Un estudio cuestiona que la plaga que sufrió Mallorca en 1820 fuese peste bubónica
El brote de peste que registraron las localidades mallorquinas de Son Servera y Capdepera en 1820, con una tasa global de letalidad del 78 %, ha sido considerado históricamente como un episodio de peste bubónica, una zoonosis que se adquiere normalmente por la picadura de una pulga infectada que portan animales como roedores. Ahora, un estudio publicado en la revista PNAS, que ha utilizado cientos de informes de la época, incluyendo recuentos diarios de fallecimientos, y modelos epidemiológicos, sugiere que la transmisión de la enfermedad no provenía exclusivamente de roedores infectados, sino que fue propagada entre humanos. Por tanto, según los autores, podría haberse tratado de la peste en sus formas neumónica o septicémica.
Nils Christian Stenseth - peste mallorca
Nils Christian Stenseth
¿Es un estudio de calidad? ¿Están las conclusiones respaldadas por datos sólidos?
“Me parece un estudio fascinante y de gran calidad. Es cierto que no han demostrado que se trate de peste neumónica, pero tienen razones de peso para suponerlo basándose en la modelización matemática. Es importante tener en cuenta que en el siglo XIX se desconocía la forma neumónica de la peste —esta forma de la enfermedad fue descubierta por primera vez en 1910 por el profesor chino Wu Lien-teh, un descubrimiento por el que fue nominado al Premio Nobel de Medicina y Fisiología (aunque, lamentablemente, no lo obtuvo)—.
Me parece interesante que documenten de forma bastante convincente que las ratas u otros roedores no pudieron haber participado en la propagación de la bacteria entre las personas. Por lo tanto, es probable que la propagación entre personas se produjera a través de gotículas y/o de ectoparásitos humanos, como las pulgas y los piojos. Esta es una parte importante del estudio, ya que muestra claramente que las ratas y otros roedores no pudieron haber formado parte de la propagación de la bacteria entre la población humana.
El estudio es importante porque demuestra que los registros de archivo pueden utilizarse para la modelización epidemiológica, lo que hace que los resultados sean más cuantitativos”.
¿Hay alguna limitación significativa que debamos tener en cuenta?
“La limitación es que no hay pruebas de peste neumónica, solo indicios (aunque bastante sólidos)”.
¿Qué implicaciones tienen estos resultados?
“La peste humana es la enfermedad infecciosa más devastadora de la historia; por ello, este estudio nos ayuda a comprender mejor nuestra historia como especie”.
Ruairidh Macleod - peste mallorca
Ruairidh Macleod
Si se menciona la peste, la mayoría de la gente piensa en las características clásicas de la peste negra: peste bubónica, transmitida por las picaduras de pulgas de ratas infectadas, que provoca inflamaciones dolorosas (bubones) que se vuelven negras y necróticas, lo que da nombre a la enfermedad. Pero, en realidad, esta es solo una de las formas en que la bacteria de la peste puede infectar a los seres humanos. En el caso de la peste septicémica, la bacteria entra directamente en el torrente sanguíneo a través de lesiones que rompen la piel y provoca una grave infección multiorgánica que, si no se trata, conduce rápidamente a la muerte. En el caso de la peste neumónica, la bacteria se transmite por el aire al toser e infecta agresivamente los pulmones de las víctimas que la inhalan, lo que también conduce rápidamente a la muerte.
La peste neumónica representa la mayor amenaza para la salud pública: es la única forma conocida que se propaga rápidamente de persona a persona, y en 1910-1911 un brote mató a unas 60.000 personas en China. Los brotes, mejor controlados en la última década, han seguido causando la muerte de decenas de personas. Tanto la peste septicémica como la neumónica tienen una tasa de mortalidad más elevada (de hasta el 100 %) que la peste bubónica (30-60 %). Aunque la peste negra se considera generalmente como una peste bubónica, algunos historiadores y científicos han argumentado recientemente que otras formas de infección por peste (la neumónica en particular) podrían haber contribuido al altísimo número de víctimas mortales que causó la enfermedad a lo largo de la historia.
Los brotes históricos de enfermedades pueden proporcionarnos información vital sobre la dinámica de transmisión y la patogenicidad de las enfermedades infecciosas, revelando cómo estas pueden evolucionar y cambiar a lo largo de escalas temporales mucho más amplias de lo que nos permiten apreciar los registros modernos. Lamentablemente, disponemos de registros extremadamente limitados sobre los casos de peste durante la segunda pandemia, cuando la enfermedad era endémica en Eurasia entre los siglos XIV y XIX.
Un nuevo descubrimiento y análisis de un registro extraordinariamente detallado de los casos durante el brote de peste de 1820 en Mallorca muestra que este brote no se ajusta a lo que cabría esperar de una peste bubónica transmitida por ratas. Utilizando métodos rigurosos propios de la modelización moderna de brotes de enfermedades, los autores concluyen que, por el contrario, la elevada tasa de mortalidad (78 %) y el breve periodo de contagio entre las víctimas implican que las responsables fueron la peste neumónica o la septicémica. Una vez que los primeros casos llegaron a través de marineros infectados, la enfermedad parece haberse propagado bien por la tos (peste neumónica), bien como peste septicémica transmitida por las picaduras de parásitos humanos como los piojos del cuerpo (en lugar de las picaduras de pulgas de roedores, que causan la peste bubónica). Esto supone un importante desafío para la hipótesis de que las epidemias de aquella época estuvieran impulsadas y se mantuvieran por infecciones continuas procedentes de roedores, como la peste bubónica.
Estos hallazgos también resultan interesantes dado el nivel de modelización estadística que puede aplicarse a estos datos, lo que muestra cómo esta epidemia se vio condicionada por la respuesta de los seres humanos a la enfermedad, y que la situación socioeconómica fue, probablemente, un factor determinante a la hora de contraer la infección (lo que explicaría, por ejemplo, por qué también murieron tantos niños por encima de la tasa esperada).
Pere Salas - peste Mallorca
Pere Salas-Vives
El trabajo constituye una aportación relevante al estudio de la peste y, especialmente, del brote epidémico que afectó al levante mallorquín en 1820, concretamente, a las localidades de Son Servera, Capdepera, Artà y Sant Llorenç, aunque los autores solamente estudian las dos primeras.
Mediante la combinación de una rigurosa explotación de las fuentes históricas y de la modelización matemática, los autores cuestionan la interpretación clásica que atribuye un papel central (o determinante) a los roedores en la dinámica de transmisión de la enfermedad, que daría lugar a la forma bubónica. Sus resultados sugieren que la propagación interpersonal, ya fuese la caracterizada como neumónica o mediante ectoparásitos humanos, pudo desempeñar un papel mucho más importante de lo tradicionalmente aceptado, especialmente en este caso. De ahí que muchos de los afectados no llegasen a presentar bubones (y, al mismo tiempo, confundiese a los médicos de la época sobre la definición de la enfermedad).
De este modo, el artículo se sitúa en el debate historiográfico abierto por autores como Ole J. Benedictow, sobre la ponderación de los mecanismos de difusión de la peste en Europa. Asimismo, ofrece una explicación convincente de la elevadísima mortalidad registrada durante la epidemia mallorquina y aporta nuevos argumentos para comprender la eficacia de las medidas de aislamiento y contención, adoptadas por las autoridades sanitarias de la época siguiendo los preceptos de la medicina contagionista.
Adrian Aginagalde - peste
Adrian Hugo Aginagalde
Portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud pública y Gestión sanitaria (SEMPSPGS) y Profesor asociado de Salud Pública de la Universidad de Deusto
Este trabajo propone que el último brote de peste conocido en España (dentro de la segunda pandemia) se debió principalmente a peste septicémica y neumónica (de transmisión de persona a persona). Los investigadores recurren para ello al análisis matemático de la dinámica de la enfermedad y a las fuentes históricas.
Sustentan su investigación en dos preguntas: ¿el ciclo clásico rata-pulga-humano explica por sí solo la introducción, velocidad y síntomas descritos? ¿La transmisión se dio principalmente de los ectoparásitos de los roedores a humanos o fue la transmisión de persona a persona (ectoparásitos y gotas) la que dominó?
Los autores proponen que la entrada se produjo a través de un barco de contrabando y estiman una letalidad (CFR: 78 %) y una duración del periodo infeccioso (alfa) de 2,05 a 2,86 días.
La identificación paleomicrobiológica puede en ocasiones establecer la presencia de un patógeno, pero no identificar el mecanismo de transmisión ni la forma de una enfermedad. Además, en muchas ocasiones, resulta totalmente imposible o su interpretación resulta complicada por problemas de contaminación, coidentificación de otros microorganismos, no preservación del patógeno causal, pero sí de otros microorganismos comensales, etc.
En cambio, los parámetros epidemiológicos como el periodo infeccioso, la letalidad o el R0 permiten delimitar los mecanismos de transmisión a través de la dinámica de la epidemia. El periodo infeccioso es muy corto en ese caso, la CFR altísima y R0 similar a otros brotes caracterizados en la literatura. Estos mecanismos son específicos de cada patógeno o forma de la enfermedad. No permiten hacer un retrodiagnóstico por sí solos, pero sí ayudan a discriminar las posibles causas, especialmente cuando hay convergencia con las fuentes históricas (alta letalidad, rápida propagación, patrón de transmisión entre contactos de casos, casos sin bubones en la descripción clínica, etc.). Aun así, hay que matizar que las fuentes históricas utilizadas por los autores no parecen encontrar la clínica respiratoria típica de la peste neumónica que hemos podido conocer mejor en las últimas epidemias del siglo XXI.
Esta investigación aporta evidencias sobre una forma mal conocida de la peste en España, permite reconstruir su dinámica de transmisión desde una introducción marítima y se integra en la corriente que intenta dilucidar el papel de la transmisión persona a persona en algunas de las epidemias mal conocidas de la segunda pandemia de peste.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
Puig et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares