El verano de 2026 ha sido el más cálido en Europa occidental desde que hay registros
Los últimos datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus muestran que este verano en Europa se ha caracterizado por un estrés térmico sin precedentes y unos caudales fluviales muy bajos. De hecho, en Europa occidental, este ha sido el verano más cálido registrado y el tercero en el conjunto del continente. El estío europeo se ha caracterizado por olas de calor extremas y condiciones de sequía, con un porcentaje récord del 52 % del continente expuesto a un estrés térmico muy intenso al final de la temporada. Además, el calor excepcional se prolongó mucho más allá de los meses centrales del verano, registrándose récords de temperaturas diarias también en mayo y septiembre.
Xavier Rodó - Copernicus Calor
Xavier Rodó
Profesor de investigación ICREA y responsable del programa Clima y Salud de ISGlobal
¿El análisis es de buena calidad?
“Sí, los análisis de Copernicus del ECMWF son el mejor termómetro que tenemos en la actualidad para hacer un seguimiento exhaustivo y sintetizar el estado actual del clima en Europa. Este tipo de informes se efectúa con la máxima cantidad y calidad de datos disponibles y el posible sesgo —que siempre existe— en este caso es mínimo debido a la riqueza de estos, tantos de estaciones en superficie como satelitales”.
¿Qué destacarías del análisis en cuanto a la parte de España?
“La verdad, con el verano que hemos pasado, pocos comentarios pueden hacerse que resulten una novedad después de lo que hemos vivido todos. Este salto en la cantidad de anomalías extremas (número e intensidad) es claramente indicativo de cambios en el clima europeo que no tienen precedentes porque se han superado muchos récords no solo locales, sino también a nivel regional y continental. En la península los extremos de temperatura y hídricos (más de evaporación y de evapotranspiración que no tanto de precipitación por tratarse de nuestra época seca) no tienen precedente en el registro observacional y apuntan claramente a condiciones climáticas de transición.
Cabe destacar la coincidencia y sincronía con el superevento de El Niño que se desarrolla en el Pacífico tropical este año y que siempre amplifica las anomalías globales y las peninsulares en particular, este año claramente en las dos direcciones justo antes indicadas y que tendrá otros efectos hasta bien entrado el 2027. Estas condiciones han propiciado ya una mayor rapidez en la propagación y extensión de los incendios forestales en el ámbito mediterráneo en particular, pero no solo de la parte occidental.
Esta convergencia es igualmente inusual en las olas de calor marinas, los extremos térmicos manifestados en un número elevadísimo de noches tórridas (y aún tropicales en algunas ciudades de la península a finales de septiembre), los mínimos en el caudal de ríos a nivel agregado para toda Europa o la reducción del pack de hielo permanente en los glaciares europeos (Pirineos y Alpes, por ejemplo) —no incluida en el informe—”.
¿Tiene limitaciones importantes que haya que tener en cuenta?
“No, cuando los patrones y los datos registrados son tan sumamente claros”.
¿Qué implicaciones tiene para la toma de decisiones?
“Debería tener muchas implicaciones por la urgencia y la rapidez de los procesos que estamos observando y que nos impactan en esta zona nuestra que es climáticamente muy sensible y que se calienta aceleradamente de forma muy diferenciada, pero esto ya es un tema político y de reacción siempre tardía, inexperta y deficiente.
Los impactos anteriormente comentados van a tener extensión temporal unos meses más como mínimo, debido a la elevada cantidad de calor acumulada en los océanos, a la evolución de El Niño y al efecto drástico de disminución de la humedad del suelo, del estrés hídrico acumulado en la vegetación y cultivos con claros efectos a corto y medio plazo. Además, existe la posibilidad aumentada de eventos extremos diversos que den salida a toda esta energía almacenada en diferentes compartimentos del sistema climático a múltiples escalas.
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Ernesto Rodríguez Camino
Meteorólogo Superior del Estado y presidente de la Asociación Meteorológica Española
El excepcional verano de 2026 en Europa, que se caracterizó por un estrés térmico sin precedentes y unos caudales fluviales muy bajos, tuvo un impacto claramente percibido por la sociedad europea por sus efectos en la salud pública en forma de incrementos de mortalidad e ingresos hospitalarios, por una histórica sequía que afectó fuertemente a los flujos de transporte fluvial, limitando la navegación comercial en ríos clave de Europa occidental; por caídas en el rendimiento de los cultivos debido principalmente a la falta de agua y por contribuir a la aparición de megaincendios. De igual forma, algunas centrales nucleares vieron limitada su capacidad de refrigeración por el bajo nivel de los ríos que, además, coincidían con picos de demanda eléctrica debidos al uso de aire acondicionado. Los informes y los correspondientes datos de Copernicus son documentos de gran valor que permiten monitorizar las condiciones climáticas extremas que causan estas disrupciones en la sociedad.
Es bien conocido el incremento general de la probabilidad de ciertos extremos climáticos, como olas de calor, precipitaciones intensas, etc., asociado al cambio climático producido por el aumento de las concentraciones en la atmósfera de gases de efecto invernadero causado principalmente por el uso extensivo de combustibles fósiles. Además, estudios específicos (como los de la iniciativa World Weather Attribution) han permitido atribuir de forma cuantitativa al cambio climático antropogénico la ocurrencia y el aumento de la intensidad de algunos de estos eventos extremos específicos, singularmente, algunas de las olas de calor más intensas que afectaron a Europa este verano.
A medida que el sistema climático siga calentándose, habrá una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como los señalados en el informe de Copernicus que ponen de manifiesto, una vez más, la importancia de limitar las emisiones gases de efecto invernadero y de desarrollar una mayor resiliencia ante estos riesgos climáticos que afectan y afectarán cada vez más a nuestras sociedades. Como hemos visto este verano, los extremos climáticos tienden a ser combinados (altas temperaturas y sequías) y con impactos cada vez más interconectados entre los diferentes sectores.
Rubén del Campo - Copernicus verano 2026
Rubén del Campo
Portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
El informe de Copernicus se alinea con los análisis de este verano realizados por AEMET. El verano de 2026 ha sido el más cálido en España en, al menos, siglo y medio, con nada menos que 61 días bajo ola de calor entre el 20 de junio y el 7 de septiembre. Una situación sin precedentes. Además, las condiciones de pleno verano comenzaron a mediados de mayo y se han prolongado durante buena parte de septiembre, así que podemos considerar que hemos tenido un verano de cuatro meses o cuatro meses y medio.
Además, ha sido el tercer verano más seco de la serie, lo que ha propiciado unas condiciones de estrés hídrico y sequedad que han elevado el peligro de incendios a niveles extremos durante buena parte del verano en muchas zonas. Por desgracia, hemos podido comprobar cómo esos peligros tan altos se han traducido en grandes incendios forestales. Aunque en esta problemática influyen otros factores no meteorológicos como la gestión forestal, es indudable que el cambio climático antropogénico está favoreciendo las situaciones que elevan el peligro de incendios forestales.
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