Universidad de Murcia
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Jefa del grupo Ritmo Circadiano y Cáncer en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla y vicedecana de la facultad de Biología en la Universidad de Murcia
Profesor de Inmunología
Profesor titular en el Área de Toxicología de la facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia
Jefe del Servicio de Cardiología en el Hospital Virgen de la Arrixaca y catedrático de la Universidad de Murcia
Catedrático de Fisiología e investigador en la facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia
Profesor titular del área de Música de la facultad de Educación de la Universidad de Murcia y director de la Revista de Investigación sobre Flamenco La Madrugá
Catedrático de Fisiología y director del Laboratorio de Cronobiología en Universidad de Murcia
Catedrática en el departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia
Profesora titular del departamento de Didáctica y Organización Escolar, y miembro del grupo de investigación de Tecnología Educativa
Profesor de Toxicología en el departamento de Ciencias Sociosanitarias de la Universidad de Murcia
El envejecimiento se asocia con un aumento de la inflamación crónica, un fenómeno conocido como inflammaging que se relaciona con diferentes enfermedades y que se consideraba universal. Ahora, un equipo internacional ha analizado datos de 19 proteínas asociadas a la inflamación en cuatro poblaciones diferentes: dos industrializadas (de Italia y Singapur) y dos no industrializadas (la población Tsimane de la Amazonia boliviana y la población Orang Asli de Malasia). Los resultados muestran que, al menos según esta forma de medición, en las poblaciones no industrializadas no hay un aumento de la inflamación con la edad, lo que cuestiona que sea un imperativo biológico e indica que dependería de estilos de vida y factores sociales y culturales. El trabajo se publica en formato de carta (letter) en Nature Aging.
Un modelo ha analizado la concentración de mercurio en los ríos del mundo desde 1850 hasta la actualidad. Sus resultados, publicados en Science Advances, concluyen que los niveles se han duplicado e incluso triplicado desde la Revolución Industrial: antes de 1850, los ríos transportaban aproximadamente 390 toneladas métricas de mercurio a los océanos cada año y en la actualidad, esa cifra ha aumentado a unas 1.000 toneladas métricas. Según los autores, estos resultados tienen implicaciones para la salud humana y la fauna, ya que los compuestos de mercurio son neurotóxicos, pueden acumularse en los peces y suponer un riesgo para la salud a través del consumo.
La exposición al plomo en niños y niñas puede afectar a su neurodesarrollo. En Estados Unidos, en 2021 se bajó el límite máximo de la concentración de este metal en sangre a 3,5 μg/dL (microgramos por decilitro), cuando hasta 2012 era de 10 μg/dL. Ahora, un estudio ha analizado los datos de más de 300.000 menores de Iowa y ha encontrado una asociación entre mayores concentraciones y un peor rendimiento escolar en lectura y matemáticas, incluso por debajo del límite de 3,5 μg/dL, por lo que la investigación plantea reconsiderar esta cifra. Los resultados se publican en la revista JAMA Network Open.
Hasta 1.400 millones de personas estarían viviendo en zonas con suelos contaminados por metales pesados como el arsénico, el cadmio, el cobalto, el cromo, el cobre, el níquel y el plomo, según una investigación publicada en Science. El trabajo, que ha utilizado datos de más de 1.000 estudios, calcula que entre el 14 y el 17 % de las tierras de cultivo de todo el mundo podrían estar contaminadas por, al menos, un metal tóxico. El cadmio es el más extendido, especialmente en el sur y el este de Asia, zonas de Oriente Medio y África.
El uso de pantallas por niñas y niños pequeños tiene una correlación negativa con sus habilidades lingüísticas, según un estudio publicado en PLoS ONE. Sin embargo, que incluyan contenidos educativos y usar estos dispositivos en compañía de adultos muestran una asociación positiva con este tipo de habilitades. La investigación contó con cerca de 1.900 menores de entre uno y cuatro años de 19 países de América Latina.
La inflamación está de moda. En realidad, las dietas antiinflamatorias que dicen combatirla. Así lo certifican libros superventas e influencers, prestos a darnos los últimos trucos para adelgazar o, mejor dicho, desinflamarnos. Pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué tiene que ver la inflamación con el sobrepeso?
Un equipo internacional de investigadores ha analizado diversas fuentes de datos y literatura científica y ha identificado en muestras humanas como sangre, orina o leche materna 3.601 sustancias químicas que se sabe que pueden estar en contacto con alimentos, por ejemplo, por usarse en envases. Según los autores del estudio, “este trabajo pone de manifiesto que los materiales en contacto con alimentos no son totalmente seguros, aunque cumplan la normativa, porque transfieren sustancias conocidas a los alimentos”. La investigación se publica en Journal of Exposure Science and Environmental Epidemiology.
Un trabajo publicado en Nature en el que han participado investigadores de la Universidad de Valencia ha identificado una ruta de migración de neuronas que se inicia en el feto hacia la mitad de la gestación y que se mantiene hasta entre los dos y los tres años de edad. La ruta se extiende desde el ventrículo lateral, donde nacen dichas células, hasta la corteza entorrinal, un área relacionada con las regiones donde se consolidan la memoria y el aprendizaje. Allí las neuronas permanecen a la espera de señales que les induzcan a madurar, aportando plasticidad al cerebro tras el nacimiento.
La concentración de mercurio en el atún se ha mantenido estable entre 1971 y 2022, aunque se hayan reducido las emisiones de este metal por actividades humanas en el mismo periodo, según afirma un estudio. Se requieren objetivos de reducción de emisiones “agresivos” para conseguir un descenso medible de las concentraciones de este contaminante tóxico para el consumo humano, escriben los autores en la revista Environmental Science & Technology Letters. El Convenio de Minimata sobre el Mercurio, un tratado mundial que entró en vigor en 2017, prohíbe nuevas minas de mercurio y contempla la reducción de su uso, pero el mercurio ya se acumuló en el océano “durante siglos”, dice el artículo.
Los metales pesados –incluidos el arsénico, el cadmio y el mercurio– podrían afectar negativamente a los ovarios de mujeres que se acercan a la menopausia, según afirma un estudio. Aquellas con altos niveles de metales en su orina presentaban niveles más bajos de la hormona antimülleriana, lo que indica una reserva ovárica disminuida –menor cantidad de ovocitos en los ovarios en comparación con otras mujeres de esa edad–. Los autores, cuyo estudio se publica en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, usaron datos de orina de más de 500 mujeres en Estados Unidos hasta 10 años antes de su último período menstrual.