El mayor grupo conocido de chimpancés salvajes se separa y se ataca entre sí, un fenómeno muy poco usual
Las divisiones permanentes de grupos de chimpancés son muy poco habituales —un evento que ocurre una vez cada 500 años, según la evidencia genética—. La revista Science recoge la escisión del mayor grupo conocido de chimpancés salvajes tras 30 años de observaciones. Se trata de los chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale (Uganda). El grupo pasó de la cohesión a la polarización en 2015 y, finalmente, a la aparición de dos grupos distintos en 2018. A partir de ese punto se incrementó la violencia y miembros de uno de los grupos mataron, al menos, a siete machos y 17 crías del otro. En la década de 1970 en Gombe (Tanzania), se documentó otro caso de este tipo, pero los chimpancés habían sido alimentados por humanos.
Ana María Fidalgo - chimpancés
Ana María Fidalgo de las Heras
Presidenta de la Asociación Primatológica Española (APE), coordinadora del Grupo de Investigación en Primatología y codirectora del Máster en Etología Aplicada e Intervenciones Asistidas con Animales de la Universidad Autónoma de Madrid
El estudio de Sandel y colaboradores documenta de forma excepcional la fisión permanente de una comunidad de chimpancés salvajes y el grave conflicto que se genera posteriormente entre los dos grupos resultantes. Basado en casi 30 años de observaciones continuadas (lo cual también es excepcional) de la comunidad de Ngogo (Parque Nacional de Kibale, Uganda), muestra cómo una dinámica inicialmente típica de fusión–fisión da paso, a partir de 2015, a un proceso progresivo de polarización social que culmina en 2018 con una escisión estable. Esta fisión va acompañada de una separación social, espacial y reproductiva, así como de ataques reiterados con un fuerte impacto demográfico, incluyendo la muerte de varios machos adultos y numerosas crías a lo largo de varios años.
Desde una perspectiva etológica, los cambios en la estructura social no son en sí mismos extraordinarios en chimpancés y ya los estudios pioneros de Jane Goodall en Gombe documentaron una división grupal seguida de agresiones graves. Sin embargo, lo que hace especialmente relevante este caso es el carácter permanente de la fisión y que el conflicto se dirija contra antiguos miembros del mismo grupo, una vez redefinidas las fronteras sociales y la identidad grupal, algo extremadamente raro desde el punto de vista etológico. Asimismo, el uso del análisis de redes sociales permite detectar de forma objetiva la pérdida progresiva de cohesión y de individuos clave como conectores sociales, mostrando que la ruptura no es súbita, sino el resultado de un proceso acumulativo.
No obstante, como limitación relevante, cabe resaltar que el estudio se centra de forma predominante en el comportamiento y las interacciones de los machos, principales protagonistas de las agresiones y de la defensa territorial, mientras que el papel de las hembras en el proceso de fisión recibe una atención mucho menor. Dado que las hembras participan en dinámicas clave como la afiliación social, el uso del espacio, la reproducción y la dispersión, una integración más profunda de su comportamiento podría aportar una visión más completa de los factores sociales implicados en la fragmentación del grupo.
Estos resultados invitan a reflexionar sobre el papel de las dinámicas relacionales y de la cohesión social en la generación de conflictos internos graves, incluso en ausencia de marcadores culturales, sin recurrir a interpretaciones deterministas ni a analogías simplistas con la violencia humana.
Miquel Llorente - chimpancés
Miquel Llorente
Director del departamento de Psicología de la Universidad de Girona, profesor agregado Serra Húnter e investigador principal del grupo de investigación Comparative Minds
Este trabajo destaca, ante todo, por el valor incalculable de la investigación a largo plazo, algo muy poco habitual en ciencia. Tres décadas de seguimiento ininterrumpido han permitido capturar un fenómeno —la fisión permanente de una comunidad— que es extremadamente raro de observar en la naturaleza. Sin embargo, más allá de la espectacularidad de los datos, es necesario analizar el estudio con cautela científica. Aunque los autores documentan con precisión el ‘cómo’ y el ‘cuándo’ de esta ruptura, el ‘porqué’ sigue siendo, en gran medida, una inferencia basada en correlaciones. Se mencionan factores como el tamaño excesivo del grupo o la muerte de líderes clave, pero no podemos determinar con certeza si estas fueron las causas exactas o simplemente síntomas de una inestabilidad estructural previa no evaluada en el estudio. Una explicación alternativa, que el estudio no aborda, es que lo que estamos viendo no sea una ruptura de una unidad cohesiva (la comunidad), sino el colapso de un equilibrio ecológico: quizás el coste energético y social de mantener un grupo tan grande superó los beneficios de la cooperación, forzando una segregación por pura presión de recursos, más que por una ‘decisión’ social. Hubiera sido interesante, por tanto, valorar de qué manera los factores ecológicos han podido estar relacionados con la separación de la comunidad en dos.
Igualmente, considero que es fundamental advertir sobre el riesgo de utilizar términos como ‘guerra civil’ para describir estos sucesos. Aunque es una etiqueta atractiva para la comunicación pública, conlleva un peligro evidente de antropomorfismo que puede sesgar nuestra interpretación. La guerra humana implica estructuras ideológicas, identidades simbólicas y objetivos políticos compartidos que no existen de igual manera en los chimpancés. Etiquetar su violencia como tal puede llevarnos a error, ignorando que sus conflictos suelen estar anclados en mecanismos biológicos mucho más directos, como la competencia por el éxito reproductivo o el control territorial físico por el acceso a los recursos ecológicos. El paralelismo con nuestra especie es innegable en lo biológico y demográfico, pero la verdadera relevancia de este trabajo no debería ser ‘humanizar’ a los chimpancés, sino ayudarnos a entender qué mecanismos ecológicos y cognitivos compartimos asociados a los graves conflictos en estas especies. Lo que Ngogo nos enseña es que la violencia intragrupal puede escalar de forma letal cuando se rompen los mecanismos de reconciliación individuales, un hallazgo que subraya que la cohesión social es un proceso frágil que requiere un mantenimiento constante, tanto en su especie como en la nuestra.
2026 04 09 chimpancés Andreu Sánchez Megías
Andreu Sánchez Megías
Doctorando en el departamento de Psicología Social y Psicología Cuantitativa de la facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona
Los conflictos entre grupos son frecuentes en animales que compiten por los mismos recursos, ya sea alimento, territorio o el acceso a parejas reproductivas. A lo largo de la historia han sido frecuentes los conflictos y las guerras entre grupos humanos debido a diferencias culturales –por ejemplo, religiosas–. Sin embargo, también han sido frecuentes los conflictos dentro de un mismo grupo humano o guerras civiles. Este estudio documenta el primer caso conocido de conflicto entre individuos de una misma comunidad en chimpancés salvajes a lo largo de décadas y sin intervención humana, que concluyó con la muerte de varios individuos y la división permanente del grupo en dos subgrupos.
El estudio propone varias causas que pudieron influir en la tensión e inestabilidad social de la comunidad de chimpancés: un tamaño grupal demasiado grande para mantener relaciones sociales cohesivas, un cambio en la figura de liderazgo del grupo y la pérdida de varios individuos por enfermedades. Estos factores pudieron reorganizar las relaciones sociales hasta fragmentar la red social y crear dos nuevas identidades de grupo. Esta ruptura social terminó por desencadenar ataques letales entre individuos que antes habían pertenecido al mismo grupo y habían convivido pacíficamente en el contexto social previo al conflicto.
Se estima que semejantes eventos se producen solo una vez cada 500 años en chimpancés, por lo cual estas observaciones son cruciales para comprender qué factores desencadenan conflictos dentro de un mismo grupo en animales no humanos. Puesto que los chimpancés no exhiben elementos culturales humanos como el idioma o la ideología, este estudio demuestra que cambios sociales son suficientes para establecer una polarización dentro de un mismo grupo que termine en agresión mortal y el surgimiento de nuevas identidades de grupo. Esto sugiere que detrás de los conflictos dentro de un grupo humano puede haber mecanismos básicos similares que provoquen un cambio social, lo que otorga una nueva perspectiva para entender el conflicto en nuestra especie.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
- Animales
Sandel et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
- Animales