La OMS declara el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda como emergencia de salud pública de importancia internacional

El pasado sábado, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, determinó que la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC), tras consultar con las partes de la organización. El 15 de mayo se habían notificado 246 casos sospechosos y 80 fallecimientos en tres zonas de salud: Rwampara, Mongbwalu y Bunia.

18/05/2026 - 10:32 CEST
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Daniela Manno - ébola PHEIC

Daniela Manno

Profesora clínica adjunta en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido)

Science Media Centre Reino Unido

¿Cómo de preocupante es este brote?

“Este es un brote preocupante por varias razones. En primer lugar, el número de casos sospechosos notificados antes de la confirmación sugiere que la transmisión podría haber estado ocurriendo durante varias semanas antes de que el brote fuera reconocido oficialmente. En segundo lugar, el brote se está produciendo en una región afectada por la inseguridad, el desplazamiento de población y una alta movilidad de personas, todo lo cual puede complicar la vigilancia, el rastreo de contactos y la prestación de servicios sanitarios.

Un brote previo de ébola que afectó a las provincias de Kivu Norte e Ituri entre 2018 y 2020 duró casi dos años, con la inseguridad y la desconfianza comunitaria interrumpiendo repetidamente el rastreo de contactos, la vacunación y las actividades de respuesta.

Además, ahora se cree que el brote está causado por el virus del Ébola de Bundibugyo, un virus raro causante de ébola para el cual actualmente no existen vacunas ni tratamientos autorizados. Tampoco hay vacunas en fases avanzadas de desarrollo clínico que puedan desplegarse rápidamente durante el brote.

Sin embargo, es importante subrayar que la República Democrática del Congo tiene una amplia experiencia en la respuesta a brotes de ébola y la capacidad de respuesta es significativamente mayor hoy que hace una década”.

¿Qué es una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés)? ¿Cómo cambia esto nuestra comprensión de la situación o la respuesta de salud pública?

“Una PHEIC es el nivel más alto de alerta de salud pública internacional que la Organización Mundial de la Salud puede declarar bajo el Reglamento Sanitario Internacional.

Una PHEIC no significa que el brote se haya convertido en una pandemia global. Más bien, refleja que el evento se considera lo suficientemente grave como para requerir acción internacional coordinada, vigilancia reforzada, movilización de recursos y colaboración transfronteriza.

En términos prácticos, la declaración ayuda a movilizar la atención internacional, la financiación, el apoyo técnico y la coordinación entre países y agencias de salud pública”.

¿Cómo de preocupante es esa declaración de emergencia? ¿Cuándo fue la última vez que se declaró una PHEIC por ébola?

“La Organización Mundial de la Salud declaró previamente una PHEIC durante el gran brote de ébola en las provincias de Kivu Norte e Ituri en la República Democrática del Congo entre 2018 y 2020, y antes de eso durante la epidemia de ébola en África Occidental de 2014–2016.

La declaración actual refleja la preocupación por la complejidad operativa del brote, incluida la inseguridad, el movimiento de la población, la detección tardía y la implicación del virus del ébola de Bundibugyo, para el cual actualmente no existen vacunas ni tratamientos autorizados, ni vacunas en desarrollo avanzado que puedan desplegarse rápidamente”.

La OMS dice que no cumple los criterios de una emergencia pandémica. ¿Cuál es la diferencia entre una PHEIC y una emergencia pandémica?

“Una PHEIC es un mecanismo legal formal bajo el Reglamento Sanitario Internacional diseñado para activar la coordinación internacional y el apoyo ante eventos de salud pública graves.

Una pandemia se refiere a la propagación global sostenida de una enfermedad a través de múltiples países o continentes.

Los brotes de ébola pueden ser extremadamente graves y devastadores a nivel local y regional, pero el ébola no se propaga de la misma manera que los virus respiratorios como la gripe o la covid-19, y en general es mucho menos transmisible. La transmisión normalmente requiere contacto directo con fluidos corporales o materiales contaminados de una persona infectada, lo que hace que la propagación global sostenida sea mucho menos probable”.

¿Sabemos más sobre la cepa que está causando este brote y eso afecta a la respuesta?

“La evidencia actual sugiere que el brote está causado por el ébolavirus Bundibugyo, un virus raro del ébola identificado previamente solo en dos brotes documentados, en Uganda en 2007 y en la República Democrática del Congo en 2012.

Esto es importante porque las vacunas y tratamientos actualmente autorizados desarrollados para el virus del Ébola (anteriormente ébolavirus Zaire) no se espera que proporcionen protección contra la enfermedad causada por el virus de Bundibugyo.

Como resultado, la respuesta depende en gran medida de medidas clásicas de salud pública como la detección rápida de casos, el aislamiento, el rastreo de contactos, la prevención y control de infecciones, los entierros seguros y la participación comunitaria. Estas medidas fueron fundamentales para controlar finalmente la epidemia de ébola de África Occidental de 2014–2016, la mayor registrada hasta la fecha, y si se implementan de forma rápida y eficaz también pueden ayudar a controlar este brote”.

¿Algún otro comentario?

“Este brote pone de relieve tanto los avances como las lagunas que aún existen en la preparación global frente a epidemias. En la última década se han logrado avances considerables en vigilancia del ébola, diagnóstico, sistemas de respuesta a brotes, vacunas y tratamientos. Sin embargo, la preparación sigue siendo desigual entre diferentes filovirus, especialmente en el caso de virus del Ébola más raros como el ébolavirus Bundibugyo.

También pone de relieve cómo la inseguridad, el desplazamiento y la fragilidad de los sistemas sanitarios pueden seguir complicando la respuesta a brotes, incluso cuando existen herramientas científicas y experiencia en salud pública disponibles.”

Conflicto de interés: Daniela Manno ha trabajado anteriormente en ensayos clínicos de vacunas contra el ébola y en investigaciones sobre preparación ante brotes en Sierra Leone, Tanzania y la República Democrática del Congo. 

ES

Emma Thompson - ébola PHEIC

Emma Thompson

Profesora clínica de Enfermedades Infecciosas y directora del MRC–University of Glasgow Centre for Virus Research, Universidad de Glasgow (Reino Unido)

Science Media Centre Reino Unido

El actual brote en la República Democrática del Congo y Uganda está causado por el virus Bundibugyo, un miembro de la especie Orthoebolavirus bundibugyoense, estrechamente relacionado con el virus del Ébola (especie Orthoebolavirus zairense).

Hay varias razones para la preocupación.

En primer lugar, los informes de que las pruebas iniciales de ébola realizadas con GeneXpert fueron negativas sugieren que el brote podría haber pasado desapercibido durante algún tiempo, con puntos ciegos diagnósticos tempranos que retrasaron su detección.

En segundo lugar, las infecciones en trabajadores sanitarios son una señal de alarma en cualquier brote por filovirus, ya que indican transmisión no detectada en entornos sanitarios y fallos en las medidas de prevención y control de infecciones.

En tercer lugar, la identificación de casos en Kinshasa y Kampala, a cientos de kilómetros de la provincia de Ituri, muestra que el virus ya se ha desplazado a través de redes de movilidad humana antes de que se lograra una contención completa.

El virus Bundibugyo ha causado dos brotes previamente reconocidos. El primero fue en el distrito de Bundibugyo, en Uganda, en 2007–2008, con 131 casos notificados y 42 muertes, y una letalidad del 34–40%. El segundo fue en Isiro, en la República Democrática del Congo, en 2012, con 38 casos confirmados en laboratorio y 13 muertes, aunque los informes más amplios que incluyen casos probables y sospechosos elevan las cifras totales. Estas tasas son inferiores a las observadas en muchos brotes causados por el virus del Ébola, pero siguen siendo extremadamente graves. La enfermedad por el virus Bundibugyo no es una infección leve.

Existe una vacuna autorizada dirigida al virus del Ébola de la especie Orthoebolavirus zairense (rVSV-ZEBOV). Estudios experimentales en primates no humanos sugieren que rVSV-ZEBOV podría ofrecer cierta protección cruzada parcial frente al virus Bundibugyo, pero no puede asumirse que esto se traduzca en una protección fiable en humanos durante un brote. Las plataformas de vacunas basadas en adenovirus y MVA pueden ofrecer posibilidades más amplias, especialmente en formulaciones multivalentes, pero datos inmunológicos recientes sugieren que algunas plataformas autorizadas o en fases avanzadas siguen generando respuestas principalmente dirigidas contra el virus del Ébola, más que respuestas amplias frente a todos los ebolavirus. En términos sencillos, actualmente no disponemos de una vacuna específica contra el virus Bundibugyo aprobada y lista para el control de brotes, por lo que se necesita investigación urgente adicional.

Lo mismo ocurre con los tratamientos. Las terapias aprobadas basadas en anticuerpos monoclonales como Inmazeb y Ebanga se desarrollaron para la enfermedad causada por el virus del Ébola, no por el virus Bundibugyo, y su eficacia frente a otros ebolavirus no está establecida. Existen anticuerpos experimentales de amplio espectro prometedores, pero aún no sustituyen la detección rápida, la atención de soporte de alta calidad, la prevención y control de infecciones y el rastreo de contactos.

Las prioridades inmediatas son, por tanto, prácticas y científicas: diagnósticos capaces de detectar el virus Bundibugyo, secuenciación genómica rápida, fuerte control de infecciones en entornos sanitarios, circuitos clínicos seguros, rastreo de contactos, participación comunitaria y centros de tratamiento capaces de ofrecer cuidados de soporte de alta calidad. La secuenciación genómica es especialmente importante porque permite confirmar la especie viral, determinar si los casos están relacionados, reconstruir cadenas de transmisión y detectar si el brote se debe a transmisión sostenida entre humanos o a múltiples introducciones.

Este brote también pone de relieve una debilidad persistente en la preparación frente a epidemias. Tendemos a desarrollar herramientas en torno a los patógenos de brote más conocidos, pero los virus más raros como el Bundibugyo también pueden causar enfermedad grave y propagación internacional. Es esencial una inversión sostenida en laboratorios de alta contención, desarrollo de diagnósticos, vigilancia genómica, plataformas de vacunas, terapias y colaboraciones internacionales de investigación. Estas capacidades no pueden improvisarse rápidamente una vez que un brote ya está en marcha.

Conflictos de interés: Emma Thomson es directora del Centro de Investigación Viral del MRC-Universidad de Glasgow y participa en colaboraciones de investigación en Uganda relacionadas con la vigilancia viral, la genómica y las enfermedades infecciosas emergentes. Ha recibido financiación para investigación de UKRI, MRC, NIHR y otras entidades públicas y benéficas financiadoras. No tiene intereses financieros personales relevantes relacionados con vacunas o tratamientos contra el ébola.

ES

Vinod Balasubramaniam - ébola PHEIC

Vinod Balasubramaniam

Virólogo molecular y director del Grupo de Investigación en Infecciones e Inmunidad de la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud Jeffrey Cheah de la Universidad Monash en Malasia

Science Media Centre Australia

La declaración de la OMS está científicamente justificada, pero no debe interpretarse como un motivo para que cunda el pánico entre la población. El ébola no se propaga como la covid-19 o la gripe. Por lo general, requiere contacto directo con sangre, fluidos corporales, materiales contaminados o prácticas sanitarias y funerarias inseguras. Esto significa que los brotes de ébola pueden controlarse, pero solo si la respuesta es temprana, coordinada y cuenta con la confianza de las comunidades.

Lo que hace que este brote sea importante es que se trata del virus Bundibugyo, un miembro menos común de la familia de los ébolavirus. La mayoría de las vacunas y tratamientos con anticuerpos que solemos asociar con el ébola se desarrollaron para el virus del Ébola de Zaire, no para el virus de Bundibugyo. En el mejor de los casos, una vacuna basada en el virus de Zaire podría proporcionar una inmunidad cruzada limitada o parcial, pero en la práctica del control de brotes, no debemos dar por sentada una protección fiable a menos que se demuestre. Por eso es probable que se necesite una vacuna específica contra el virus de Bundibugyo o, idealmente, una vacuna más amplia contra todos los virus del Ébola.

Las señales de alerta son claras. Sospecha de transmisión no detectada, propagación transfronteriza e infecciones o muertes entre el personal sanitario. Cuando el personal sanitario se ve afectado, el propio sistema sanitario se vuelve vulnerable, y eso puede acelerar un brote.

Las prioridades ahora son claras. Esto incluye el diagnóstico rápido, el aislamiento seguro, el rastreo de contactos, una prevención rigurosa de la infección en los hospitales, entierros seguros y dignos, y una comunicación honesta con las comunidades. Para los países fuera de la región afectada, incluidos Australia y el Sudeste Asiático, el riesgo inmediato sigue siendo bajo, pero la preparación sigue siendo importante. No se trata de cerrar fronteras ni de miedo. Se trata de apoyar rápidamente a los países afectados y de aplicar medidas de salud pública basadas en la evidencia antes de que el brote sea más difícil de contener.

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