¿Son demasiado largas las vacaciones escolares de verano en España? Qué sabemos sobre su impacto académico y en el bienestar de la infancia

Las vacaciones de verano en los centros educativos de España son de las más largas en Europa, y cada año se reabre el debate sobre si su duración es correcta o excesiva. ¿Afectan a los conocimientos y habilidades adquiridos? ¿Pueden repercutir en el bienestar? ¿Lo hacen en todos los niños y niñas por igual? ¿Cómo podría mejorarse el verano de la infancia y la adolescencia?

colegio

Un grupo de estudiantes está entrando a su centro escolar. EFE/ Pepo Herrera.

¿Cuánto duran las vacaciones escolares de verano en España respecto a otros países? ¿Cuál es su origen?

Las vacaciones de verano duran en nuestro país unas 11 semanas en general, con regiones que llegan hasta las 12 . Esto supone que pueden acumular entre 77 y 84 días de descanso, mientras que la media de los países de la OCDE estudiados no llega a nueve semanas, con unos 62 días de promedio.

Según datos de la Unión Europea, España es uno de los países que acumula mayores vacaciones de verano. En general, y si se excluyen algunos países como Letonia o Estonia, se aprecia un cierto gradiente sur-norte, con mayores descansos en los países del Mediterráneo. Las 11 semanas de España son superadas por las más de 12 y las cerca de 14 de Grecia o Italia, respectivamente, mientras que Francia acumula ocho, y Alemania o los Países Bajos apenas seis. En general, los países con menos vacaciones de verano incorporan semanas de descanso durante el curso escolar, principalmente, en octubre y febrero.

Aunque los periodos de descanso son necesarios y beneficiosos, las vacaciones de verano no surgieron esencialmente por criterios pedagógicos o psicológicos, sino por necesidades económicas: ya desde el siglo XIX, su existencia permitía que los niños y niñas participaran en la recogida de las cosechas. A ello se le unió una cierta necesidad urbana por escapar del calor y “con el tiempo este calendario se institucionalizó, convirtiéndose en una mezcla de tradición, preferencias culturales y percepciones sobre la importancia de un descanso prolongado para estudiantes y docentes”, según expone un informe de la asociación Argentinos por la Educación.

A ello se le unió el desarrollo e implantación del turismo, para el que el verano se convirtió en un periodo clave. Esto constituye un elemento de resistencia ante la posibilidad de acortar las vacaciones escolares, como se puede apreciar, por ejemplo, en las protestas de hosteleros y asociaciones de empresas turísticas de la Comunitat Valenciana, que piden retrasar la vuelta al colegio para alargar la temporada alta de turismo.

Sin embargo, pedagógicamente existen dudas razonables sobre la conveniencia de unas vacaciones escolares tan largas como las que ya existen en España. Un periodo tan prolongado parece propiciar cierta pérdida de conocimientos y habilidades, lo que se conoce como summer learning loss y puede afectar al bienestar físico y emocional de niños y niñas, especialmente, en entornos socioeconómicos más vulnerables.

¿Qué evidencias existen sobre los efectos negativos de unas vacaciones demasiado largas?

En los años 90, una revisión de estudios en Estados Unidos consolidó el concepto del summer learning loss al concluir que las vacaciones de verano suponían un retroceso académico equivalente aproximadamente a un mes escolar, que era más acusado en matemáticas que en lectoescritura y que a nivel verbal había una diferencia según el nivel socioeconómico de las familias: en las clases medias y altas no solía apreciarse el retroceso que sí tendía a suceder en las más vulnerables, probablemente, porque el entorno mantenía suficientes estímulos de ese tipo durante el verano.

Sin embargo, otros análisis y estudios posteriores dieron lugar a una mezcla de resultados no del todo concluyentes: aunque bastantes veces se reproducían las conclusiones, en otras ocasiones la magnitud del efecto era menor o apenas se observaba. Y podía variar según el tipo de análisis, de datos o según la edad (tiende a ser mayor en secundaria que en primaria).

Una revisión reciente y exhaustiva, que incluyó información de 76 estudios y más de 14 millones de estudiantes, apoyó, sin embargo, los resultados anteriores. Las vacaciones de verano suponían un retroceso académico, especialmente en matemáticas, ya que solo los niños y niñas de familias más vulnerables tendían a retroceder en lectoescritura. Además, también repercutía en la salud, con mayores tasas de sedentarismo, mayor grasa corporal y más tiempo de pantallas durante las vacaciones, especialmente en familias de bajo nivel socioeconómico. El 80 % de los estudios se realizaron en Estados Unidos, donde la duración media de las vacaciones es ligeramente inferior pero muy similar a la de España.

Informes de la OCDE asumen la pérdida que se puede producir en verano, que tiende a ser mayor en matemáticas y cambia según el nivel socioeconómico
 

Por otro lado, hay muy pocos estudios que valoren el posible impacto positivo de una modificación en el calendario. Lo más analizado es lo que se conoce como year-round school, una iniciativa surgida en algunos centros de Estados Unidos, aunque no es equivalente. Supone repartir todo el año en periodos de 45 días lectivos y 15 de descanso, sin vacaciones largas de verano. Aunque parece que pueden reducir en cierta medida el summer learning loss, los datos y el tipo de estudios no permiten sacar conclusiones, incluyen ciertas contradicciones en los resultados y el efecto podría estar mediado por aprovechar los periodos de descanso para atender a los niños y niñas que más lo necesitan.

Con todos estos datos, informes de la OCDE recogen y asumen la pérdida que se puede producir en verano, que tiende a ser mayor en matemáticas y que cambia según el nivel socioeconómico.

En vista de estas evidencias, ¿habría que acortar las vacaciones en España?

Para Daniel Gabaldón, profesor de Sociología de la Educación en la Universidad de Valencia, “hay un efecto olvido por falta de práctica y afianzamiento”, a lo que se une un elemento de desigualdad, porque “mientras unos siguen expuestos a elementos de tipo intelectual, otros pasan la mayor parte del tiempo frente a pantallas”, declara al SMC España. Y esta brecha es incluso nutricional, ya que “los cierres escolares prolongados implican que muchos niños y niñas no tienen acceso a una alimentación saludable”. Según el sociólogo, “sería preferible acortar las vacaciones de verano e introducir semanas de descanso durante el curso, pausas que podrían ayudar al profesorado a hacer balance y que se pueden usar para atender a alumnos con dificultades”. Aunque entiende “la dificultad de organización, en algún momento deberíamos tener el debate sobre si las vacaciones del profesorado son vacaciones laborales o escolares”.

Por su parte, según explica al SMC España Maria Truñó, exdirectora del Instituto Infancia y Adolescencia de Barcelona y actual directora de la iniciativa catalana Aliança Educació 360, “el fenómeno de pérdida educativa durante el verano es conocido. Las desigualdades más allá de la escuela existen todo el año, pero se amplifican durante las vacaciones. Realmente, hay una dualidad de veranos”. Según la experta, “sería oportuno que este periodo se acortara, sobre todo teniendo en cuenta las escasas políticas de cuidados y de conciliación que tenemos, lo cual no significa necesariamente que se trate de un tiempo lectivo, pero sí un tiempo de escuela que tenga valor socioemocional y que sirva como antídoto frente a males sociales. Que vaya más allá de lo puramente académico, sobre lo que por supuesto también influye”.

Rafael Feito, catedrático de Sociología en Universidad Complutense de Madrid y especialista en Sociología de la educación, lamenta que muchas veces en educación “faltan evidencias y datos para manifestarse de forma contundente”, así como que en España se pierden muchas veces oportunidades para generar dichas evidencias. En cualquier caso, “parece que el modelo ideal a seguir sería el de hacer una pausa escolar cada siete semanas lectivas, aunque lo más conveniente no parece siempre lo más factible”, plantea al SMC España.

El modelo ideal sería hacer una pausa escolar cada siete semanas lectivas, aunque lo más conveniente no parece siempre lo más factible

Rafael Feito

¿Qué problemas supone un cambio de este tipo en el calendario escolar?

Además de la necesaria reestructuración en la organización de las escuelas, estos son algunos de los obstáculos que pueden plantearse si se pensara o decidiera modificar el calendario escolar y reducir las vacaciones de verano:

  • El calor. Las altas temperaturas en verano, crecientes debido a la crisis climática, dificultan la estancia del alumnado en las escuelas que no están preparadas. Este es un problema que ya existe con el calendario actual y que podría incrementarse si se modificara. Para los expertos, es un asunto que debería abordarse independientemente de cambios en el calendario. “La mitad de las escuelas en Cataluña no están preparadas para el clima actual. Necesitamos un salto real ya”, explica Truñó. Tanto Gabaldón como Feito lamentan la desigualdad entre colegios y otros grandes edificios públicos. “¿Cómo puede ser que museos con miles de metros cuadrados estén perfectamente climatizados y muchas escuelas no?”, se lamenta Gabaldón.
  • La necesidad de descanso. Uno de los argumentos en contra de la modificación escuchados en ocasiones es la necesidad de descanso de los alumnos y alumnas. “Por supuesto que es necesario”, admite Gabaldón, pero el cambio introduciría semanas de pausa dentro del curso y las vacaciones de verano serían suficientemente amplias. De hecho, “cierta desestructuración es positiva, pero no si se prolonga demasiado. También necesitan repetición de patrones”, explica el sociólogo.
  • Se perdería tiempo de convivencia familiar. Las vacaciones de verano son un periodo para estar juntos y vivir experiencias diferentes. Este es un hecho positivo que, sin embargo, se enfrenta con la realidad porque la extensión de las vacaciones escolares supera en mucho las vacaciones laborales. Bastantes niños y niñas pueden tener difícil disponer de “una estructura y acompañamiento en verano”, explica Gabaldón. Además, cabe recordar que hasta “uno de cada tres niños y adolescentes no pueden permitirse una semana de vacaciones fuera de su hogar habitual”, apunta Truñó.
  • La introducción de semanas de descanso durante el curso afectaría a la conciliación. Este es un argumento que según Gabaldón también se da en verano y que no supondría un obstáculo mayor. “Muchos países ya lo hacen y plantean iniciativas y actividades en esos periodos”.

¿Existe alguna iniciativa de este tipo en España?

En España, solo una comunidad autónoma ha realizado una iniciativa en este sentido, aunque de forma parcial. Desde 2016, Cantabria sigue un calendario que incluye alrededor de una semana de descanso sobre noviembre y febrero, pero apenas reduce en uno o dos días las vacaciones de verano (renuncian para ello a la mayoría de puentes). “La medida fue puesta en marcha desde la Consejería de Educación con el respaldo de los sindicatos docentes”, explica al SMC España Marta García, socióloga especialista en investigación en inclusión y participación educativa y social en la Universidad de Cantabria. “No existen evidencias del acuerdo o desacuerdo del profesorado, aunque al menos públicamente no se han manifestado en contra de este calendario”, explica, aunque reconoce que “nunca se hizo un estudio previo para conocer la opinión de la comunidad educativa sobre esta iniciativa”.

¿Es realmente un periodo de desconexión si tienes que seguir acudiendo todos los días a tu colegio, aunque sea a realizar actividades más lúdicas?

Marta García

Hasta el momento no se ha hecho aún ninguna evaluación y no hay evidencias sobre sus resultados. “El pasado curso, desde la Consejería de Educación [de Cantabria] se anunció la realización de un estudio para evaluar su funcionamiento después de una década de implantación”, explica García. “A lo largo de estos años, el mayor número de críticas ha venido de las familias, dadas las dificultades en muchos casos de acompañar a sus hijos e hijas durante los periodos de descanso. Estas dificultades, no olvidemos, son mayores en las familias más vulnerables”, explica la socióloga, quien añade que “desde las distintas administraciones existe una oferta de actividades para los periodos no lectivos, si bien cabe preguntarse: ¿sirven realmente estos periodos como descanso para el alumnado si tienen que seguir pendientes de horarios para asistir a estas actividades? ¿Es realmente un periodo de desconexión si tienes que seguir acudiendo todos los días a tu colegio, aunque sea a realizar actividades más lúdicas que las habituales?”

¿Cuál sería la medida concreta más beneficiosa que se podría tomar en el calendario escolar?

El calendario escolar y las vacaciones de verano son solo uno de los muchos aspectos que pueden influir en la educación, un campo con muchas variables y de gran complejidad. Preguntados por la medida que considerarían más efectiva dentro de los horarios escolares, tanto Gabaldón como Feito valoran positivamente la posibilidad de recortar la pausa de verano e introducir semanas de descanso en los trimestres. También reconocen los posibles beneficios de la jornada partida respecto a la intensiva.

Sin embargo, ante la medida concreta más efectiva, ambos coinciden en su respuesta: retrasar la hora de entrada al instituto en la educación secundaria. “No tiene sentido que comiencen más temprano que en primaria cuando precisamente su ritmo circadiano está retrasado. Esto hace las clases ineficientes”, resume Gabaldón. “Además”, añade Feito, “en España hay más horas lectivas en secundaria que la media de otros países, pero en menos días”.

Más allá de un cambio en el calendario escolar, ¿qué debería hacerse para mejorar el bienestar de la infancia y juventud en el verano?

“El derecho al tiempo libre y al juego en la infancia y la adolescencia es un derecho fundamental”, recuerda Truñó. Teniendo en cuenta la dualidad de veranos posibles según el nivel socioeconómico, “el sistema público debería garantizar un mínimo de oportunidades en este periodo para que los derechos no dependan del código postal”. Estas iniciativas no tienen por qué ser necesariamente educativas en el sentido lectivo, sino que pueden ser de diferentes tipos: artísticas, deportivas… “Lo importante es que conecte con los intereses del niño y que promueva su bienestar psicosocial”, explica. Para Feito, es necesario “garantizar espacios de socialización y una comida sana. Se debe legislar también sobre la infancia, es una necesidad fundamental”.

El derecho al tiempo libre y al juego en la infancia y la adolescencia es un derecho fundamental

Maria Truñó

Como directora de la Aliança Educació 360, Truñó es una de las impulsoras de la iniciativa “A l'estiu ens hi juguem molt” (“En verano nos jugamos mucho”), una propuesta secundada por más de 5.000 organizaciones en Cataluña, incluyendo el Colegio de Psicólogos o la Sociedad Catalana de Pediatría, que propone como meta inicial y fundamental garantizar de forma pública el acceso durante dos semanas a actividades lúdicas socioeducativas. En verano de 2025, el Parlamento de Cataluña aprobó por unanimidad una moción que reconocía el ocio de verano un derecho para los niños y sus familias y una obligación de la Administración, así como se comprometía a garantizar mediante una partida presupuestaria las dos semanas propuestas. Su puesta en marcha, sin embargo, sigue en espera.

 

Artículo redactado por:
Jesús Méndez
Jesús Méndez González
Colaborador del SMC España

Periodista y escritor científico freelance. Licenciado en Medicina, doctor en Bioquímica y exinvestigador de la epigenética del cáncer. Máster en Comunicación Científica.

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