Impacto emocional del accidente entre los dos trenes de alta velocidad en familiares, supervivientes y usuarios
El accidente entre dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) ocurrido este domingo por la tarde ha provocado al menos 39 muertos y más de un centenar de heridos. El impacto emocional del siniestro afecta tanto a familiares de las víctimas mortales como a supervivientes y a usuarios de este medio transporte.
EFE/ Captura de vídeo de la Guardia Civil
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Rafael Castro Delgado
Doctor en Medicina, profesor titular de Medicina de Urgencias de la Universidad de Oviedo, médico de urgencias (SAMU-Asturias), investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Asturias, coordinador del Grupo de Investigación en Asistencia Prehospitalaria y Catástrofes, director de la Red de Investigación en Asistencia Prehospitalaria y asesor de grupos de trabajo técnico de la OMS relacionados con emergencias y desastres
El accidente ferroviario ocurrido en Adamuz no tiene únicamente consecuencias físicas inmediatas; el impacto emocional puede ser profundo y prolongarse en el tiempo, afectando no solo a las víctimas directas, sino también a sus familias, a los supervivientes y, en menor medida, a la población que utiliza habitualmente el tren de alta velocidad.
En el caso de los familiares de las personas fallecidas, el duelo suele estar marcado por la brusquedad de la pérdida, la incertidumbre de las primeras horas y, en ocasiones, por una exposición mediática difícil de manejar. Todo ello puede favorecer la aparición de ansiedad, síntomas depresivos o procesos de duelo complicado, lo que hace especialmente importante diferenciar las reacciones emocionales esperables ante una pérdida traumática de aquellas que requieren una intervención psicológica especializada y sostenida en el tiempo.
Entre los supervivientes, incluso cuando las lesiones físicas han sido leves, no es infrecuente la aparición de reacciones de estrés agudo, recuerdos intrusivos, dificultades para dormir o un miedo persistente relacionado con el viaje. Si estos síntomas no se identifican y abordan de forma precoz, existe el riesgo de que evolucionen hacia un trastorno de estrés postraumático que requiera un tratamiento específico y especializado.
No tenemos que olvidar a los primeros intervinientes (personal de emergencias médicas, bomberos, policías y voluntarios), los cuales también pueden verse afectados emocionalmente por la magnitud del accidente. La exposición directa a escenas traumáticas, la presión para tomar decisiones rápidas y la sensación de responsabilidad frente a las víctimas pueden generar estrés agudo, ansiedad o dificultades para procesar la experiencia.
La atención psicológica y el acompañamiento posintervención son fundamentales para prevenir agotamiento, burnout o síntomas de estrés postraumático en estos profesionales, lo que debe de enfocarse desde una perspectiva proactiva por parte de los responsables de los servicios de emergencias mediante la implantación de programas de atención psicológica a profesionales.
El impacto del accidente se extiende también a los usuarios habituales de la alta velocidad. Tras un suceso de estas características, es comprensible que se produzca una pérdida temporal de la sensación de seguridad y un aumento del temor a viajar. En este contexto, una comunicación institucional clara, rigurosa y transparente resulta clave para reducir la alarma social y recuperar la confianza.
La experiencia acumulada en la gestión de emergencias pone de manifiesto que integrar de forma adecuada, tanto en forma como en tiempo, la atención psicológica y psicosocial en la respuesta a estos eventos es fundamental para aliviar el sufrimiento y prevenir consecuencias negativas a medio y largo plazo.
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Antonio Puerta Torres
Responsable del Gabinete de Psicología de la Policía Municipal de Madrid
En los atentados del 11 de marzo fui el subcoordinador del dispositivo de emergencias del Colegio de Psicólogos de Madrid, estaba en el equipo del Grupo de Trabajo de Emergencias del Colegio.
[En cuanto al accidente de los dos trenes de Adamuz] Con una tragedia de estas características, con un volumen de muertos tan elevado, tienes impacto entre las víctimas primarias, que serían los heridos, con una cifra, no he visto los últimos datos, que puede llegar a los 200 o más, con las secuelas tanto físicas como psicológicas que puedan acarrearles. Luego están las víctimas secundarias, todos los familiares de todos los fallecidos, que el volumen está aumentando por momentos, más los heridos graves, y las víctimas terciarias, a más largo plazo, que van a ser todos los intervinientes que tienen que trabajar en esta situación, desde el minuto cero hasta, seguramente, una semana, que continuarán en estas labores: equipos de emergencia de todos los niveles, policías, sanitarios o psicólogos, también que nos incluimos.
Y luego, una catástrofe de estas características tiene una problemática, que es la misma sociedad, que una catástrofe de este nivel sacude a toda la sociedad. Hay cierta victimología de cuarto nivel, que es el impacto en personas que han vivido tragedias de índole similar, dicho vulgarmente, se les revuelven las emociones, gente que ha vivido estas situaciones, se enteran de esto y empiezan a recuperar memorias y recuerdos de lo que han vivido ellos mismos.
Ahora es este shock emocional a todos los niveles que se puede estar produciendo y luego lo que viene es cuando se habla de equipos de emergencia, entre los cuales están los de psicología, porque es labor psicológica de acompañamiento, sobre todo. Y aquí todos sabemos que, en primer lugar, cuando hay un duelo, hay una situación en la cual el psicólogo tiene unas labores de seguimiento para luego, a posteriori, ver la evolución de esa situación. Los duelos no son patológicos, pero hay que tener un seguimiento y una evaluación para ver que no se conviertan en algo que sí pueda ser más problemático a largo plazo.
El esquema previsible de lo que está sucediendo y va a suceder, ya está más que aprendido porque, por desgracia, hemos tenido tragedias de una índole similar y vemos un poco las repercusiones a los niveles que ya he dicho anteriormente.
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Ana Lillo
Psicóloga sanitaria especialista en intervención psicológica en emergencias, desastres y catástrofes
Cuando decimos que hace falta intervención psicológica en este tipo de desastres es a los familiares, a las personas heridas y a las que, aunque no estén heridas, iban en el tren o a personas que van en una línea como es la de Huelva o a Málaga desde Madrid y dicen, “me podía haber tocado a mí”.
Decimos que es importante que haya intervención psicológica porque una de las cosas que hay que hacer siempre es minimizar el posible impacto psicológico que haya y reducir esa posibilidad de que se desarrollen futuras patologías asociadas a lo que ha habido, que es un suceso potencialmente traumático. Lo que queremos con una intervención temprana en las personas que así lo soliciten, porque no todo el mundo va a necesitar intervención temprana, es estar ahí, estar presentes y dirigirnos a todas las personas que lo necesiten. Se trata de iniciar una intervención psicológica breve, focalizada, centrada en lo que acaba de suceder.
¿Y qué pretendemos? Si hay una disfuncionalidad, activar ese afrontamiento de lo ocurrido. También queremos es movilizar recursos adaptativos. Casi todos tenemos la resiliencia que de por sí en la mayoría de las personas está; activar esos recursos.
Les decimos siempre que se reúnan con gente querida, que llamen, que estén acompañadas. Es importante hacer todo este proceso y si hace falta, activar algún recurso psicológico, como por ejemplo la autorregulación emocional, o darles estrategias para que esos momentos que se viven cuando ocurre un accidente como el que el de ayer con el choque de trenes. Al final es también aumentar ese sentido de autoeficacia, darles a las personas lo que necesitan en función de cómo estén en ese momento, en ese presente, siempre desde una autonomía y empoderando a esa persona porque está correlacionado también con cómo ella va afrontándolo.
También avisamos si la intensidad y frecuencia de esa sintomatología sigue. Al principio es normal que se tenga muy disparada, pero luego tiene que ir bajando con el paso del tiempo. Si pasado un mes se sigue con una intensidad muy alta, habrá que hacer derivaciones.
En cuanto a la población general, cuando leemos una noticia así nos impacta porque somos gente con cierta sensibilidad a lo ocurrido. En general, no pasa de ese impacto, pero hay alguna persona que pudiera tener algún tipo de vulnerabilidad. Yo me acuerdo en el 11M que una de las cosas que pasó cuando la gente empezó a ver la tele, a oír noticias, es que algunas personas muy mayores llamaban a porque sentían que volvía la guerra a España. Tenían una vulnerabilidad porque habían sufrido unas experiencias bastante traumáticas y a veces depende de cómo se ven las noticias o lo que se vea o el momento, se puede necesitar atención, pero, en general, la población general no necesita esa intervención
En cualquier caso, si alguna persona siente que su trauma se dispara por algo, que consulte enseguida con el especialista que le esté llevando o en los teléfonos o en los grupos que ya se están poniendo a disposición, tanto en Madrid como en Huelva, para recibir atención psicológica y que pase por un filtro de un profesional y le diga algo que le ayude.
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Fernando A. Muñoz
Profesor de Psicopatología y Psicología Clínica del CES Cardenal Cisneros
En la actualidad, habría básicamente tres grandes grupos de afectados directos por la situación:
- Familiares de fallecidos.
- Pasajeros que iban en los trenes accidentados, especialmente los heridos.
- Familiares/conocidos de pasajeros de los trenes accidentados.
La sintomatología más frecuente en las primeras horas es de tipo ansioso-depresivo, y la intensidad/gravedad de los síntomas depende de múltiples factores. Habrá que valorar la situación de cada persona de forma individual.
Es muy importante la gestión global que se realice de la situación crítica ocurrida, (información y asistencia que reciban, logística, etc.) y especialmente la asistencia psicológica que se les facilite en estos momentos en los centros de atención a familiares/hospitales para afrontar la situación actual, adaptada a las circunstancias concretas de cada persona, ya que ayudará al manejo de los síntomas y de su adaptabilidad psicológica ante el accidente que han sufrido.
En cuanto a los usuarios de la red ferroviaria, es posible la aparición de cierta ansiedad expectante y en algún caso conductas evitacionales; la información que se traslade a la población y la gestión que se realice del doble accidente, influirá de forma notable en la respuesta poblacional.