Un estudio relaciona el uso precoz de las redes sociales con puntuaciones más bajas en las pruebas estandarizadas
Los alumnos que abren una cuenta en redes sociales en una etapa temprana de la adolescencia parecen obtener peores resultados en las pruebas estandarizadas posteriores, según un estudio publicado hoy en Nature Human Behaviour y basado en una muestra de 5.227 alumnos italianos. El estudio es observacional, por lo que no permite atribuir causalidad entre el uso de redes sociales y las notas. Además, se llevó a cabo mediante encuestas en las que los estudiantes debían recordar y reportar el uso que hicieron de estos servicios cuando eran más pequeños.
Kucirkova - RRSS
Natalia I. Kucirkova
Profesora de Educación y Desarrollo Infantil en la Universidad de Stavanger (Noruega)
Dado que el principal indicador de exposición a las redes sociales utilizado en el estudio es el momento de la creación de la cuenta, este no nos indica si la cuenta se utilizó de forma activa, con qué frecuencia se utilizó, en qué plataformas, con qué fines, qué contenidos se vieron o se crearon, ni si el uso tuvo lugar en el aula, antes de acostarse o mientras se socializaba con amigos. Ni siquiera si la cuenta se abandonó posteriormente. Todos estos detalles son importantes porque el uso de las redes sociales no es una experiencia uniforme. Al considerar el momento de la creación de la cuenta como un indicador de una amplia gama de actividades potencialmente muy diferentes, el estudio deja sin medir gran parte de la exposición real, lo que limita la fiabilidad con la que pueden interpretarse sus conclusiones.
Paz Pérez - RRSS
María Paz Prendes Espinosa
La nota de prensa creo que resume bien las principales ideas del estudio, pero han de interpretarse en el contexto de este estudio y no generalizar ni interpretar que esto es definitivo. En relación con este tema, encontramos muchos estudios y no todos coincidentes, por lo que tal y como los propios autores reconocen, los resultados deben ser analizados con cautela.
Es un estudio cuantitativo con una muestra muy amplia (más de 5.000 estudiantes de Lombardía, en Italia), lo cual es su principal valía. No obstante, se aplica un cuestionario retrospectivo. Eso significa que se recaba información del pasado a los informantes, en este caso adolescentes, con todos los sesgos que esto puede suponer al estar condicionados los resultados por el recuerdo. Es llamativo que el cuestionario se ha elaborado para esta investigación (ad hoc) y no se explica cómo se ha validado ni se aportan datos sobre ello (estadísticos de validez y fiabilidad), aspectos básicos en cualquier investigación rigurosa en ciencias sociales. Por tanto, la solidez de los datos viene respaldada por la amplitud de la muestra (que dicen que es representativa), pero el propio diseño puede introducir elementos que supongan sesgos en los resultados y le resten validez. Además, resulta curioso que han estudiado solo tres asignaturas (no queda claro por qué esas tres y no otras) y se muestra que el uso de redes sociales influye únicamente en dos de ellas (italiano y matemáticas), pero no en la tercera (inglés).
Las redes sociales han suscitado interés desde que llegaron a nuestras vidas y han sido objeto de numerosas investigaciones, pero repentinamente se han convertido en el centro del debate político sobre los adolescentes y su uso de tecnologías digitales. Este trabajo, sin duda interesante, obvia muchos aspectos que no pueden dejarse de lado cuando analizamos las consecuencias de las redes sociales, pues la relación causal exclusiva entre el factor de uso de redes sociales y sus consecuencias en el rendimiento académico es difícilmente asumible. ¿No influye el contexto familiar? ¿Y el social? ¿No influyen los grupos de amigos? ¿Y los rasgos de personalidad de los adolescentes? ¿No influye el estatus socioecononómico? Y muchos etcéteras que se podrían añadir. En un tema de tal complejidad, además de que no se debe simplificar, hay también investigaciones que demuestran la utilidad de las redes sociales para promover la comunicación, las relaciones sociales o incluso como herramientas en tareas académicas integradas en las ecologías de aprendizaje de los estudiantes.
La principal limitación puede derivarse del cuestionario, que recoge datos de autopercepción del pasado de los estudiantes encuestados. ¿Un adolescente recuerda con exactitud cuánto tiempo y para qué usaba el móvil cuando iba a Primaria? ¿Nos lo va a contar de forma precisa y fiable? En este tipo de investigaciones resulta útil combinar la recogida de datos con otras técnicas cualitativas en un tipo de diseño mixto de investigación, de tal forma que se pueda triangular la información. Es muy limitado recoger datos exclusivamente con un cuestionario en el que además un adolescente tiene que recordar y contar qué hacía cuando era un niño.
La principal implicación es que las redes sociales forman parte de nuestra realidad desde temprana edad y este estudio viene a confirmarlo. Ante esta situación, negar el uso de tecnologías no va a resolver los problemas asociados a estas. Más bien al contrario, debe promoverse una educación adaptada al contexto real en el que vivimos, hay que formar y educar para saber afrontar el uso de tecnologías. En una sociedad digitalizada y en la era de la inteligencia artificial, no solo nos tenemos que preocupar por las redes sociales, sino por la tecnología en general. Y esta preocupación debe conducirnos a fortalecer nuestro sistema educativo para que pueda responder a esta necesidad de formación en competencia digital, entendiendo que la competencia digital va mucho más allá de conocimientos técnicos, pues supone el uso responsable, seguro, crítico y ético de las tecnologías y por ende también de las redes sociales. Si queremos proteger a nuestros adolescentes de los potenciales riesgos de las tecnologías, debemos prepararlos para vivir en una sociedad con tecnologías.
Gortázar - RRSS
Lucas Gortázar
Investigador especializado en políticas y reformas educativas y director del área de Educación del centro de políticas económicas de EsadeEcPol
La nota de prensa es clara en el estudio y sus limitaciones.
Es el primer estudio longitudinal y cuasiexperimental que responde a la pregunta de uso de redes sociales y resultados de aprendizaje a nivel mundial. Creo que eso es la gran contribución de este paper. Las conclusiones están bien respaldadas y, aun siendo necesarios más estudios, la evidencia es coherente en el sentido de que conforme la apertura de cuenta de redes sociales es más temprana, el efecto es mayor. Eso sí, es una pena que no hayan reportado resultados por género o nivel socioeconómico.
Es la primera contribución de este tipo a esta literatura, evidentemente hace falta más, pero es un gran hallazgo que aporta más evidencia a una pregunta fundamental y sobre la que los poderes públicos deberían tomar una mayor conciencia.
Se han tenido en cuenta todos los factores que podrían tomarse en cuenta. Es posible que puedan hacer algún test de robustez añadido, pero creo que, en términos generales, está bien.
Es un hallazgo sólido que apunta a la necesidad de retrasar la edad de uso de redes sociales en adolescentes a, como pronto, los 15 o 16 años.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
Gui et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares