Reacciones al estudio que alerta sobre los riesgos de la reentrada incontrolada de cohetes

Un análisis publicado en Nature Astronomy cuantifica el riesgo para las vidas humanas que suponen los impactos contra la Tierra de fragmentos de cohetes espaciales, más probables en la zona sur del planeta.

11/07/2022 - 17:00 CET
 
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David Galadí - cohetes

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David Galadí-Enríquez

Investigador del departamento de Astronomía del Observatorio de Calar Alto. Coordinador del grupo ICOSAEDRO (impacto de las constelaciones de satélites en detectores de radio y ópticos) de la Sociedad Española de Astronomía y miembro de la comisión CB7 de la Unión Astronómica Internacional

Science Media Centre España

El trabajo de Byers y colaboradores plantea un aspecto clave de la sostenibilidad aplicada al uso del espacio: la proliferación incontrolada de lanzamientos supone un riesgo para la población de la Tierra que no es posible ignorar. La era industrial ha demostrado que la supervivencia del planeta y de la humanidad requiere una gestión responsable de los recursos. El espacio circunterrestre se viene gestionando de un modo premoderno, como si se tratara de un reino infinito donde cada cual puede operar a placer. Los autores defienden que ha llegado la hora de considerar la órbita terrestre como un medio congestionado en el que solo se deben introducir materiales artificiales con criterios de sostenibilidad.

El artículo aborda los riesgos de la proliferación de lanzamientos para las comunidades humanas, concluye que tales riesgos no son despreciables y que se pueden contrarrestar mediante soluciones técnicas existentes. Demuestran que la mayor parte de las consecuencias recaen sobre los países pobres, es decir, que los países avanzados están externalizando el impacto ambiental de sus lanzamientos. Proponen una vía de solución de carácter político internacional. El estudio constituye un ejemplo excelente de problema técnico astronáutico con implicaciones económicas, políticas y sociales de carácter internacional. De manera muy adecuada, viene firmado por especialistas en ciencias políticas, en estudios interdisciplinares, en astrofísica y en ingeniería.

Cada vez que se lanza un satélite, una parte del cohete lanzador queda en órbita en forma de basura espacial que termina por caer de nuevo a la Tierra. Aunque la mayoría de estos cuerpos de cohete se desintegran al rozar contra las capas de aire, en un proceso denominado reentrada, con frecuencia quedan fragmentos capaces de causar daños en el suelo, o incluso a aeronaves en vuelo.

A partir de los elementos orbitales reales de los cuerpos de cohete abandonados en las últimas décadas, y recurriendo a datos también reales de densidad de población en la Tierra, los autores construyen un modelo sólido. Byers y colaboradores concluyen que los riesgos por reentrada incontrolada son responsabilidad mayoritaria de Estados Unidos (71 %), con las otras tres grandes potencias espaciales empatadas en el segundo puesto: China, Agencia Espacial Europea y Rusia (del 14 al 17 % cada una).  A la vez, demuestran que el riesgo se concentra en las zonas ecuatoriales del planeta y afecta sobre todo a países pobres que no han participado en los lanzamientos ni se benefician de ellos.

El estudio remarca que hay medios suficientes, sin necesidad de tecnologías nuevas, que garantizarían la reentrada inocua de todos los cuerpos de cohete. Sin embargo, estas medidas cuestan dinero, y aquí reside la única y verdadera dificultad para poner remedio al desafío. Estamos ante un problema de acción colectiva cuyas soluciones deberían adoptarlas a la vez todas las empresas y países lanzadores de satélites, para evitar que haya compañías en desventaja por el hecho de incorporar buenas prácticas ambientales.

El estudio enumera casos de acción colectiva exitosa (en mayor o menor medida), como el tratado de prohibición de gases que afectan a la capa de ozono, la imposición de que los petroleros se construyan con doble casco o los acuerdos contra minas antipersona. Curiosamente, olvidan un caso que concierne a la industria aeroespacial: la obligación de aparcar los satélites geoestacionarios retirados en órbitas de deshecho donde no saturen las posiciones de servicio útiles.

El aumento desbocado de lanzamientos hace que las conclusiones de Byers y colaboradores adquieran un carácter acuciante. La órbita terrestre baja sigue siendo una ‘ciudad sin ley’. La congestión de satélites pone en riesgo la observación del firmamento, lo que ha puesto en pie de guerra a toda la comunidad astronómica mundial. Pero también han saltado las alarmas en la propia industria aeroespacial por el peligro aumentado de colisiones en el espacio, que podría arruinar la órbita baja como recurso económico durante décadas, si no siglos. Empiezan a valorarse los efectos ambientales de los materiales vaporizados en la estratosfera durante las reentradas tanto de cuerpos de cohete como de los propios satélites al final de su vida útil. Ahora Nature Astronomy publica este estudio que demuestra que también la parte no vaporizada de estos objetos supone un riesgo a la vez considerable, por su magnitud, e injusto, por su carácter de coste externalizado.

No declara conflicto de interés
ES

Luciano - cohetes

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Luciano Anselmo

Investigador principal del Laboratorio de Dinámica de Vuelos Espaciales, Instituto de Ciencias y Tecnologías de la Información (ISTI), Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR)

Science Media Centre España

Este documento no contiene datos, hechos, resultados o conceptos nuevos. A lo largo de los años, hasta tiempos muy recientes, ya se han presentado análisis, resultados y discusiones similares en conferencias internacionales, como las de la Asociación Internacional para el Avance de la Seguridad Espacial, y se han publicado en revistas técnicas, como el Journal of Space Safety Engineering, aunque toda o la mayor parte de esta bibliografía no se encuentra en las referencias. Por lo tanto, no hay mucho que comentar sobre las cifras proporcionadas, a menos que apoyen las conclusiones anteriores. El debate jurídico y normativo también lleva mucho tiempo en marcha, y se han hecho varias propuestas, incluso relativamente recientes, para abordar la cuestión.

Me limito a un par de observaciones. En la actualidad, la cifra global de víctimas debidas a reentradas incontroladas de cuerpos de cohetes representa más de 2/3 del total, incluidas las naves espaciales. Pero en la próxima década, la proporción de satélites de baja altitud en comparación con las etapas de cohetes aumentará significativamente, y en algún momento el riesgo combinado de los satélites, que ya es aproximadamente 1/3 del total, se impondrá. Así que centrar la atención únicamente en las etapas orbitales no tiene sentido, a medio plazo.

La segunda observación se refiere al riesgo. La expectativa de bajas por reentradas incontroladas es actualmente baja, y lo seguirá siendo. Si se puede considerar insignificante o no, es solo una cuestión de definición. Sin embargo, desde un punto de vista numérico, el panorama es muy claro. Incluso ignorando las bajas anuales debidas a enfermedades tratables, a una atención sanitaria inadecuada, al hambre y a la guerra, las muertes atribuibles a los accidentes y a la contaminación se cuentan por millones en todo el mundo. En cambio, si se consideran las víctimas previstas por las reentradas incontroladas de cuerpos de cohetes y satélites, seguimos hablando de un par de víctimas por siglo, por término medio.

Por lo tanto, aunque todos deseamos que las actividades espaciales sean aún más seguras de lo que son actualmente, el riesgo de reentrada no es ciertamente el más crítico. La contaminación potencialmente adversa de la estratosfera y la mesosfera por el aumento de las tasas de lanzamiento probablemente necesitará mucha más atención en las próximas décadas, aunque apoyo firmemente la adopción de reglamentos más estrictos y vinculantes aplicados a la reentrada de cuerpos de cohetes y satélites, y a las actividades espaciales en general.   

No declara conflicto de interés
ES

Jorge Hernández - cohete

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Jorge Hernández Bernal

Astrofísico del Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU

Science Media Centre España

En noviembre de 2015, unas misteriosas esferas negras fueron encontradas en diferentes municipios de Murcia. Estos objetos fueron identificados como tanques de combustible de un cohete espacial, que había sido abandonado en el espacio y finalmente se había desintegrado en la atmósfera. Los cohetes son una de las fuentes más comunes de basura espacial, ya que frecuentemente algunas piezas del cohete quedan en órbita y acaban cayendo a la Tierra de forma descontrolada. La hora y lugar de caída de tales fragmentos es prácticamente impredecible. Además, las piezas que forman los cohetes son más voluminosas y pesadas que las de los satélites, por lo que tienen mayor riesgo de sobrevivir a la reentrada atmosférica —en la que normalmente la mayor parte de la basura espacial se desintegra— y acabar impactando en la superficie de la Tierra.

Tradicionalmente, el riesgo de que la basura espacial de los cohetes cause víctimas humanas en su caída a la Tierra se ha considerado despreciable. En Estados Unidos existe un estándar para limitar la probabilidad de tales accidentes, pero el propio ejército del país no aplicó ese estándar en más de la mitad de sus lanzamientos entre 2011 y 2018.

Este nuevo análisis publicado en la revista Nature Astronomy pone de manifiesto que, dada la creciente cantidad de lanzamientos espaciales, la probabilidad de que uno de estos fragmentos haga daño a una persona es cada vez más alta. Michael Byers y colaboradores estiman en un 10 % la probabilidad de que la caída de restos de un cohete cause víctimas humanas en la próxima década. A esto hay que sumar el riesgo de daños a infraestructuras, que es mucho más elevado.

Los autores de este análisis van más allá, al poner de manifiesto el hecho de que, dada la distribución de la población mundial, y el riesgo de caída de este tipo de basura espacial según la latitud, algunos países del sur global tienen unas probabilidades considerablemente mayores de sufrir este tipo de accidentes que los países responsables del mayor número de lanzamientos, como Estados Unidos, China, Rusia y los estados europeos, situados principalmente en latitudes por encima de los 30 º, donde el riesgo es menor.

Existen tratados internacionales que en cierta medida regulan las actividades espaciales, pero en muchos aspectos estos tratados, elaborados en los años 60 y 70 del siglo XX, han quedado obsoletos y son insuficientes para regular el nuevo escenario que se está abriendo para el sector espacial. Por su parte, las legislaciones nacionales en materia espacial suelen estar hechas a la medida de cada país y sus intereses particulares. Por todo esto es necesario impulsar una ética espacial, análoga a la bioética. La ética espacial reflexiona de forma amplia sobre los problemas del espacio, como la caída de basura espacial, e impulsa el diálogo informado entre conjunto de la sociedad civil. Solo así es posible sentar las bases para que el derecho espacial pueda desarrollar una legislación internacional justa para el conjunto de la población mundial.

Por otra parte, y tal y como advierten los autores de este análisis publicado en Nature Astronomy, existen similitudes entre este problema de la basura espacial y otros problemas mucho más graves, de tipo ambiental y por tanto social y económico, asociados a la crisis climática y ecológica, en el sentido de que son los intereses particulares y cortoplacistas de una minoría de países y empresas los que paralizan las transformaciones necesarias. En un ejemplo más de falta de multilateralismo, una minoría de países y grandes empresas están impulsando un nuevo sector espacial hecho a la medida de sus intereses, que acabará trayendo consecuencias.

En definitiva, es absolutamente necesario y urgente un impulso multilateral en el que los diferentes países del mundo, a la luz del conocimiento científico, pongan en marcha acciones internacionales contundentes para regular una multitud de actividades, incluidas las espaciales, que actualmente se están desarrollando de forma descontrolada y amenazan el futuro próximo de la humanidad.

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