Los incendios que asolaron Australia en el verano austral 2019-2020 y la gran cantidad de aerosoles de biomasa liberados a la atmósfera como consecuencia de estos permitió al equipo de John Fasullo, del National Center for Atmospheric Research (NCAR) de EE. UU., asociar estas excepcionales emisiones con un enfriamiento oceánico causado por la mayor reflexión de radiación solar de las nubes originado por esta liberación excepcional de aerosoles de biomasa. El equipo también descubrió que este enfriamiento intensificó el fenómeno de La Niña que se formó en 2020.
Mientras que hasta ahora la geoingeniería se había propuesto como una solución —no exenta de efectos colaterales e incertidumbres y envuelta en permanente controversia— para frenar el calentamiento global durante décadas, los autores de este trabajo el uso de estas mismas técnicas en una escala temporal menor, como la asociada a fenómenos como El Niño, para su utilización por un periodo temporal limitado y como una herramienta para ayudar a mitigar los impactos de estos eventos específicos que casi con seguridad producirían daños significativos. Los autores señalan que los análisis económicos asociados a eventos de El Niño de gran magnitud le han costado a la sociedad billones de dólares en daños, y cualquier intento para reducir su magnitud, por ejemplo, reduciendo el brillo de la capa de estratocúmulos marinos aumentando la concentración de ciertos aerosoles, podría explorarse como una forma de mitigar las pérdidas personales y materiales asociadas a estos eventos extraordinarios.
Este trabajo constituye una exploración teórica basada en experimentos numéricos sobre la viabilidad de utilizar técnicas de geoingeniería para controlar eventos extraordinarios ligados a la variabilidad natural, y no al actual cambio climático de origen antrópico, como es el caso de los eventos excepcionales de El Niño. Actualmente, que nos encontramos inmersos en un evento de El Niño que las predicciones estacionales estiman que puede ser tener una intensidad excepcional, es muy oportuno este trabajo que ha simulado eventos extraordinarios de El Niño pasados y cómo habrían evolucionado si se hubiese forzado con aerosoles un aumento del brillo de los estratocúmulos marinos. Este trabajo concluye que se habrían atenuado los impactos de El Niño, siendo más efectiva esta atenuación cuanto antes se hubiese producido esta liberación de aerosoles una vez comenzado el evento.
Se trata de una propuesta novedosa del uso de técnicas de modificación artificial de las nubes que, desde hace muchos años y con tasas de éxito altamente variable, se viene utilizando para supresión del granizo, incremento de la precipitación, etc. en escalas mucho más pequeñas que las aquí se proponen. En este caso se trata de intervenir para cambiar el balance radiativo sobre una zona mucho mayor, de miles de kilómetros, y en escalas de tiempo de meses o estaciones. Es de suponer que este trabajo dará lugar a otros muchos trabajos en los que se exploren formas de mitigar extremos meteorológicos y climáticos, origen de tantas pérdidas humanas y materiales.