La singularidad, el punto en el que las máquinas superarán en inteligencia a la humanidad, está cerca. Una tecnología “proporcionará herramientas para combatir eficazmente la pobreza, limpiar nuestro medio ambiente, superar las enfermedades, prolongar la longevidad humana y muchas otras actividades que merecen la pena”. Pero ¡cuidado! Esta “también puede utilizarse para amplificar y potenciar nuestro lado destructivo”. Podría acabar con la humanidad.
Las líneas anteriores parecen hacer referencia a la inteligencia artificial, sin embargo, están extraídas del libro de 2005 La singularidad está cerca, del hoy consejero de Google Raymond Kurzweil, y hablaban de la nanotecnología. Este campo, como tantos otros antes y después, acaparó titulares, promesas y advertencias a comienzos del siglo XXI. Veinte años después sus contribuciones son reales, pero más modestas que la cura del cáncer o la destrucción del ser humano que se vaticinaban.
La exageración socava la confianza pública hacia la ciencia. Los medios tienen el poder de moderar las expectativas, de evitar falsas esperanzas y pánicos, así como de explicar con rigor el potencial de los avances científicos. De no lograrlo, el periodismo corre el riesgo de convertirse en altavoz acrítico de notas de prensa, empresas e investigadores, en lugar de ser filtro de la información. No se trata de despreciar logros reales, sino de contextualizarlos y ponderarlos. Reunimos aquí algunos consejos sobre cómo detectar el hype y qué hacer a continuación.
1. Aprende a mirar bien el paper
Una tarea básica es evaluar la importancia de una investigación, normalmente a partir de un paper publicado en una revista. Para ello hay numerosas preguntas que hacerse:
- ¿Se ha estudiado todo esto con seres humanos o con ratones?
- ¿Es un ensayo clínico controlado?
- ¿Es un estudio observacional?
- Si es un estudio observacional, ¿existe el riesgo dar a entender que existe causalidad, cuando no la hay?
- ¿Los datos se obtienen a partir de encuestas autorreportadas?
- ¿El análisis estadístico es robusto o hace aguas?
- ¿Existen intervalos de confianza amplios en los resultados?
- ¿Es un estudio individual que se limita a analizar ciertos factores sobre un tema del que hay muchos otros factores que tener en cuenta?
- ¿No es un estudio individual, sino una revisión sistemática o un metaanálisis?
- ¿Dejan claros los posibles factores de confusión y limitaciones?
- ¿Cuáles son las conclusiones sobre las aplicaciones a la vida real?
- ¿Las conclusiones son generalizables a otros ámbitos diferentes al del propio estudio, por ejemplo, a otras poblaciones o países?
- ¿Las herramientas de comunicación (notas de prensa, ruedas de prensa) que han preparado las organizaciones responsables del trabajo reflejan sus posibles limitaciones?
En definitiva: ¿el anuncio de ese avance en apariencia tan revolucionario podría traer una dosis de hype?
Por ejemplo, un estudio reciente sugería que una semana sin redes sociales podría mejorar la salud mental en jóvenes. Al analizarlo, se veía que, a pesar de ser un buen estudio en su campo, los datos estaban afectados por percepciones subjetivas, no había grupo control, la autoselección de los participantes era una limitación... Finalmente, un titular categórico, por muchos clics que prometiera, no se sostenía con esos resultados.

2. Entiende bien el campo y sus limitaciones
Igual que papers concretos tienen limitaciones concretas, existen campos construidos sobre estudios que comparten esas limitaciones. Entenderlas es fundamental a la hora de transmitir los nuevos hallazgos y saber si los cimientos son sólidos o no.
Los pasos del punto 1 son útiles cuando nos enfrentamos a un estudio individual, pero no es tan fácil prepararnos cuando hablamos de campos enteros de la ciencia que copan medios de comunicación y revistas científicas. La lista de temas de moda es larga: nanotecnología, grafeno, edición genética, inteligencia artificial, microbioma, epigenética, neurociencia aplicada, computación cuántica, fusión nuclear, psicodélicos, microplásticos, efectos de los móviles sobre la salud mental…
Por todo ello, el primer paso es cambiar el foco. Aquí ya no hay que revisar si la metodología de un estudio individual es floja o si un ensayo clínico en particular no ha obtenido los resultados esperados. Se trata de entender:
- ¿Por qué se habla y publica tanto de ese tema?
- ¿Cuál es su potencial real?
- ¿Cuáles son sus debilidades?
- ¿Qué falta por saber?
- ¿Qué problemas tienen en común los trabajos que se publican en ese campo? (Y vuelta al punto 1).
- ¿Se está aprovechando la falta de evidencias para dar saltos de fe?
- ¿Qué exageraciones existen a su alrededor?
- ¿Qué intereses hay detrás?
- ¿Hay críticas o controversias en la comunidad investigadora?
Por ejemplo, en este artículo reciente, investigadores del microbioma señalaban las imprecisiones y exageraciones que se están popularizando. No cuestionaban la importancia de los estudios sobre el microbioma ni su impacto en la salud humana, sino que trataban de concienciar sobre las ideas erróneas para evitar proyectos de investigación improductivos y preservar la confianza del público. Cuando en Estados Unidos se abrió un programa de 50 millones de dólares para investigar la relación del microbioma y el autismo, un grupo de investigadores publicó que la idea era “un castillo de naipes” cuyo “hype” iba “más allá de las evidencias”.
3. Evalúa el balance entre las promesas y los logros
Este consejo, que sirve para cualquier periodista, suele ser cierto en ciencia: si parece demasiado bonito para ser cierto, quizá lo sea. Por desgracia, las revoluciones científicas drásticas son infrecuentes y el avance del conocimiento suele implicar mucho más trabajo y tiempo de lo que nos gustaría.
Cuando un campo científico empieza a ser popular no siempre se trata de algo nuevo que todavía está en pañales, es frecuente que tenga décadas de vida. En ocasiones, muchas. Gracias a eso es posible comprobar si todos esos papers y expectativas se han ido traduciendo en resultados y en qué medida.
- ¿Hay algún resultado establecido con un amplio consenso?
- ¿Qué cambios ha provocado este logro en su disciplina?
- ¿Existe un producto aprobado o ya en el mercado?
- ¿Para qué usos funciona?
- ¿Ha colmado las expectativas iniciales?
- Si aún no hay resultados contundentes, ¿se estima cuánto tiempo se espera que tarden en llegar?
- ¿Qué inversiones o esfuerzos de investigación se están haciendo al respecto?
Esto es especialmente importante en aquellos casos en los que se promete un bálsamo de Fierabrás capaz de supuestamente revolucionar todo, desde la medicina a los materiales.
Por ejemplo, veinte años después de la secuenciación del primer genoma humano por parte del Proyecto Genoma Humano, algunas voces señalan que todos esos datos han tenido una repercusión minúscula en clínica.

4. Vigila los intereses económicos
La frase “sigue el dinero” es un latiguillo recurrente en periodismo. Si un campo hace mucho ruido en forma de estudios y atención mediática es porque tiene potencial, también económico. Por lo tanto, es frecuente que existan detrás organizaciones que tengan un especial interés en mostrar sus avances como revolucionarios.
- En algunos casos es muy fácil de detectar: las farmacéuticas destinan millones a ensayos clínicos que, si se traducen en tratamientos aprobados, reportarán intereses comerciales. La industria de la IA ha recibido una financiación tan importante que cada vez más se habla de una burbuja que podría desatar una crisis económica al reventar.
- En otros casos no es tan evidente. Quizá el investigador haya creado una spin-off o logrado alguna patente, por lo que, lógicamente, tenga intereses en que su campo se perciba como rompedor. Quizá el avance se venda como un hito, pero sea solo algo cosmético con el objetivo de que una compañía obtenga titulares y, gracias a eso, financiación. Es la crítica que ha recibido la empresa Colossal Biosciences, famosa por conseguir titulares en los que asegura estar más cerca de recuperar especies extintas.
- También es posible que se exageren las expectativas de un campo con la esperanza de conseguir fondos en un sistema ultracompetitivo. Un artículo reciente analizó las actitudes de los físicos cuánticos hacia el sensacionalismo en la comunicación científica. Los participantes reconocieron su papel en la creación del hype como estrategia para obtener financiación y lo justificaban culpando al sistema académico.
- Cuidado: que existan intereses económicos no implica, en absoluto, que la ciencia sea menos valiosa, ni tampoco que dichos intereses sean poco legítimos; sí implica que hay que tenerlos en cuenta al reportar sobre esas investigaciones, porque es posible que influyan en la comunicación y haya que investigar más para dimensionar su magnitud con contexto.

5. Detecta conflictos de interés menos visibles
Las fuentes científicas pueden tener conflictos de interés y esto no debería ser problemático per se, siempre que se conozcan y estén declarados, como explicábamos en este artículo.
- Es fácil tener en cuenta si un investigador trabaja para una empresa, ha recibido financiación de la industria o tiene una patente a su nombre.
- Sin embargo, a veces los conflictos de interés son más invisibles: pueden ser ideológicos, relacionados con la forma en la que vemos el mundo y qué tipo de soluciones para sus problemas nos atraen.
- O, a veces, simplemente porque somos humanos y el trabajo de investigación es largo y duro, una fuente podría no ser capaz de reconocer que el campo al que dedica sus esfuerzos desde hace años es aún menos robusto de lo que le gustaría.
6. Busca fuentes fiables e independientes
La solución a lo anterior pasa por buscar otras fuentes independientes. Contar con fuentes veraces, acreditadas y variadas es siempre un buen consejo, especialmente importante cuando el hype y la incertidumbre se abrazan.
- En este sentido, una diversidad de voces ayuda a entender cuáles son los consensos, cuáles son los disensos, qué investigadores tienen visiones discordantes y por qué.
- La complejidad de este ejercicio reside en no practicar la equidistancia, ni dar voz a personas ajenas al campo o sin el conocimiento necesario para evaluarlo; sino en considerar los puntos de vista de otras fuentes con proximidad epistemológica al tema, que puedan aportar una visión más amplia y enriquecedora.
7. Acércate a cada historia con curiosidad y humildad
Rara vez las historias se escriben solo con blancos y negros. El gran reto, en definitiva, está en hacer uso de un escepticismo sano, al mismo tiempo que mantenemos nuestra curiosidad y humildad.
- Si fallamos por un extremo, corremos el riesgo de convertirnos en groupies acríticos que se limitan a repetir lo que dice una nota de prensa, un investigador o un paper.
- Si fallamos por el otro extremo, podemos acabar abrazando el nihilismo y el descreimiento hasta el punto de rechazar y poner en duda cualquier avance.
- Y algo más. ¿Cuántas veces habremos aplaudido al leer la nota de prensa de un paper que dice lo que queremos oír y que nos gustaría cubrir con un titular rotundo? Y, al contrario, ¿no es molesto asumir evidencias que chocan con nuestra propia cosmovisión? El periodista científico no solo debe tener cuidado con los sesgos de los demás, sino también con los sesgos propios, más difíciles de detectar, aceptar y atajar.
Esta lista de consejos no es una tabla de mandamientos tallada en piedra; al contrario, pretendemos que esté viva, de modo que, si te dedicas al periodismo o la comunicación de la ciencia, y tú tienes alguno más que añadir, te agradeceremos que nos lo cuentes: info@sciencemediacentre.es.