Los restos de Ötzi, el ‘hombre de hielo’, albergan microorganismos modernos y antiguos
El conocido como ‘hombre de hielo’, Ötzi, que vivió hace cerca de 5.300 años, fue descubierto en 1991 en los Alpes de Ötztal, en la frontera entre Austria e Italia. Sus restos momificados se conservaron a -6 ºC en un museo para imitar las condiciones en las que fueron encontrados. Ahora, un equipo de Italia ha descubierto que contiene comunidades de microorganismos tanto antiguos como modernos y que algunos de ellos podrían ser metabólicamente activos o capaces de replicarse en las condiciones de conservación actuales, aunque, por el momento, no se han detectado daños. Según los investigadores, esto demuestra que “el ‘hombre de hielo’ no es una reliquia estática, sino una interfaz biológica dinámica”. Los resultados se publican en Microbiome.
La momia de Ötzi se conserva en una cámara frigorífica a una temperatura constante de -6 °C y una humedad relativa del 99 %, y se rocía regularmente con agua para evitar la pérdida de humedad. Crédito: Museo Arqueológico del Tirol del Sur/Eurac Research/Marion Lafogler.
Gabaldón - Otzi
Toni Gabaldón
Profesor de investigación ICREA y jefe del grupo de Genómica Comparada del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y del Barcelona Supercomputing Centre (BSC-CNS)
El artículo de Sahan y colaboradores investiga el microbioma de restos momificados del famoso ‘hombre de hielo’, Ötzi, de 5.300 años de antigüedad conservados durante tres décadas en el museo del Tirol (Austria) a temperaturas bajas (-6 ºC). La pregunta que intentan responder es relevante: ¿pueden las condiciones de conservación preservar la microbiota ancestral o, por el contrario, permiten la supervivencia y crecimiento de microorganismos que hayan podido colonizar los restos momificados? Para ello el equipo emplea técnicas apropiadas combinando metagenómica, aislamiento por cultivo y detección de daños en el ADN que son característicos de muestras antiguas. La metodología empleada es apropiada y, aunque el estudio tiene limitaciones obvias (como la poca cantidad de muestras y falta de replicados), los resultados son concluyentes.
Los resultados principales son claros y demuestran que la muestra estudiada no ha permanecido inalterada durante este tiempo, sino que hay comunidades de microorganismos, particularmente levaduras adaptadas a condiciones frías, que han colonizado y proliferado en la momia, pese a las bajas temperaturas en el yacimiento original o en el museo. También demuestra que las prácticas de conservación museística como la pulverización de agua para mantener las condiciones de humedad o la aplicación de desinfectantes han alterado las comunidades microbianas, introduciendo o seleccionando algunos organismos. El estudio es importante porque aporta luz sobre cómo interpretar los hallazgos de microbios en muestras antiguas. También arroja dudas sobre estudios de muestras antiguas que sobreentienden que las secuencias obtenidas pertenecen a microbios antiguos asociados al individuo o al ambiente original. Nos recuerda que los microbios, incluidas las levaduras, se abren camino en ambientes tan extremos como las temperaturas por debajo de 0.
El estudio no solo arroja una jarra de agua fría (literalmente) sobre nuestras esperanzas de conocer comunidades microbianas antiguas; también aporta posibles soluciones para mejorar la conservación de muestras antiguas o discernir entre la composición microbiana original de una muestra arqueológica y las colonizaciones posteriores.
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David Velázquez
Profesor titular en el departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid
El trabajo muestra con claridad que Ötzi no es un sistema que se detuvo en el tiempo, como solemos pensar cuando hablamos de momias. Aunque las condiciones de conservación que ha tenido la momia son bastante restrictivas, con una temperatura por debajo de 0 ºC, no ha sido suficiente para anular toda la actividad biológica. El trabajo muestra muy bien que los microorganismos especializados en ambientes fríos, los psicrófilos, pueden crecer en esas condiciones.
La momia funciona como un sustrato biológico en el que, como cabe esperar, se van entrelazando comunidades microbianas de distinto origen y distinta antigüedad en función de las condiciones a las que está expuesta. Los autores consiguen secuenciar restos de microbiota intestinal antigua, microorganismos asociados al glaciar y otros que parecen venir del museo donde está la momia conservada. La identificación de bacterias intestinales antiguas da una referencia muy valiosa para estudiar cómo era el microbioma humano hace unos 5300 años y poder compararlo con comunidades humanas actuales y menos occidentalizadas. Pero, desde el punto de vista aplicado, esto tiene implicaciones importantes para la conservación de restos arqueológicos con tejidos biológicos. Ötzi es una momia excepcional y también un microecosistema en un equilibrio inestable, y su conservación exige pensar no solo en términos físicos de temperatura y humedad, sino también microbiológicos.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
Sarhan et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares