Qué pasa después de las llamas: la recuperación del monte tras un incendio forestal

En lo que llevamos de año y hasta el 20 de agosto, han ardido en España 262.000 hectáreas, frente a la media de 105.600 hectáreas quemadas de 2015 a 2024. Los grandes incendios, agravados por el cambio climático, están aumentando, tanto en frecuencia como en superficie afectada. Pero, ¿qué ocurre en los bosques después del incendio? ¿Se puede regenerar el monte por sí solo? ¿Qué criterios deben seguirse? Analizamos con fuentes expertas cómo se recuperan estos ecosistemas y qué medidas se emplean para protegerlos y restaurarlos. 

incendio

Los incendios forestales muy severos dificultad la recuperación del monte y pueden poner al suelo en riesgo de erosión. Autor: EFE/Manuel Bruque.

¿Qué ocurre en un ecosistema forestal después de un incendio?

Tras un incendio de intensidad media o alta, el bosque sufre una gran transformación. La cubierta vegetal desaparece y el paisaje queda cubierto por restos de madera quemada. Se destruye la materia orgánica de las capas superficiales del suelo y mueren los microorganismos que viven en ella. Como consecuencia, pueden desaparecer algunas especies, disminuir la biodiversidad y producirse la pérdida total o parcial de la masa forestal.

Los árboles que sobreviven al fuego suelen quedar debilitados y son más vulnerables al ataque de plagas y enfermedades durante los años posteriores al incendio. José V. (Pipo) Roces-Díaz, profesor en la Universidad de Oviedo, investigador en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) del CSIC-Universidad de Oviedo, explica al SMC España que “el incendio también afecta a los procesos de funcionamiento del propio ecosistema ya que la eliminación de la cubierta vegetal afecta a la producción primaria, al carbono almacenado o al ciclo hidrológico —por ejemplo, a la cantidad de agua que se infiltra o a la que circula por escorrentía—.”

El suelo es otro de los principales elementos afectados. Cuando ocurre un incendio, este se calienta por la transferencia de energía calorífica generada por la combustión de biomasa. Jesús Notario del Pino, profesor titular del departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, dice al SMC España que “dado que el suelo es un mal conductor del calor, los efectos de dicho calentamiento suelen restringirse a los primeros cinco centímetros de espesor, incluso en casos de fuegos particularmente intensos”. Pero estos centímetros bastan para que afecte a la fertilidad y calidad del suelo, poniéndolo en riesgo de erosión.

¿Cómo influye la intensidad del fuego en la capacidad de regeneración?

Aunque históricamente el fuego ha sido un elemento natural y habitual del clima mediterráneo, que cumplía unas funciones específicas, la exposición a grandes incendios forestales cada vez más agresivos y de manera recurrente impide la recuperación de los bosques y hábitats.

Susana Gómez, coordinadora del Máster en Conservación y Gestión del Medio Natural e investigadora del departamento de Biología-IVAGRO de la Universidad de Cádiz, explica al SMC España que, en la península ibérica, los matorrales y brezales mediterráneos están adaptados a incendios que ocurren cada 30 o 40 años y de una intensidad moderada. Según la investigadora, en las últimas décadas, muchos de estos matorrales —que no tienen árboles de forma natural— han sido forestados con una alta densidad de pinos y eucaliptos, lo que provoca que los incendios actuales sean mucho más severos, ya que se ha incrementado artificialmente la carga de combustible, como ocurrió en los incendios de Sierra Bermeja y las Hurdes.

Algunos de los bosques mediterráneos no están adaptados a incendios tan severos y hay especies que, incluso teniendo adaptaciones al fuego, pueden tener problemas para regenerarse 

 

Algunos de los bosques mediterráneos no están adaptados a estos incendios tan severos y hay especies que, incluso teniendo adaptaciones al fuego, pueden tener problemas para regenerarse ya que tienen límites de supervivencia. Por ejemplo, las semillas de algunos tojos o aulagas (género Ulex) pueden resistir temperaturas de hasta 150 grados, mientras que algunas jaras (género Cistus) resisten hasta 120 grados. Los incendios que son muy severos pueden superar esas temperaturas en el suelo, mineralizándolo y generando una gran mortalidad en las semillas o destruyendo los órganos de resistencia –los órganos de la planta que sobreviven y sirven para rebrotar tras un incendio–.

Un estudio publicado hace unos días en Science Advances que analiza bosques de coníferas en Norteamérica concluye que los incendios forestales extremos reducen la cobertura arbórea y dificultan la recuperación del bosque, pudiendo provocar transformaciones en la vegetación a largo plazo. Estos incendios suelen ser muy intensos en paisajes boscosos ya que el fuego se propaga rápidamente a través de las copas de los árboles y deja grandes parcelas quemadas, muy alejadas de las fuentes de semillas de los árboles supervivientes, lo que complica la regeneración del ecosistema.

¿Cuándo empieza la recuperación natural de un bosque tras un incendio?

Como hemos visto, la recuperación no depende únicamente de la extensión de la superficie quemada, sino también de la intensidad del fuego, del grado de afectación de la vegetación y de la capacidad de las especies para regenerarse de forma natural. Esta empieza pronto, desde las primeras semanas o meses tras el incendio, aunque al principio no siempre sea visible.

Hay dos principales tipos de especies vegetales según su respuesta al fuego: las rebrotadoras y las no rebrotadoras o germinadoras. Como explica Fernando Ojeda, catedrático del departamento de Biología (Área de Botánica) de la Universidad de Cádiz, al SMC España “la mayoría de las especies leñosas de nuestra flora, árboles o arbustos, sobreviven al fuego, ya que son rebrotadoras”. Se regeneran mediante el rebrote a partir de tejidos vivos protegidos bajo tierra o bajo una corteza gruesa como yemas durmientes, rizomas o raíces superficiales. El caso más llamativo es el del alcornoque.

“En el caso de las especies germinadoras, los individuos adultos no resisten el fuego y mueren, pero antes del fuego han dejado en el suelo bancos de semillas”, añade el experto. Estas especies persisten ya que el calor del fuego estimula su germinación —lo que se conoce como germinación pirogénica—. Entre las especies arbustivas, el ejemplo más paradigmático de especies germinadoras lo constituyen las jaras y los pinos.

Más allá de especies concretas, si hablamos de ecosistemas, las adaptaciones al fuego se encuentran principalmente en los matorrales esclerófilos y en los brezales mediterráneos, así como en algunos bosques de pinos y quercíneas, ya que pueden regenerar su masa vegetal completamente en pocos años. Sobre los que resisten Helena Ballart, responsable del Área de Sociedades y Paisajes Resilientes de la Fundación Pau Costa, apunta al SMC España que el fuego puede actuar como una especie de ‘vacuna’ ya que “un bosque que nació hace cien años se desarrolló bajo unas condiciones climáticas distintas a las actuales; en cambio, la vegetación que se regenera ahora lo hace bajo el clima presente, por lo que puede estar más ajustada a este nuevo contexto”.

Un bosque que nació hace cien años se desarrolló bajo unas condiciones climáticas distintas a las actuales; en cambio, la vegetación que se regenera ahora tras un incendio lo hace bajo el clima presente

Helena Ballart

Sin embargo, los ecosistemas no adaptados al fuego suelen requerir decenios para reestructurarse, especialmente, en términos de biodiversidad. Como explica Roces “no solo será necesario recuperar la misma composición y abundancia de especies, sino también los niveles previos de biomasa y una estructura espacial comparable, algo que puede requerir varias décadas”. Un estudio sobre áreas quemadas de las Montañas Rocosas (Estados Unidos) afirmaba que la recuperación de la cubierta forestal se estimaba en 40 años, aunque había zonas en las que el tiempo de recuperación previsto era superior a 200 años.

¿El fuego tiene algún beneficio para la tierra?

Los efectos de un incendio sobre el suelo dependen, en gran medida, de su intensidad. Los fuegos de baja severidad no siempre son perjudiciales y, en algunos casos, pueden aportar beneficios al ecosistema como promover la vegetación herbácea, reducir la acumulación de combustible vegetal, incrementar la disponibilidad de nutrientes y aclarar los bosques. Además, la ceniza generada durante la combustión incorpora nutrientes minerales al suelo, como fósforo, potasio, calcio y magnesio, aumentando temporalmente su fertilidad.

Las quemas prescritas o reguladas constituyen una herramienta de gestión forestal muy útil, ya que permiten reducir el riesgo de incendios de gran intensidad, mantener determinados ecosistemas adaptados al fuego y favorecer la regeneración de algunas especies vegetales. Estas estrategias intentan reproducir los procesos naturales positivos del fuego bajo condiciones controladas, modulando la intensidad y el comportamiento de este para obtener beneficios concretos, como la reducción del combustible acumulado.

¿Qué factores influyen en la recuperación del suelo? ¿Es reversible?

La recuperación del suelo tras un incendio depende de la magnitud del daño sufrido. Según explica Notario del Pino, en los casos más graves la recuperación completa puede no llegar a producirse. Además, el problema se agrava porque los períodos de recurrencia de los incendios son cada vez más cortos. Esto implica que, aunque los efectos de cada incendio puedan ser relativamente moderados, se acumulan con el tiempo e impiden que los ecosistemas dispongan del tiempo necesario para recuperarse por completo.

En cuanto a las propiedades químicas del suelo, el tiempo necesario para que el pH recupere sus valores iniciales es variable. En un informe sobre incendios forestales en España los autores señalan que este proceso puede ser más o menos rápido en función del tiempo que las cenizas permanezcan sobre el terreno. Los nutrientes aportados por las cenizas pueden aumentar la fertilidad, pero este efecto positivo no siempre compensa los daños causados por el fuego. Ballart explica que “si el fuego es muy severo sobre el suelo, se repite demasiado a menudo o va seguido de erosión y sequía, la recuperación puede verse comprometida”.

¿Qué criterios deben seguirse para recuperar un bosque después de un incendio?

Como recoge el plan INFOCA de la Junta de Andalucía, el proceso de recuperación de la cubierta vegetal debe abordarse una vez que se sepa cómo evoluciona la regeneración de la vegetación después del incendio y de haber eliminado los árboles quemados, fuente de plagas y enfermedades para el resto de la vegetación. Es necesario, por tanto, esperar un tiempo prudencial. Pasado este tiempo, estas serían las directrices que destaca el plan:

  • Las técnicas empleadas deberán respetar la vegetación natural que haya sobrevivido al incendio y la regenerada tras este, así como minimizar el impacto sobre el suelo, la fauna y el paisaje.
  • Se utilizarán, siempre que sea posible, especies autóctonas que se acerquen a la vegetación óptima.
  • Tanto los tratamientos selvícolas como las repoblaciones se ejecutarán de manera que favorezcan la existencia de mezcla de especies principales, evitando las grandes masas monoespecíficas y fomentando la multiestratificación.
  • Las repoblaciones deberán planificarse para conseguir la máxima resistencia y autodefensa posible del monte mediante creación de líneas de defensa y apoyo para la lucha contra los incendios forestales y la creación de mosaicos de vegetación donde las superficies no repobladas se apoyen en líneas de defensa como divisorias, caminos o cortafuegos, de fácil mantenimiento.

“De forma general, podemos decir que siempre será mejor dejar actuar a la regeneración natural”, explica Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnia, al SMC España. No obstante, hay casos que sí requieren la intervención, como cuando se pueden producir procesos erosivos o corrimientos de tierras.

“La restauración debería contemplar que estamos en el principio de un gran cambio climático que va a afectar a muchas de nuestras especies y que va a aumentar los riesgos tanto hidrológicos como píricos”, afirma el investigador. Por tanto, debe buscar anticipar estas condiciones y mitigarlas en la medida de lo posible. “Bajo esta nueva realidad, debemos olvidarnos de conceptos que eran útiles en el pasado, pero que cada vez lo son menos, como el de especie nativa”. En lugar de priorizar a estas especies, se debería optar por las más adecuadas para una zona, ya que las nativas están adaptadas a las condiciones del pasado, pero no van a estarlo siempre a las condiciones del futuro, según el investigador. El hecho de que una especie sea autóctona de una región debe ser un criterio para valorar, pero no un requisito. “El requisito será utilizar especies que sean adecuadas para tolerar las condiciones ambientales que esperamos para finales de siglo”, recalca.

Estamos en el principio de un gran cambio climático y, en lugar de priorizar a las especies nativas, se debería optar por las más adecuadas para una zona, ya que las nativas están adaptadas a las condiciones del pasado

Víctor Resco de Dios

¿Qué árboles se han utilizado para reforestar España?

La actividad replobadora del ser humano ha sido profundamente transformadora del paisaje español. Un estudio sobre la repoblación forestal en España determinó que entre 1877 y 2006 se repoblaron más de seis millones de hectáreas, lo que equivalía a un 11 % de la superficie total del país. No obstante, la gestión forestal debe analizarse a largo plazo ya que los árboles y bosques tardan mucho tiempo en crecer y esto implica que las políticas de reforestación y gestión forestal se observan 100 años más tarde.

La mayoría de las forestaciones a gran escala se empezaron a hacer en la posguerra, en los años 40, por parte del Patrimonio Forestal del Estado. Eran cultivos comerciales. “En teoría, forestaban sitios baldíos y protegían cuencas, pero eso causó la destrucción de algunos ecosistemas en pos de la reforestación, sobre todo brezales del oeste de la península ibérica”, explica Ojeda.

Según el experto, las repoblaciones realizadas con masas monoespecíficas y densas de pinos o eucaliptos, han incrementado la acumulación de combustible vegetal, favoreciendo incendios forestales de gran intensidad. “Arden más fuerte, los incendios son más severos y el suelo queda completamente quemado debido a las altísimas temperaturas”, afirma. No obstante, el problema no radica tanto en las especies utilizadas, sino en cómo se gestionan estas masas forestales y en los efectos del cambio climático.

“Tendríamos que quitarnos un poco esta idea bosque-céntrica y rescatar el mosaico natural que se ha roto, en el que conviven distintos tipos de vegetación según las características del terreno y el ecosistema”, incide. También, procurar controlar la densidad de los árboles por hectárea.

Gómez apunta que, actualmente, “una medida de restauración posfuego en algunas zonas debería ser la eliminación de los pinos tras el fuego y permitir la recuperación del matorral”. Sin embargo, la gran capacidad invasora del pino hace que esto sea complejo, ya que suele rebrotar e incluso viajar distancias geográficas relevantes. Además, tiene costes elevados.

 

Buitre sobrevuela incendio
Un buitre sobrevuela una de las zonas arrasadas por el incendio de Burgohondo en el Parque Natural del Valle de Iruelas, una de las mayores colonias de buitre negro de Europa. Autor: EFE/ Raúl Sanchidrián.

 

¿Cómo se ve afectada la fauna?

Los incendios también tienen un impacto en las comunidades animales. Aunque podría pensarse que las zonas quemadas quedan completamente desprovistas de vertebrados, diversos estudios demuestran que muchas especies permanecen o regresan poco después del incendio. Según un informe de la Estación Biológica de Doñana, el impacto depende de cada grupo de animales. En el caso de las aves, algunas muestran un comportamiento filopátrico y permanecen en el territorio en el que nacieron, aprovechando los árboles quemados y otros refugios para alimentarse y reproducirse. Otras aves, presentes en estratos arbustivos, desaparecen hasta que la vegetación se recupera.  

Un comunicado de SEO/Birdlife informa de que el incendio de Vall d’Uixó del pasado mes de julio ha afectado a un 12 % de la superficie total de los territorios protegidos de la Sierra de Espadán y a su parque natural, que incluyen dos espacios protegidos bajo la Red Natura 2000. Este hábitat cuenta con importantes poblaciones de aves rapaces. Según la organización, el incendio ha podido afectar a aves como el búho real, la culebra europea o el halcón pelegrino.  

El suelo también es un hábitat importante, ya que allí se encuentran las madrigueras de micromamíferos, al igual que los nidos de insectos o artrópodos. Como explican desde el CREAF, estos animales pueden sobrevivir refugiándose en esos nidos subterráneos. No obstante, su supervivencia depende de la profundidad del nido y la intensidad del incendio, ya que si este es muy severo puede calentar el suelo en exceso, poniendo en peligro a estos animales. Aquellas especies que no tienen ninguna estrategia para sobrevivir al fuego mueren y desaparecen de la zona afectada. Suele ser el caso de los reptiles y anfibios. Por ejemplo, se han registrado mortalidades de entre el 30 % y el 85 % en poblaciones de tortuga mediterránea tras grandes incendios.

¿Y cómo afecta a las áreas rurales cercanas?

Tras grandes incendios forestales, los núcleos rurales sufren un fuerte impacto. Los vecinos y vecinas se ven obligados a evacuar sus hogares, dejando atrás sus pertenencias y su propiedad, que el fuego ha podido alcanzar. Además, muchos habitantes de estas zonas tienen animales de granja que se pueden verse perjudicados. También hay riesgo de pérdidas directas en los cultivos quemados o dañados por el calor. Notario del Pino explica que “pueden verse afectados por restos de carbón y hollín, ya sean aerotransportados o aportados por las aguas de escorrentía, que a veces incluyen sustancias potencialmente dañinas para los ecosistemas terrestres como hidrocarburos o dioxinas”. Para las familias afectadas, estos daños suelen significar importantes pérdidas económicas.

Los cultivos pueden verse afectados por restos de carbón y hollín, ya sean aerotransportados o aportados por las aguas de escorrentía, que a veces incluyen sustancias potencialmente dañinas  

Jesús Notario del Pino

También se ve afectado el turismo, especialmente, el de naturaleza. Un estudio publicado en 2024 mostró que las regiones de la Unión Europea con mayor índice de riesgo de incendios eran también aquellas con mayor dependencia del turismo, entre las cuales destaca el mar Mediterráneo y, dentro de la península ibérica, Andalucía. Además, según la Confederación Española de Agencias de Viajes, los grandes incendios generan cambios en los itinerarios de viaje e incertidumbre en los visitantes, afectando a la percepción de España como destino turístico.

El humo de los incendios forestales también es un grave riesgo para la salud. Según un estudio publicado por The Lancet Planetary Health en 2025, se subestima en un 93 % el número de muertes asociadas a las partículas PM2·5 del humo de incendios. Estos penachos afectan a zonas localizadas incluso a cientos de kilómetros. En una sesión informativa organizada por el SMC España se presentó un estudio que mostraba que, de 2013 a 2018, los días en los que se registraban incendios, se incrementaban las hospitalizaciones en urgencias por problemas respiratorios en nueve provincias españolas.

Artículo redactado por:
Sofía Estrella Gutiérrez
Sofía Estrella Gutiérrez
Redactora en prácticas del SMC España
Las 5W +1
Publica
FAQ
Contacto