la miel. Aunque su situación ha mejorado, la del resto de insectos polinizadores no. En conjunto, todos ellos hacen posible la reproducción de casi el 90 % de las plantas con flores y contribuyen directamente en tres de cada cuatro cultivos que alimentan al mundo. Analizamos las causas del declive, su situación actual y las medidas que intentan protegerlos.

 

19/05/2026 - 10:00 CEST
bee on flower

Los polinizadores silvestres están desapareciendo, principalmente por la pérdida de hábitats y el uso de pesticidas | Tom Timberlake.

¿Están desapareciendo los polinizadores?

Los polinizadores engloban numerosas especies de todo el mundo. Diferentes investigaciones han mostrado indicios sólidos de un declive profundo y sostenido, con la excepción de la abeja de la miel (Apis mellifera), cuyas poblaciones se han ido recuperando en diferentes regiones.

El declive afecta a prácticamente todos los invertebrados, no solo a los polinizadores. Un estudio de 2019 estimaba que un 40 % de las especies de insectos estarían en riesgo de extinción en las próximas décadas. Sin embargo, “el foco mediático y social se ha centrado desproporcionadamente en la abeja de la miel porque es doméstica, gestionada por humanos y crucial para la agricultura, lo que la convierte en un símbolo atractivo y fácil de comunicar, muy por encima de los polinizadores silvestres, mucho más diversos, pero menos visibles”, explica al SMC España Anna Traveset, profesora de investigación en el IMEDEA (CSIC-UIB). Esto ha generado un desvío de recursos, atención pública y medidas políticas que han eclipsado a polinizadores más vulnerables, y que ahora la ciencia intenta corregir.

Las evaluaciones de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) muestran que hasta un 40 % de las especies de abejas podrían estar amenazadas. Concepción Ornosa, profesora en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y directora del Grupo de Investigación Biología y Biodiversidad de Artrópodos, indica al SMC España: “En Europa, están en peligro de extinción el 9 % de las especies de abejas, incluidos los abejorros, y en EE. UU., entre 2008 y 2013, se produjo un descenso del 23 % de las abejas silvestres en las principales áreas de cultivo del país”.

En cuanto a las mariposas, el informe The EU Butterfly Indicator for Grassland species: 1990-2017 evidencia que se perdió un 39 % de la biomasa de especies europeas entre 1990 y 2012. Actualmente continúan en declive, aunque menos pronunciado. Además, Ornosa señala que “los mejores polinizadores que existen son los abejorros y, paradójicamente, son el grupo más vulnerable ya que según la UICN se calcula que a nivel mundial el 46 % de sus especies están amenazadas”.

¿Qué ha ocurrido con las poblaciones de las abejas de la miel?

La Apis mellifera es una especie nativa de África, oeste de Asia y Europa, que ha sido introducida por el ser humano al resto de continentes. La IUCN en su lista roja de especies amenazadas incluye a estas abejas, pero solo contabiliza las poblaciones salvajes: aunque registran un descenso, el organismo matiza que los datos son insuficientes.

Si hablamos de abejas domesticadas, en el invierno y la primavera de 2006 y 2007 en América del Norte, una disminución significativa de las colonias de abejas de la miel con fines comerciales provocó la pérdida de aproximadamente un tercio de ellas. Tras esto, la conservación de la Apis mellifera se convirtió en una prioridad. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que en 2022 había en todo el mundo 102 millones de colonias de abejas de la miel en colmenas domésticas, lo que supone un aumento del 76,3 % desde el año 2000. Esto se explica gracias a estrategias apícolas, como el reemplazo de colonias muertas dividiendo las existentes, para afrontar su descenso.

“La percepción científica sobre la abeja de la miel ha cambiado de forma notable: lejos de ser una especie en declive, sus poblaciones globales se han mantenido estables o han aumentado gracias a la apicultura, mientras numerosos estudios muestran que en ecosistemas donde no es nativa puede comportarse como una especie invasora que compite con polinizadores silvestres por alimento y nidos, transmite patógenos y altera las redes de polinización”, cuenta Traveset.

Investigaciones realizadas en Australia y California (Estados Unidos) han demostrado que hay densidades de melíferas de casi el 98 % de la biomasa de abejas en algunas zonas, que provocan el desplazamiento de las especies autóctonas y reducen su acceso al polen. Por eso, los ecólogos y conservacionistas están advirtiendo de que salvar a la abeja de la miel no equivale a proteger la biodiversidad y que la prioridad debería ser la conservación de los polinizadores nativos, muchos de ellos en riesgo de extinción.

Cuando se habla de abejas, no deberíamos restringirlo a la abeja de la miel, como erróneamente suele hacerse por su importancia en la apicultura

Concepción Ornosa

“Cuando se habla de abejas, no deberíamos restringirlo a la abeja de la miel, como erróneamente suele hacerse por su importancia en la apicultura; sino que debemos usarlo para referirnos a todas las abejas, domésticas y silvestres. Es decir, a los miles de especies de abejas que existen, tan importantes o más como polinizadores que la Apis mellifera, que es solo una de esas 22.000 especies registradas”, puntualiza Ornosa.

¿Qué animales polinizan?

Los insectos son los principales responsables de la polinización y la realizan principalmente especies de himenópteros, coleópteros, lepidópteros y dípteros. Otros animales también participan en este proceso. Gema Trigos, investigadora en el Museo e Instituto de Zoología de Varsovia (Polonia), señala al SMC España que “los colibríes transportan polen adherido al pico cuando consumen néctar y los murciélagos nectarívoros también desempeñan un papel clave en su dispersión”.

 

Infografía sobre los insectos polinizadores

 

¿Cómo influyen los polinizadores en lo que comemos?

El valor económico de la polinización de los cultivos necesarios para el ser humano en todo el mundo se sitúa entre 235.000 y 577.000 millones de dólares anuales.

Los alimentos que proceden de cultivos polinizados por animales son ricos en micronutrientes fundamentales como vitaminas, antioxidantes y minerales. El 98 % de la vitamina C, el 71 % de la vitamina A, el 100 % de algunos carotenoides o el 58 % del calcio de la alimentación global humana provienen de cultivos polinizados por insectos, según recoge un estudio publicado en la revista Ecosistemas.

El 75 % de las principales plantas en el mundo necesitan los insectos para garantizar la cantidad, la calidad o la estabilidad de las cosechas y se estima que, en la Unión Europea, alrededor del 84 % de las especies de cultivos dependen de la acción de estos organismos. Entre los cultivos para los que los polinizadores son esenciales se encuentran el cacao, el melón, la sandía, la calabaza, el kiwi y muchas variedades de almendro. Otros, como la mayoría de los árboles frutales, el pepino, el mango o el aguacate, tienen un grado de dependencia elevado.

Entre los cultivos para los que los polinizadores son esenciales se encuentran el cacao, el melón, la sandía, la calabaza, el kiwi y muchas variedades de almendro

 

Luis Navarro, catedrático de Botánica de la Universidad de Vigo y fundador de la plataforma divulgare.net, explica al SMC España que la importancia está en la diversidad. “Simplificar las comunidades, dependiendo en exceso de una sola especie como Apis mellifera, puede mantener parcialmente el servicio en algunos casos, pero reduce su robustez y puede generar pérdidas en otros cultivos o empeorar sus condiciones” alega. Un estudio publicado en Science analizó el efecto de los polinizadores en campos de todos los continentes —salvo la Antártida— y demostró que la producción se incrementaba con las visitas de polinizadores silvestres en todos los cultivos, mientras que las visitas de la abeja de la miel solo aumentaban la producción en el 14 % de estos.

El declive de los polinizadores pone en riesgo los ecosistemas y la producción agrícola. Para imaginar cómo sería un futuro sin estos insectos, la UE creó el Pollinator Park, una experiencia digital interactiva desarrollada con la colaboración varias instituciones científicas, entre ellas, el Museo de Ciènces Naturals de Barcelona. La iniciativa recrea un escenario distópico en 2050 en el que el visitante entra a un supermercado virtual y observa cómo, a medida que se avanza en el tiempo, algunos productos de frutas y verduras, como el mango, dejan de estar disponibles hasta desaparecer.

¿Quiénes son los mayores responsables de su declive?

Los principales factores son la pérdida, degradación y fragmentación de hábitats, la intensificación agrícola, el uso de pesticidas, la contaminación química, los patógenos y el cambio climático. “Lo importante aquí es que estas presiones rara vez actúan de forma aislada: sus efectos se acumulan e interactúan, de modo que comunidades ya empobrecidas por la pérdida de hábitat, por ejemplo, pueden volverse mucho más vulnerables a otros factores”, señala Navarro.

 

Infografía sobre las principales causas del declive de los insectos polinizadores

El cambio de uso del suelo es la principal amenaza para estos insectos y está causada por la agricultura, la ganadería y la urbanización, que limitan la diversidad de flores, así como la disponibilidad de alimento y lugares de anidamiento y refugio.

Aunque los polinizadores sí suelen encontrar recursos para sobrevivir en los agroecosistemas, se ven expuestos a los agroquímicos, como pesticidas, fungicidas y herbicidas. Navarro explica que “los más problemáticos para los polinizadores son los insecticidas neonicotinoides y piretroides”. Los neonicotinoides se han utilizado de forma muy extendida como tratamiento de semillas, lo que hace que el insecticida sea absorbido por la planta y pueda aparecer en néctar y polen, generando exposición crónica para los polinizadores. Los piretroides, por su parte, se aplican habitualmente contra plagas.

El uso de insecticidas de este tipo ha sido señalado en múltiples investigaciones científicas como una gran amenaza para las abejas, razón por la cual su uso fue regulado por la UE en 2013. Un estudio publicado en 2017 en la revista Science que analizaba muestras de miel de todo el mundo concluía que un 75 % contenía trazas de un tipo de neonicotinoide y un 45 %, de dos o más.

Al igual que el resto de los animales, los polinizadores también se enfrentan a enfermedades y patógenos. Navarro señala que “en abejas, el caso más conocido es Varroa destructor, un ácaro que afecta especialmente a las colonias de abeja melífera”. Además de este, hay un conjunto amplio de patógenos que afectan a distintos polinizadores; entre ellos los virus Nosema, a las abejas, o protozoos como Crithidia bombi en abejorros.

Además, la expansión y manejo intensivo de la abeja melífera ha favorecido la transmisión de patógenos a especies silvestres. Ha sido el caso también de los abejorros o abejas albañil, cada vez más empleadas para la agricultura con fines comerciales. “Las empresas productoras no las han tratado con todo el cuidado exigible, comercializándolas en diferentes territorios e incluso continentes y, por tanto, favoreciendo la competencia con las especies autóctonas, hibridaciones indeseables y la transmisión de patógenos” apunta Ornosa.

Las distintas actividades antropogénicas como la ganadería o agricultura no son una amenaza por sí solas; el problema es la sobreexplotación, ya que es entonces cuando se utilizan los recursos de forma excesiva y se pierde el equilibrio

Gema Trigos

“Las distintas actividades antropogénicas como la ganadería o la agricultura no son una amenaza por sí solas; se llevan realizando desde hace más de 10.000 años. El problema es la sobreexplotación, ya que es entonces cuando se utilizan los recursos de forma excesiva y se pierde el equilibrio”, añade Trigos.

¿Cómo les afecta el cambio climático?

Los cambios en la climatología pueden alterar su abundancia y diversidad, su distribución geográfica, su fenología, sus patrones migratorios y sus interacciones con las plantas, aunque depende de la capacidad de adaptación y de colonizar nuevas zonas de cada especie. Las alteraciones de temperaturas afectan a los ciclos biológicos de los insectos: por ejemplo, el retraso del invierno supone un mayor gasto energético en primavera, que puede significar una mayor mortalidad durante la época de frío, lo que afecta especialmente a las abejas solitarias del género Osmia.

Los cambios meteorológicos causan desajustes temporales entre los polinizadores y las plantas, con adaptaciones diferentes a las temperaturas y horas de luz

 

Los cambios meteorológicos causan también desajustes temporales entre los polinizadores y las plantas, con adaptaciones diferentes a las temperaturas y horas de luz. Además, en las épocas de sequía, se inhibe la producción de néctar y polen, lo que es grave para los polinizadores especialistas que dependen de un número limitado de plantas. Sumado a esto, las subidas de temperaturas se traducen en desplazamientos de las poblaciones de mariposas y abejorros hacia zonas más frías.

¿Qué planes de conservación hay en la actualidad y hacia dónde deberían dirigirse, según los especialistas?

Los científicos piden planes de conservación enfocados a preservar la biodiversidad silvestre. Navarro explica que “las medidas empleadas generalmente benefician a especies comunes o generalistas, pero no a las especies de polinizadores más especializadas o amenazadas, lo que mejora parcialmente el servicio de polinización en determinados sistemas sin frenar realmente la pérdida de biodiversidad”.

“En investigación, la financiación se ha concentrado en plantas o vertebrados, y los invertebrados que se priorizan son aquellos con interés económico, dejando en segundo plano a otros organismos menos visibles, pero esenciales” apunta Trigos.

En 2018, la Comisión Europea puso en marcha la Iniciativa de la UE sobre los polinizadores que por primera vez se centraba en la preservación de los silvestres y que fue revisada en 2023. En España, en 2020 se aprobó la Estrategia Nacional para la Conservación de los Polinizadores, que alinea las políticas estatales con la iniciativa europea de cara a mejorar la situación para 2030.

Además, el Reglamento sobre la restauración de la naturaleza del Parlamento Europeo y del Consejo de la UE, de agosto de 2024, obliga a implantar medidas para recuperar las poblaciones de polinizadores. Las tendencias se medirán, al menos, cada seis años a partir de 2030 mediante un sistema de seguimiento de polinizadores que los Estados miembros deben aplicar y cuya primera revisión será este próximo diciembre.

Una de las medidas más ambiciosas de la Comisión es reducir en un 50 % el uso global de plaguicidas químicos antes de 2030. También se pretende que, para esas fechas, al menos el 25 % de las tierras agrícolas de la UE se dedique a la agricultura ecológica.

Artículo redactado por:
Sofía Estrella Gutiérrez
Sofía Estrella Gutiérrez
Redactora en prácticas del SMC España
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