Una investigación denuncia la muerte ocultada de una niña en China tras administrarle una terapia génica experimental

En 2025, la niña china Mei (nombre falso), de seis años, fue la primera persona del mundo en recibir una terapia de edición genética dirigida al cerebro. Tenía un retraso del desarrollo asociado con un síndrome genético raro, el de Snijders-Blok-Campeau. Su madre y su padre, según cuenta Science, habían reunido 860.000 dólares para pagar, en parte, esa terapia en el Hospital Xinhua de Shanghái (China), liderada por Zilong Qiu, uno de los neurocientíficos que compiten por aplicar los editores de bases —una versión de CRISPR— en niños con enfermedades raras. Ahora, Science y Retraction Watch revelan en exclusiva que Mei murió por una reacción inmunitaria grave siete días después de recibir el tratamiento, una historia que se había ocultado. La ficha en clinicaltrials.gov no se actualiza desde 2025; y cuando Qiu y su equipo publicaron a principios de 2026 en la revista Nature estudios en animales relacionados con el ensayo, según la investigación periodística, obviaron toda referencia a Mei y su familia.

Reacciones

Gemma Marfany - terapia génica china

Gemma Marfany

Catedrática de Genética de la Universitat de Barcelona (UB) y miembro de CIBERER, IBUB-IRSJD

Science Media Centre España

Las estrategias de terapia génica para enfermedades muy raras con grave afectación neurológica está atrayendo la atención de muchos investigadores, particularmente, la llamada terapia n=1, es decir, dirigida a un único paciente. Tras el éxito de la curación de un bebé en Estados Unidos en 2025, tras recibir una terapia única en el hígado para una enfermedad metabólica gravísima, China no quiere quedarse atrás. En este caso, el artículo científico original se pudo llevar a cabo gracias a la inversión privada de una familia china con una hija afectada, que pagó el equivalente de cerca de 800.000 dólares para desarrollar una terapia basada el sistema CRISPR con un editor de bases, entregado vía intratecal (en el líquido cefalorraquídeo) con virus adenoasociados. Desgraciadamente, la dosis vírica fue tan elevada que causó la muerte de la paciente por una respuesta inflamatoria exacerbada.

Este caso sobrepasa la desgracia humana o la mala suerte, ya que existen numerosos indicios de mala praxis científica y bioética. Aunque el tratamiento en ratones con un virus distinto parece haber sido efectivo (aunque hay científicos que lo discuten), para tratar humanos se tenía que cambiar el virus, y los ensayos en cuatro primates mostraron grave afectación de hígado y riñón, lo que enciende una alarma roja, puesto que una terapia debe ser, ante todo, segura. Sin embargo, estos resultados no fueron comunicados a los padres antes de tratar a su hija (limitando su capacidad de decisión) y han sido eliminados de la publicación, así como también se ha eliminado cualquier referencia a la financiación de la familia, cómo se seleccionó la mutación y que se trató a una paciente que murió. De forma similar a lo que sucedió en el caso de las niñas tratadas por He Jiankiu en 2018, la premura por ser los primeros en publicar una terapia innovadora ha hecho que los investigadores se saltaran los principios bioéticos más básicos. Además, con una clara falta de transparencia, las autoridades chinas han mantenido el secreto y obviado las quejas bien fundamentadas de los padres afectados. El gobierno chino prima la innovación biomédica, que se ve ampliamente recompensada, y tiene una regulación más laxa para terapias génicas comparada con la regulación europea o de Estados Unidos. La revista Nature, donde se publicó la investigación en ratones, está considerando si la publicación ha seguido los estándares bioéticos requeridos.

La terapia génica ha sido siempre la esperanza de muchos pacientes con enfermedades genéticas minoritarias, pero conlleva riesgos, particularmente, con el uso de virus que pueden causar una respuesta inmunitaria exacerbada. El diseño es experimental y, por ello, no basta con una aproximación técnica y científica excelente, sino también respetar los principios bioéticos de forma impecable, para asegurar cada paso y evitar el efecto rebote de desconfianza que genera en la sociedad.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Marc Güell - terapia génica china

Marc Güell

Coordinador del grupo de investigación en Biología Sintética Traslacional y profesor de investigación ICREA en la Universidad Pompeu Fabra (UPF)

Science Media Centre España

Noticia durísima. La verdad es que estamos todavía aprendiendo el balance entre el optimismo y la cautela. Estas nuevas medicinas de precisión genómica nos permiten transformar sueños en realidad, pero todavía la experiencia es limitada. En cualquier caso, es imprescindible más que nunca en esta ciencia de frontera siempre transparencia máxima, para asegurar la mejor decisión presente y para sentar bases sólidas para el futuro. 

 

No declara conflicto de interés
ES

Lluís Montoliu - terapia génica china

Lluís Montoliu

Investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y en el CIBERER-ISCIII

Science Media Centre España

Hace algo más de un año conocimos el caso de un niño nacido con un trastorno metabólico muy grave (una deficiencia en una enzima clave en el ciclo de la urea, llamada carbamil fosfato sintetasa 1, absolutamente necesaria para eliminar el amonio del cuerpo y detoxificarlo) que fue tratado en sus primeros meses de vida con una terapia experimental basada en editores de base CRISPR y consiguió sobrevivir, logrando evitar la muerte segura a la que se encaminaba, como la de cualquier otro niño nacido con mutaciones similares en el mismo gen.

No siempre las apuestas terapéuticas de un solo paciente terminan con éxito. A finales de 2022 conocimos el caso de un chico en EEUU con distrofia muscular de Duchenne en estadios avanzados que recibió un tratamiento experimental, tras obtener la aprobación por uso compasivo de la agencia reguladora FDA. La terapia estaba basada en el uso de una variante de las herramientas CRISPR llamada edición epigenética, para reactivar el gen mutado de la distrofina a partir de otras secuencias reguladoras. El tratamiento lo llevó a cabo la empresa Cure Rare Disease, cuyo CEO era el hermano del paciente con Duchenne, lo cual ya suscitaba un conflicto de interés subyacente. Se le inyectó tal cantidad de virus portadores de las herramientas CRISPR (a partir de las cantidades inyectadas en ratones) que su sistema inmunitario fue incapaz de gestionarlo y falleció a los pocos días, en parte debido a una predisposición desconocida que tenía este paciente y que le abocaba al fallo inmunológico.

Esta semana hemos conocido, a través de una exclusiva en la revista Science, el caso de una niña china afectada, de forma leve, por un síndrome neurológico asociado a retraso cognitivo y autismo. Esta paciente, a pesar de no tener una forma grave de la enfermedad, fue igualmente tratada con un procedimiento experimental no suficientemente validado ni probado en las etapas preclínicas que ha terminado con la muerte de la paciente a los pocos días de recibir el tratamiento, cuyo coste importante fue sufragado por la familia. De nuevo un tratamiento de una sola paciente con consecuencias fatales. En este caso la paciente recibió una infusión en la médula espinal de una cantidad enorme de virus portadores de un editor de bases CRISPR encaminado a corregir una letra del gen afectado de expresión cerebral. Los investigadores habían publicado anteriormente ensayos preclínicos en animales (ratones y primates no humanos) en los que ya aparecían fallos hepáticos y renales, que recomendaban revisar el procedimiento antes de proceder con seres humanos. Los investigadores optaron por ignorar estas alertas preclínicas y decidieron continuar con el experimento, que ha terminado con la trágica muerte de la niña.

Las terapias experimentales de un solo paciente suelen alcanzar grandes titulares en los medios y abrir telediarios. Cuando funcionan. Son procedimientos terapéuticos arriesgados, todavía no aprobados formalmente, en los que se evalúa la seguridad y eficacia de los nuevos tratamientos propuestos en un solo paciente, en ausencia de cualquier otra cura. Ahora bien, si algo va mal no solemos enterarnos, a no ser que las consecuencias sean fatales para el paciente y la noticia escale de nuevo a titulares por el perjuicio causado. Estas terapias de un solo paciente tienen un margen de interpretación muy pequeño. Solo podemos congratularnos cuando funcionan como se esperaba. Pero, cuando no responden a las expectativas, generan más dudas que certidumbres, al no poder comparar con ningún caso control ni tener posibilidad de comparar los resultados de diferentes dosis o diferentes vías de administración. Y, cuando acaban en la muerte del paciente tratado, todavía generan más preguntas y la desazón de los familiares y de la comunidad científica y médica.

Éticamente también suscitan un debate que no se puede obviar, al decidir poner ingentes recursos para el rescate de la vida de un solo paciente, quedando otros pacientes con la misma enfermedad excluidos de los potenciales beneficios de esta propuesta terapéutica. Objetivamente, siempre será mejor organizar un ensayo clínico con todos sus requisitos, fases bien establecidas y formalidades para poder evaluar la seguridad y eficacia de un medicamento o terapia experimental en una cohorte de pacientes, más que rifarlo todo al posible éxito en un solo paciente. Y tampoco podemos obviar o no tener en cuenta los problemas que aparecen en las fases preclínicas del desarrollo de una terapia, en modelos animales, que precisamente se deben incluir para anticipar posibles problemas mayores en los pacientes. Estas fases preclínicas son indispensables, y deben acometerse e interpretarse adecuadamente. No hay atajos en el desarrollo de terapias.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Santiago Restrepo - terapia génica niña china

Santiago Restrepo Castillo

Investigador posdoctoral en el Centro de Enfermedades Raras de la facultad de Medicina Dell de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos)

Science Media Centre España

La trágica historia de Mei es una historia de abuso de autoridad, confianza y esperanza. Mei sufría de Síndrome de Snijders Blok-Campeau, una enfermedad ultrarrara ocasionada por una mutación en el gen CHD3, la cual afecta el neurodesarrollo en pacientes pediátricos. Los padres de Mei, preocupados por su futuro, esperanzadamente buscaron soluciones para la enfermedad de su única hija. En su búsqueda, llenos de confianza y optimismo, decidieron poner la vida de Mei en manos de Zilong Qiu, un experto en trastornos del neurodesarrollo con un hoja de vida impecable, llena de títulos y logros brillantes (como publicaciones en revistas científicas de élite y posiciones en instituciones de primer nivel). Sin embargo, Qiu fue cegado por su ambición y deseos de gloria.

Los padres de Mei, Jason y Linda, pagaron cientos de miles de dólares para financiar el desarrollo de una terapia génica para su hija. En ocasiones, ciertos pagos ocurrieron por medio de arreglos informales y en la forma de regalos personales a Qiu, cruzando así una línea entre lo personal y lo profesional, la cual Qiu debería haber tenido el raciocinio y claridad moral de no difuminar. Eventualmente, después de exorbitantes cantidades de dinero y promesas excesivas por parte de Qiu a Jason y Linda, Mei recibió una inyección de la 'terapia' génica en su fluido espinal, en una dosis que excedía el rango respaldado por los datos preclínicos disponibles. Menos de una semana después de la inyección, tras desarrollar fiebre y signos de insuficiencia renal aguda, Mei murió de microangiopatía trombótica, un evento adverso serio ocasionado por el tratamiento experimental. En shock, Jason y Linda le pidieron a Qiu que no publicara el estudio detallando el desarrollo del tratamiento experimental que ocasionó la muerte de su hija.

A día de hoy, el artículo en cuestión que fue publicado en la prestigiosa revista Nature el 18 de febrero del 2026, sigue disponible, acumulando accesos y citaciones, ofreciendo así una imagen incompleta de la seguridad del tratamiento experimental. Además, Qiu decidió eliminar cualquier mención de Mei y sus padres del estudio, incluyendo la financiación que estos proveyeron. Más aún, habiendo obtenido lo que quería, un llamativo artículo en Nature, Qiu dejó de responderles a Jason y Linda. Desafortunadamente, aún no está claro cuáles serán las repercusiones para Qiu. Sin embargo, es evidente que el caso de Mei merece más atención de la que ha recibido. Asimismo, supervisión y salvaguardas más estringentes deben ser exigidas para el desarrollo de terapias génicas en China, para evitar así que más investigadores cegados por su ambición se aprovechen de la esperanza de padres como Jason y Linda.

Para celebrar el primer cumpleaños de Mei desde su muerte, mientras Jason trabajaba, Linda compró un cupcake de chocolate y se sentó en la cama de su hija, imaginando que compartía el cupcake con ella.

Declara no tener conflicto de interés
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Publicaciones
    • Artículo de investigación
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    • Artículo de investigación
Revista
Science
Autores

Brendan Borrell, Retraction Watch.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
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