Migrantes en Ceuta: el doble estigma de la exclusión social y el miedo al contagio

La llegada de miles de personas migrantes a Ceuta a finales de julio ha provocado que aparezcan mensajes que señalan a estas personas como una amenaza sanitaria. Sin embargo, la evidencia científica apunta justo a lo contrario: las personas que llegan a nuestro país lo hacen, en general, con buen estado de salud, y son ellas, no la población autóctona, las que corren el mayor riesgo de enfermar, derivado de las condiciones en las que malviven. Frente al miedo y los bulos, la mejor defensa es la información transparente y basada en datos.

EFE

Vista de la playa de El Trampolín de Ceuta este jueves. EFE/ Reduan.

A finales de julio, se produjo una entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, estimada en decenas de miles de personas. Aunque en los siguientes días se produjo el retorno de la mayor parte de ellas, varios miles de personas migrantes permanecen hacinadas en calles, playas o asentamientos improvisados, sin acceso estable a agua potable, saneamiento o alimentos seguros. Sanidad ha confirmado casos aislados de tuberculosis, sarna, gastroenteritis e impétigo entre esta población, y se ha llegado incluso a pedir su confinamiento.

Sin embargo, la evidencia científica presenta una historia distinta: el problema no es que las personas migrantes traigan enfermedades, sino que las condiciones en las que se ven obligadas a malvivir aquí las exponen a ellas. Esto se presenta en forma de doble estigma: por un lado, el asociado al hecho de ser una persona migrada, lo que, en muchas ocasiones, se asocia con delincuencia, inseguridad o miedo; por otro, verse señaladas como fuente de contagio para la población residente, mientras son ellas quienes sufren las principales consecuencias sanitarias de la crisis. Así, las personas en situación de mayor vulnerabilidad, que son aquellas forzadas a migrar dejando sus lugares de origen, pasan a ser culpabilizadas.

La asociación entre migración y enfermedad no es nueva, pero no se sostiene con los datos existentes. Las personas que llegan a Ceuta son, en su mayoría, jóvenes y sanas, y presentan mejor estado de salud que la población autóctona y, por tanto, un menor uso de los servicios sanitarios. Es cierto que las personas migrantes pueden presentar problemas de salud a su llegada, principalmente deshidratación, malnutrición, existencia de heridas o, con frecuencia, problemas de salud mental, como el estrés postraumático, pero ninguno de estos problemas es transmisible.

Estas enfermedades afectan, sobre todo, a quienes las padecen, seguidas, en mucha menor medida, del personal sanitario y humanitario en contacto estrecho y prolongado con estas personas

El riesgo real está en las condiciones materiales en las que se encuentran después: el hacinamiento prolongado, la falta de saneamiento y de agua potable, o la ausencia de un lugar digno donde dormir, son los principales factores que facilitan la aparición de infecciones cutáneas, gastrointestinales y respiratorias. Estas enfermedades afectan, sobre todo, a quienes las padecen, seguidas, en mucha menor medida, del personal sanitario y humanitario en contacto estrecho y prolongado con estas personas. En cuanto a algunas enfermedades transmisibles que han acaparado los titulares en los últimos días (la aparición de casos de sarna y tuberculosis), se trata de enfermedades que requieren contactos estrechos y prolongados, y para las que existen tratamientos efectivos, razones que no justifican el confinamiento poblacional. Además, son enfermedades de carácter universal, y cuya prevalencia se encuentra en aumento, y no por la migración.

El estigma sufrido tiene, además, consecuencias. Se ha descrito que la estigmatización de la población migrante desincentiva la búsqueda de atención sanitaria, retrasa el diagnóstico y dificulta la prevención. Esto es especialmente grave en una población que ya se enfrenta a barreras de acceso al sistema sanitario por su situación administrativa y el desconocimiento del idioma. Las consecuencias son mayores, además, en aquellas personas en situación de especial vulnerabilidad, como son los y las menores (especialmente niñas, que se enfrentan a situaciones de violencia sexual y trata, tanto durante su trayecto migratorio, como una vez asentadas) y mujeres embarazadas, cuyos calendarios vacunales y controles prenatales suelen quedar interrumpidos. Por tanto, asociar migración con enfermedad no solo no es correcto, sino contraproducente para la salud de toda la población.

Método científico, pensamiento crítico y transparencia

Frente al miedo, la salud pública aporta tres elementos clave: método científico, pensamiento crítico y transparencia. El método científico se concreta en la vigilancia epidemiológica, que permite la confirmación de casos y el estudio de contactos, junto con el registro de datos precisos (cuántos casos, de qué enfermedad, en qué contexto), en línea con los sistemas de vigilancia europeos.

El pensamiento crítico contextualiza los datos con la evidencia existente, lo que permite valorar el riesgo real en lugar de reaccionar a percepciones infundadas

El pensamiento crítico contextualiza los datos con la evidencia existente, lo que permite valorar el riesgo real en lugar de reaccionar a percepciones infundadas. Esta capacidad resulta especialmente relevante en un contexto marcado por la desinformación, ya que los bulos están diseñados para maximizar su credibilidad y difusión. La evidencia muestra que los bulos no solo se propagan más rápido que las informaciones veraces, sino que además aprovechan mecanismos psicológicos especialmente eficaces para captar la atención y fomentar su difusión, como la novedad, la sorpresa o la activación emocional.

Por último, la transparencia es la comunicación clara y veraz de esta información, como forma de contrarrestar los bulos. Acudir a fuentes fiables, a profesionales sanitarios expertos en la materia y a periodistas especializados en estas áreas es fundamental.

En la situación actual, la mejor medida es garantizar, cuanto antes, agua potable, saneamiento, alimentos seguros y un lugar digno donde dormir, además de acceso a atención sanitaria y a la actualización del calendario vacunal a la población migrante que sigue en Ceuta. No es la condición de migrante lo que enferma, sino la falta de condiciones dignas para vivir. Aclarar esta realidad con datos, resolverla con los recursos apropiados y comunicar sin alimentar el estigma es lo que mejor podemos hacer tanto para la salud de la población migrante como para la de toda la ciudadanía.

Autoría: Isabel Aguilar, Unai Martín, Maria João Forjaz y Pello Latasa, en representación de la Sociedad Española de Epidemiología.
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