Más de diez millones de menores de Asia y África han sufrido explotación o abusos sexuales online, alerta un estudio

Una investigación publicada en Nature calcula que más de diez millones de niños y niñas de países del este y el sur de África, y del sudeste asiático han sufrido, al menos, una forma de explotación y abuso sexual online, que incluye acoso, difusión de imágenes sin consentimiento y chantaje. Esto supone que afecta a uno de cada seis menores que usan internet. El análisis se basa en datos de casi 12.000 niños y niñas de entre 12 y 17 años de 12 países de África y Asia recopilados entre 2020 y 2021, y advierte que la cifra podría ser superior, porque muchas de estas experiencias no se denunciaron. Cuando sí se hacía, los menores recurrían principalmente a canales informales, especialmente a amigos, en lugar de a mecanismos formales de denuncia como la policía o las líneas de ayuda. 

27/05/2026 - 17:00 CEST
Reacciones

Marta Ferragut - abusos menores

Marta Ferragut Ortiz-Tallo

Profesora titular del área de Metodología de las Ciencias del Comportamiento en la facultad de Psicología y Logopedia de la Universidad de Málaga

Science Media Centre España

La exposición de los menores de edad a posibles experiencias de abuso y explotación sexual ha atravesado una barrera protectora a través del uso de internet y la expansión de accesibilidad al contenido online de los menores en todo el mundo. El entorno mediado por la tecnología ha demostrado ser un entorno de gran vulnerabilidad debido a la posibilidad de anonimato para los agresores y de acceso a cualquier víctima potencial desde kilómetros de distancia y en la intimidad de los hogares, lo que proporciona una falsa sensación de seguridad. Este es el eje vertebral de este estudio cuyas fortalezas estriban en la inclusión de una muestra muy amplia de menores de edad a lo largo de muchos países diferentes.

Los autores incluyen análisis relevantes que dan lugar a algunas conclusiones fundamentales. Cabría destacar el hecho de que las tecnologías permiten experiencias abusivas a los menores de las que los adultos responsables no están siendo conscientes. Hay una importante dificultad para reportar estas experiencias, pedir ayuda e incluso detectarlas, ya que se puede tender a minimizar lo ocurrido o a que las víctimas se sientan culpables por participar. Se hace especialmente importante el hecho de que los adolescentes son quienes mayores probabilidades o prevalencia de este tipo de abuso tienen y que no hay diferencias entre géneros, siendo una experiencia generalizada y accesible para cualquier menor de edad.

Las limitaciones más importantes están relacionadas con las posibilidades de estudio futuras y la importancia de continuar en esta línea: la posibilidad de generalizar a otras culturas y países occidentales, y la inclusión de las posibles variables que prevengan o dificulten este tipo de experiencias como los controles parentales o el acceso a la tecnología en menores de edad. Es un estudio con importantes implicaciones dejando constancia de que hay un importante abuso oculto, que no se reporta ni se detecta, al cual no se da importancia, pero que puede causar importantes problemas en el desarrollo de los menores en todo el mundo.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Pablo Romero Seseña - abuso menores

Pablo Romero Seseña

Doctor en Derecho y Criminología, y profesor lector en la Universitat Oberta de Catalunya (Estudios de Derecho y Ciencia Política)

Science Media Centre España

El estudio es sin duda muy interesante, tanto por la magnitud, como por arrojar información sobre el abuso sexual infantil en una región donde no existe tanta evidencia disponible como en otras zonas del mundo.

El estudio de Sakshi Ghai y colaboradores aporta evidencia empírica de gran interés para la comprensión del abuso y la explotación sexual infantil facilitados por la tecnología (CSEA), en tanto que presenta datos robustos de prevalencia de dicho fenómeno en una serie amplia de países del sudeste asiático y áfrica. En este sentido, el interés es doble, pues además de arrojar luz a este fenómeno en dichos países, constituye un hito científico al ser de los primeros estudios multipaís sobre esta problemática en esta región del globo. Dicho esto, los resultados obtenidos por el equipo investigador se sitúan muy a tenor de estudios previos llevados a cabo a nivel mundial, que siguen patrones relativamente estables en el campo del abuso sexual infantil (digital o físico), cuyas tendencias a nivel global sitúan su prevalencia en torno al 20 % para la población general.

En el ámbito digital, y si bien es cierto que este es un ámbito aún en estudio debido a la rapidísima expansión de la digitalización, los resultados hallados confirman el abasto global de esta problemática, tal y como destacan estudios previos llevados a cabo en ciberlugares específicos como los videojuegos, las redes sociales, o los foros públicos en internet.

Yendo más allá, uno de los principales hallazgos de este estudio, en mi opinión, es la confirmación de que el abuso sexual infantil (ya sea físico o digital) no es una problemática que afecte de forma específica o única a niñas, sino que se trata de un problema transversal que impacta a niños y niñas casi por igual (16,9 % vs 17 %), requiriéndose de soluciones holísticas.

En cuanto a los patrones de reporte o disclosure de las experiencias de victimización, si bien la cifra negra hallada por el equipo investigador es elevada (el 51 % no se lo cuenta a nadie), esta se sitúa incluso en un margen optimista en comparación a estudios previos llevados a cabo en este ámbito, que destacan que entre el 50 % y el 80 % de los menores víctimas de abuso sexual infantil no reportan dichas experiencias durante la infancia.

A nivel metodológico, se trata de un estudio robusto, multipaís y que cuenta con muestras comunitarias amplias que son estadísticamente representativas a nivel nacional de la población menor conectada. Cabe destacar, en cualquier caso, que es importante ejercer cierta cautela al tratar de extrapolar e interpretar estos resultados, pues si bien el equipo investigador ha podido controlar una serie de variables en las comparativas multipaís (población rural vs urbana; conectividad de la sociedad, etc.), muchas otras han sido difícilmente controlables (factores culturales, sociales, legales, etc.), lo que dificulta poder llevar a cabo comparaciones más profundas.

Finalmente, y si bien los autores de la investigación lo señalan repetidas veces, es importante recordar que estudios transversales como el de Sakshi Ghai y colaboradores permiten ver una determinada situación en un determinado momento, siendo esta fotografía importante para entender el estado de la cuestión en torno a una problemática en un momento determinado. Sin embargo, estos estudios no permiten establecer relaciones causales entre las distintas variables y problemas observados, requiriéndose para ello estudios de carácter longitudinal.

No declara conflicto de interés
ES

Nereida Bueno - abusos online menores

Nereida Bueno Guerra

Profesora titular de Psicología y Criminología en la Universidad Pontificia Comillas e investigadora adscrita a la UNINPSI (Unidad Clínica de Psicología)

Science Media Centre España

El estudio de Ghai y colaboradores es uno de los más completos a nivel de prevalencia de una forma de violencia sexual infantil cada vez más común, como es la agresión sexual mediada por la tecnología. Informa, además, sobre dos regiones del planeta tradicionalmente excluidas de la investigación, contribuyendo así a que la ciencia disponga de más datos no-WEIRD (las siglas en inglés para definir los países occidentales, con niveles altos de alfabetización, acceso a tecnología, con ingresos altos y democráticos). Anticipa, además, posibles datos futuros más desoladores, ya que el uso generalizado de internet por los jóvenes de esas regiones no está extendido por igual en todos los países y, conforme vaya aumentando, podrá empeorar la prevalencia de violencia descrita. Por último, es uno de los primeros estudios mundiales sobre cómo mejorar la prevención de la agresión sexual infantil representativo y guiado por datos. Muchos estudios sobre prevención se basan en hipótesis sobre lo que puede funcionar para conseguir que las víctimas cuenten lo que les pasa: en este estudio, en cambio, se analizan las causas concretas que motivan a denunciar o no. Esto es muy útil porque puede guiar políticas públicas basadas en datos.  

Sobre el diseño 

Uno de los mayores aciertos de este artículo es utilizar una definición amplia de agresión sexual cometida contra menores usando la tecnología. Como indican los autores, siguieron la denominada ‘Guía de Luxemburgo’ para construir su encuesta, lo cual es un auténtico acierto, porque la carencia que suelen tener otros estudios de este tipo es que se centran solo en preguntar sobre una forma criminal (por ejemplo, el online grooming) y no contabilizan en sus encuestas otras formas que también son violencia, como recibir fotos sexuales no deseadas o extorsiones sexuales. Esto es muy relevante porque en criminología existe el denominado ‘gap perceptivo’ en las encuestas de victimización. Consiste en que los participantes no saben a qué conductas concretas hace referencia el término por el que les preguntan y así se puede perder información real sobre la prevalencia del fenómeno, mientras que si, como en este estudio, se detallan explícitamente las conductas que son consideradas violencia sexual, los encuestados las entienden y se obtiene un dato más fiel a la realidad, al mismo tiempo que, por cierto, se educa sobre qué conductas son delito y no deben permitirse.  

En este sentido, sí considero que una carencia del estudio es no haber cruzado información entre la prevalencia de las distintas formas de violencia o la falta de denuncia cuando se ha sido víctima de ellas con una variable legal, es decir, con saber si esas formas de violencia son consideradas delitos o no en los países del estudio. Este dato existe y los autores lo conocen bien porque fueron publicados en 2022 por el mismo proyecto Disrupting Harm al que pertenece esta macroencuesta (este y este). Según ese informe previo, en varios países del estudio el tipo de conductas por el que preguntaban no están tipificadas, es decir, no aparecen como delito en sus legislaciones penales, y además no todos los países definen como ‘niño’ a quienes tienen menos de 18 años. Esta circunstancia podría explicar que los jóvenes consultados no siempre concedieran gravedad a haber sido víctimas de estas formas de violencia, porque no las identifican como violencia, o que no supieran a dónde recurrir.  

Sobre la prevención y los medios de comunicación 

Precisamente, una de las conclusiones principales es que los jóvenes no revelan el delito porque "no saben a dónde acudir". Este dato es muy significativo porque, al menos ya en 2022, y siguiendo de nuevo el informe mencionado previamente, en todos los países del estudio existían canales de ayuda públicos. Esto nos indica que el hecho de que un canal de ayuda exista no significa que la población lo conozca o lo use. En España, por ejemplo, contamos con varios números de ayuda destinados a la población infantil y a la atención frente a violencias, como el 116111 o el 900 202010, pero quizá o alcanzan tanta difusión como el 016 para víctimas de violencia de género. La labor que los medios de comunicación pueden hacer a este respecto es muy valiosa, acompañando sus reportajes sobre este tipo de investigaciones con los recursos de ayuda disponibles. 

Sobre la temporalidad del estudio y el papel de las familias 

El estudio se realizó pospandemia, lo que puede haber elevado el número de casos encontrados, ya que, al haber más uso de internet en aquel tiempo, es conocido que en todos los países se dispararon los casos de agresión cometida a través de internet. No obstante, la prevalencia y perfil señalado se alinea con otros estudios internacionales: tanto chicos como chicas son susceptibles de ser víctimas y los agresores acuden a los lugares virtuales que frecuentan los menores, como son las plataformas de gaming. Tal y como indican los autores, esto debe hacer pensar a los progenitores que, al igual que advierten de los peligros que puede haber en la calle cuando su adolescente comienza a salir de fiesta, también se debe advertir de los peligros del mundo virtual, un mundo que, además, forma parte diaria central de su actividad y cómo afrontarlos. Las familias que hablan abiertamente desde el respeto por la curiosidad sexual del adolescente y desde la ayuda, son las que más ayudan a sus hijos e hijas en prevención de violencia sexual online.   

Declara no tener conflicto de interés
ES

Garazi Álvarez - abusos online menores

Garazi Álvarez-Guerrero

Profesora ayudante doctora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la facultad de Educación y Deporte de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

Science Media Centre España

El estudio publicado en Nature sobre la mediación tecnológica en la explotación y el abuso sexual infantil en África y Asia se apoya en una base de datos muy amplia y representativa, con datos de encuestas de 11.912 menores de entre 12 y 17 años de 12 países de África y Asia. Este estudio nos aporta evidencias muy sólidas sobre un problema del que no se quiere hablar y del que investigaciones previas ya alertaban, y es que no hay el suficiente conocimiento de que suceda la violencia sexual digital contra menores. El estudio analiza cuántos niños, niñas y adolescentes sufren este tipo de abusos, incluyendo si consiguen pedir ayuda y qué barreras encuentran para hacerlo.  

El dato más preocupante es que uno de cada seis menores usuarios de internet sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología y que más de la mitad no se lo contó a nadie. Por otro lado, un dato que destacan las propias personas investigadoras del estudio es que los datos se recogieron antes del auge de la inteligencia artificial generativa, por lo que no reflejan algunas nuevas formas de abuso como los deepfakes sexuales. Si queremos ir a la raíz, estas serían las dinámicas sociales que hacen que se consuman materiales de explotación y abuso sexual infantil; solo de esa forma se lograría superar este problema.  

El mensaje que lanza este artículo es muy claro tanto a nivel internacional como en España: no basta con pedir a los menores que denuncien, sino que es fundamental que sepan dónde acudir, que existan canales de ayuda accesibles y seguros y que familias, escuelas, servicios sociales, fuerzas de seguridad y plataformas digitales trabajen de forma coordinada.  

En este sentido, es fundamental que se actúe en base a los principios internacionales como el upstander intervention, generando una red de apoyo a estas víctimas que las proteja y que les ayude a romper el silencio hacia los abusos. Por ejemplo, el Club de Valientes Violencia 0 es una de las Actuaciones de Éxito (AEE) que logra resultados y que está transformando el mundo protegiendo a la infancia desde las primeras edades. Romper el silencio es un paso que muy pocas víctimas se atreven a dar porque saben que existe una violencia aisladora que les revictimizará y que irá en contra de las personas que más les apoyan. Si queremos que las víctimas de cualquier tipo de abuso sean supervivientes es imprescindible respetar sus voces y que no se actúe nunca en contra de su voluntad. 

Declara no tener conflicto de interés
ES
Publicaciones
Technology mediation in child sexual exploitation and abuse in Africa and Asia
    • Artículo de investigación
    • Revisado por pares
Revista
Nature
27/05/2026
Autores

Sakshi Ghai et al.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisado por pares
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