Casi 1.200 millones de personas padecen trastornos de salud mental en todo el mundo
En 2023, 1.170 millones de personas sufrían un trastorno de salud mental, frente a los 599 millones de personas que los padecían en 1990, según un estudio global publicado en The Lancet. Las mujeres experimentaron tasas más elevadas de ansiedad y depresión, mientras que los trastornos del desarrollo neurológico y del comportamiento –como el TDAH o el autismo– son más comunes en los hombres. La mayor incidencia se observó entre los 15 y 19 años, lo que, según los autores, subraya la necesidad de una prevención temprana y un apoyo específico para este grupo de edad.
Jorge Aguado - salud mental mayo
Jorge Aguado
Psicólogo clínico en el Departamento de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Clínic e investigador IDIBAPS, Universidad de Barcelona
El artículo, publicado en The Lancet —una de las revistas médicas más influyentes—, forma parte del programa Global Burden of Disease (GBD), que compara el impacto de las enfermedades en todo el mundo. Su objetivo es estimar el peso real de los trastornos mentales y su evolución desde 1990, no solo en términos de cuántas personas los padecen, sino de cómo afectan a su vida. Para ello, integra datos de múltiples fuentes y utiliza indicadores como los años vividos con discapacidad (YLDs) y los años de vida ajustados por discapacidad (DALYs), ofreciendo una visión más completa de su impacto. Este enfoque es especialmente relevante en un contexto en el que la salud mental sigue estando infrafinanciada, pese a su gran repercusión social.
Los resultados muestran que la carga es muy elevada: en 2023 se estimaron 1,17 mil millones de casos y 171 millones de DALYs. Los trastornos mentales son la principal causa de discapacidad y la quinta causa de carga total de enfermedad a nivel global. La depresión y la ansiedad concentran gran parte del impacto, mientras que la esquizofrenia destaca por su gravedad. Además, se observa un aumento significativo en la adolescencia tardía y el inicio de la adultez, lo que subraya la importancia de la prevención y la intervención precoz.
No obstante, estos datos deben interpretarse con cautela. El aumento observado puede deberse a múltiples factores, como cambios demográficos, mayor detección o el impacto de la covid-19, y no necesariamente a un incremento real de casos. A ello se suman limitaciones metodológicas relevantes, como la falta de datos en algunos países, diferencias en la calidad de las fuentes y el uso predominante de información procedente de contextos de renta alta. Por tanto, aunque el estudio es clave para orientar políticas públicas, sus resultados deben contextualizarse antes de aplicarse a situaciones concretas.
Elisabet Domínguez - salud mental mayo
Elisabet Domínguez
Psicóloga y doctora en farmacología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) y coordinadora de la iniciativa Psychedelicare en España
¿La nota de prensa refleja el estudio con precisión?
“Los datos principales están bien reproducidos: los 1.170 millones de personas con un trastorno mental en 2023, el papel protagonista de la ansiedad y la depresión, las diferencias por sexo y edad, y la alerta sobre el bajo acceso a tratamiento. Hay, sin embargo, alguna simplificación que merece matizarse: la nota dice que los trastornos mentales representan “alrededor del 6 % de todos los DALYs”, lo cual es correcto, pero no menciona el dato quizá más llamativo del estudio: que en 1990 los trastornos mentales ocupaban el puesto 12 en la clasificación global de DALYs, y en 2023 han ascendido al puesto 5. Ese salto en el ranking es uno de los hallazgos más significativos y merece mención explícita. También queda fuera de la nota que los trastornos de ansiedad superaron en carga a la depresión por primera vez en 2023, en parte, porque se resuelven con menos frecuencia espontáneamente”.
¿El estudio es de buena calidad?
“Este es el análisis de carga de enfermedad más exhaustivo que existe a nivel global. El GBD 2023 cubre 204 países y territorios, incorporó más de 5.000 nuevos puntos de datos epidemiológicos y ha actualizado y mejorado sus herramientas estadísticas de modelización bayesiana con respecto a versiones anteriores. Las estimaciones incluyen intervalos de incertidumbre, lo que da transparencia sobre su fiabilidad. Es un trabajo de referencia internacional, con financiación independiente (Gates Foundation, Queensland Health y University of Queensland) y sin participación de los financiadores en el análisis o la interpretación”.
¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente?
“Refuerza y actualiza la evidencia previa. La última estimación comparable de los mismos autores era la de la GBD 2019 (publicada en 2022). Este nuevo análisis incorpora los efectos de la pandemia de covid-19, que disparó las tasas de depresión y ansiedad especialmente en 2020-2021. Confirma tendencias ya conocidas (mayor carga en mujeres adultas, mayor prevalencia de trastornos del neurodesarrollo en niños y adolescentes varones) y las cuantifica con mayor precisión. El hallazgo de que los trastornos mentales son ya la principal causa de años vividos con discapacidad (YLDs) a nivel mundial es coherente con lo que otras fuentes, como el Informe Mundial de Salud Mental de la OMS de 2022, venían señalando”.
¿Han tenido en cuenta los factores de confusión? ¿Hay limitaciones importantes?
“Los propios autores son muy transparentes sobre las limitaciones, lo que es una señal de rigor. Las más relevantes son:
- Cobertura geográfica desigual: 75 países (la mayoría de renta baja y media) carecen de datos propios, lo que obliga a extrapolar mediante modelos. Las estimaciones para esas regiones deben interpretarse con cautela.
- Datos mayoritariamente previos a la pandemia: la mayoría de las encuestas diagnósticas son de antes de 2019, lo que limita la capacidad de capturar tendencias recientes con precisión.
- Definiciones diagnósticas: el estudio se basa principalmente en criterios DSM-IV-TR, que no siempre se trasladan bien entre culturas. Muchos instrumentos de medida no han sido validados de forma transcultural.
- Trastornos por uso de sustancias excluidos: el análisis no incluye alcohol ni drogas, que coocurren frecuentemente con los trastornos mentales. Esto subestima la carga total que atienden los sistemas de salud mental.
- No captura toda la mortalidad atribuible: el suicidio se clasifica en otra categoría del GBD, por lo que el impacto letal de los trastornos mentales está infraestimado”.
¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real?
“Son muy significativas. El estudio muestra que los trastornos mentales son hoy la principal fuente de discapacidad en el mundo y que la brecha entre necesidad y tratamiento sigue siendo enorme: solo alrededor del 9 % de las personas con depresión o ansiedad reciben una atención mínimamente adecuada. En los países de renta baja, ese porcentaje puede ser inferior al 5 %. El pico de carga en los 15-19 años señala que las intervenciones tempranas (programas escolares, cribado en atención primaria, apoyo a familias) son indispensables. El hecho de que incluso países con sistemas sanitarios avanzados no hayan logrado reducir la carga indica que el problema no se resuelve solo con más recursos clínicos: hacen falta cambios sistémicos que aborden determinantes sociales como la violencia, la desigualdad o el aislamiento social.
El principal hallazgo de este estudio es la combinación de una carga creciente (con el pico en población adolescente) y una respuesta terapéutica insuficiente, donde apenas el 9 % de quienes tienen depresión recibe tratamiento adecuado. Los datos son una llamada de atención inequívoca a los gobiernos para que actúen con políticas de prevención temprana, atención adaptada a jóvenes y mujeres, y una inversión real y coordinada en salud mental.
Cuando los científicos hablan de ‘carga’ de una enfermedad no se refieren solo a cuánta gente la padece, sino a cuánto daño real provoca en la vida de las personas. Es una forma de medir el sufrimiento colectivo: cuántos años de vida sana se pierden porque alguien no puede trabajar, relacionarse o, simplemente, vivir con normalidad debido a su enfermedad. En el caso de los trastornos mentales, ese daño viene de vivir durante años o décadas con ansiedad permanente, con una depresión que impide levantarse por las mañanas o con una esquizofrenia que aísla completamente a quien la sufre. Este estudio muestra que los trastornos mentales son hoy la principal causa de discapacidad en el mundo (o lo que es lo mismo, que ninguna otra enfermedad limita más la vida cotidiana de tanta gente en el planeta, aunque no sea la que más mata directamente).
España destina menos del 7 % del presupuesto sanitario a salud mental y las listas de espera para acceder a un psicólogo o psiquiatra en la sanidad pública se cuentan en meses. Que solo uno de cada diez pacientes con depresión reciba tratamiento adecuado a nivel global no sorprende cuando en nuestro propio sistema la atención a la salud mental sigue siendo, en la práctica, un privilegio de quien puede pagarla”.
María Cantero-García - salud mental mayo
María Cantero-García
Profesora contratada doctora de Psicología
El nuevo análisis del GBD 2023 publicado en The Lancet ofrece una radiografía muy robusta de la salud mental global. La nota de prensa refleja fielmente los hallazgos clave: cerca de 1,17 mil millones de personas vivían con un trastorno mental en 2023, con aumentos especialmente marcados en ansiedad y depresión, y un impacto que ya supone el 6,1% de toda la carga de enfermedad y la primera causa de años vividos con discapacidad.
El estudio es metodológicamente sólido: integra más de 5.000 nuevos datos, aplica metarregresión bayesiana avanzada, actualiza definiciones diagnósticas y modela el efecto de la covid-19. Sus conclusiones están bien apoyadas por los datos y encajan con la evidencia acumulada de los últimos años.
Este tipo de análisis globales también presentan limitaciones que deben tenerse en cuenta al interpretar determinadas diferencias entre regiones o países. Persisten vacíos de datos en muchos países de ingresos bajos y medios, posibles sesgos por autoinforme y diferencias diagnósticas entre regiones, y es difícil capturar plenamente factores sociales complejos o la mortalidad indirecta asociada a los trastornos mentales. Los autores reconocen estas limitaciones y aplican correcciones de sesgo, pero siguen siendo importantes a la hora de interpretar tendencias finas entre países.
El estudio lanza un mensaje claro sobre la necesidad de actuar de manera más decidida. Estamos ante una crisis creciente y desigual. Las tasas más altas en mujeres y el pico de carga en la adolescencia exigen respuestas sensibles al género y a la edad, con prevención temprana, detección precoz en colegios y atención escalonada en primaria y comunidad.
Juan Ramón Barrada - salud mental mayo
Juan Ramón Barrada
Psicólogo del Área de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Zaragoza
Estudios de salud pública, de prevalencia, como este están cargados de pequeñas y grandes decisiones que tomar para poder obtener resultados globales desde investigaciones previas realizadas con métodos no siempre totalmente comparables. Uno puede leerlos pensando en qué tienen de malo (aproximación que no comparto) o en qué podemos obtener de ellos y qué garantías ofrecen los autores.
Respecto a lo que aprender, los datos son claros. Los problemas en salud mental son cada vez más comunes. Esto converge con resultados previos. Es otro punto más en un patrón claro desde hace tiempo, con la ventaja de ser el más actualizado y el que emplea las técnicas de análisis más finas en este momento. Estos incrementos no se presentan todos los trastornos, sino que se concentran en ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria o autismo. En la nota de prensa quizá se presenta el dato que presenta de forma más abultada este patrón: el cambio entre 1990 y 2023 en el total de personas a nivel mundial que viven con alguna condición de salud mental. Cuando se tiene en cuenta el cambio en el número de habitantes en la Tierra en estos más de treinta años y los cambios en, por ejemplo, distribución de las pirámides de edad, el aumento, eso sí, sigue siendo muy abultado.
El equipo investigador busca de forma muy clara tener en cuenta y neutralizar en la medida de lo posible lo que pudiera estar contaminando estos resultados. Detallan sus decisiones en la recogida de datos y análisis y las justifican. Si la pregunta es si el estudio carece de limitaciones, la respuesta aquí (y en casi cualquiera que podamos pensar) es que no; si la pregunta es si lo han hecho lo mejor que se podía con el material disponible y si hay razones para confiar en esas estimaciones, yo considero que sí.
Entre las limitaciones señalaría dos. Por un lado, una inherente a este tipo de investigación en salud mental. Una posible analogía sería intentar estimar cuántas personas altas (o bajas) hay en el mundo. La respuesta a esto es inseparable de dónde pongamos los umbrales y estos siempre van a tener algo de arbitrario. Algo similar pasa con salud mental. Por contra, si uno va a valorar defunciones, la duda de quiénes son calificadas como muertas o no es menor. Eso sí, los autores se mueven con los puntos de corte consensuados por la comunidad científica. Por otro lado, queda clara la necesidad de ampliar la investigación en este campo. Los intervalos de incertidumbre para algunos resultados concretos son relativamente amplios en algunos casos, reflejando que sería necesarias más datos para poder alcanzar estimaciones más afinadas.
La propia nota de prensa marca, de forma indirecta, por qué los trastornos de salud mental, pese a lo comunes que resultan y un patrón creciente, son problemas de salud pública relativamente desatendidos. Su presencia es mayor entre mujeres y menores de edad. Estos no son los colectivos que suelan guiar las políticas públicas. Lo que queda claro es que la idea de que los trastornos de salud mental 'no tienen que ver conmigo ni con nadie de mi entorno' es una idea, cada vez, con menos fundamento.
Luis Valero - lancet salud mental
Luis Valero Aguayo
Catedrático de Psicología
En principio este artículo es un gran artículo donde han colaborado una gran cantidad de investigadores y agencias de datos de todo el mundo, agrupados en la organización GBD. El resumen o nota de prensa refleja también los aspectos fundamentales del artículo. Hay que considerar que, aunque las cifras parecen muy exageradas, son realistas. Los cambios en estos 30 años que se comparan pueden deberse al aumento de las condiciones de vida, pero también a que ahora se diagnostican más y las personas acuden más a los servicios sanitarios y psicológicos. Lo primero es la supervivencia, después la salud mental. Pero estadísticamente reflejan bien los cambios en las últimas décadas y las diferencias entre hombres y mujeres, y entre diferentes zonas geográficas. También hay que destacar las tablas de datos, que permiten comparaciones, y que reflejan la media y el rango (desviación típica), puesto que puede haber muchas diferencias entre unos países y otros. Ellos los agrupan por grandes áreas, pero incluso así puede haber grandes diferencias entre un país y su vecino.
Lo bueno del artículo son los cálculos que han realizado sobre las cargas que representan estos problemas de salud mental, reflejadas en los parámetros de YLD (años estimados con discapacidad), YLD (años estimados menos de vida por discapacidad) y sobre todo DALY (años estimados menos de vida ajustados según discapacidad) puesto que algunos pueden suponer mayores suicidios o muertes prematuras. Esos parámetros permiten dar argumentos a los políticos de lo que se ahorrarían realmente si hubiera programas de prevención y una buena atención a la salud mental.
Solo una precaución, las cifras aparecen en la nomenclatura norteamericana, de forma que cuando hablan de 1,17 billones de personas, se trata realmente de 1.170.000.000 personas. Es decir, de los 8.396 millones que se estima la población mundial, 1.170 millones tendrían problemas de salud mental. Es decir, un 13,93 %. Presentada así, quizás no asuste tanto.
Hay que considerar también que los autores se han centrado en los problemas de salud mental fundamentales, los más graves, con lo que se quedan fuera otros muchos problemas que también acuden a los centros de salud y psicológicos.
Una recomendación para periodistas: cuando entresacáis datos de un artículo así, con cifras y por porcentajes de población, intentad aplicarlas a vuestro entorno, con algo cercano que se entienda. Por ejemplo, ¿cuántas personas con esos problemas (ansiedad, depresión, distimia, trastornos alimentarios, esquizofrenia, trastornos de conducta, etc.) se darían en Madrid capital? Pues 498.330 personas con problemas de salud mental. ¿Se atienden bien en Madrid? ¿Hay dispositivos? ¿Hay profesionales?
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
GBD 2023 Mental Disorder Collaborators
- Artículo de investigación
- Revisado por pares